Releo, con cierta dificultad, La montaña mágica, de Thomas Mann, intrigado por redescubrir el impacto que tuve en la adolescencia con su lectura. Sus personajes, ahora, me resultan extraños. Settembrini me impresiona lleno de lugares comunes, Hans demasiado infantil y los demás personajes bordeando la caricatura. Insisto, sin embargo, en la lectura de algunas páginas antes de dormir, esperando que el reencantamiento aparezca después de la página 288, pero algo rechina. Mann pone en boca de uno de sus personajes el mito de Sísifo, pero lo atribuye a Tántalo. Dejo pasar el pasaje con una duda sobrepasada por el peso intelectual de Mann pero que finalmente me hace revisar el tema, y efectivamente, las rocas son diferentes, la de Tántalo es una lápida que lo mantiene atrapado en su encierro, la de Sísifo es la que es empujada eternamente cuesta arriba, tal como la describe Mann. Extrañamente, data de fecha contemporánea mi interés por Camus, y el Mito de Sísifo fue uno de sus escritos que releí una y otra vez, interpretándolo como una alegoría de la vida con conciencia de estarla viviendo, con las inseguridades de la juventud y tal vez con el consuelo de saber que la sensación de futilidad también había preocupado a los griegos. Una sensación de futilidad que vuelve, con demasiada frecuencia, con los baches del camino.
Mann no debió equivocarse en algo tan esencial.
O tal vez deba aplicarme. el consejo que más de alguna vez repetí a mis hijos: "Nunca hay que volver a los lugares donde se fue feliz"
martes, 22 de abril de 2014
lunes, 21 de abril de 2014
El verdadero origen de la violencia
En diciembre de 1997, la antropóloga y comunicadora mexicana
Rossana Reguillo escribió en la revista latinoamericana Chasqui acerca de la multidimensionalidad de las violencias que han estallado en este
último tramo hacia el tercer milenio.
Tres cuestiones se ponen en juego en el texto de Reguillo.
En primer lugar, la “multidimensionalidad” de la violencia. No hay una sola
causa, ni un solo tipo de victimarios. No hay una sola violencia. Hay
violencias, en plural. Todas ellas son el resultado de las complejas
consecuencias de la sociedad capitalista en la que vivimos. La misma que genera
enormes conglomerados urbanos, facilita las condiciones para el narcotráfico,
genera exclusión y, sobre todo, profundiza la brecha de la desigualdad social entre
quienes mucho tienen y quienes carecen de casi todo. Hay múltiples violencias.
Las que ejercen aquellos que rapiñan en la calle, pero también –y más
gravemente– la de quienes estafan, mantienen trabajadores “en negro”,
especulan, no pagan impuestos o participan, directa o indirectamente, de actos
de corrupción. Hablar de la “inseguridad” como una única realidad para cobijar
bajo un mismo título hechos muy diversos, al tiempo que se estigmatiza a
algunos y se encubre a otros es, por lo menos, una falta de honestidad. Desde
el periodismo, un atentado a la ética.
Aunque a algún lector le pueda sonar a discurso antiguo o
pasado de moda, no hay que perder de vista que la sociedad capitalista se ha
encargado de fomentar el individualismo por encima de la cooperación, el
egoísmo por sobre la solidaridad. La crisis de las instituciones políticas es
también el resultado del deterioro de las relaciones humanas, de pensar la
política únicamente como intereses propios, mientras se desatienden las
necesidades del otro. La política es genuina sólo cuando es el arte de
conciliar intereses (de todos y todas) con necesidades (también de todos y
todas) y con el objetivo de la dignidad apoyada en derechos. Sin dejar de mirar
los efectos, los síntomas, hay que tener puestos los cinco sentidos en las
causas profundas. Lo otro es hacerle el juego a quienes buscan sembrar
inseguridad para acrecentar los propios réditos, sin importar las
consecuencias.
Extracto de http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-244567-2014-04-21.html
El presidente de Ecuador, Rafael Correa, al agradecer el título honoris causa que le otorgó la Universidad de Barcelona, advirtió:
“Veo con preocupación y pena que aquí se están cometiendo los mismos errores que llevaron a mi país a la crisis. La solución es un problema político, de quién manda, si las elites o las mayorías. Vencer la pobreza es el imperativo moral de la humanidad, porque por primera vez no es fruto de la escasez de recursos, sino de sistemas excluyentes.”
Notable.
El presidente de Ecuador, Rafael Correa, al agradecer el título honoris causa que le otorgó la Universidad de Barcelona, advirtió:
“Veo con preocupación y pena que aquí se están cometiendo los mismos errores que llevaron a mi país a la crisis. La solución es un problema político, de quién manda, si las elites o las mayorías. Vencer la pobreza es el imperativo moral de la humanidad, porque por primera vez no es fruto de la escasez de recursos, sino de sistemas excluyentes.”
Notable.
domingo, 13 de abril de 2014
Hay naufragios que no necesitan agua.
Hay restos de un naufragio que no son propios de un
barco los cuerpos quedan enteros aunque por dentro están esparcidos en trozos difíciles y extraños de
reconocer hasta para el propio dueño empapado hasta los huesos aunque vaya seco en
los naufragios las digestiones están
truncadas un dolor de vientre sólo se aguanta y se disfruta el descanso entre contracción y contracción como pausa en un bombardeo como silencio en una fábrica de embalaje se
cree en la paz porque se siente por segundos pero se sabe que nunca es para quedarse los salvavidas son relativos a cada
ocasión un torso desconocido una conversación una canción... así llegas a
la isla desierta donde vives te llevas a ti mismo y con eso ya haces más que bastante porque
no sabes ni cómo lo has conseguido y
cada día al levantarte estás un poco en guardia porque sabes que en cualquier momento vas
a volver a naufragar y aun así sigues
dándote a la mar.
Extracto del texto
original de Gloria March. http://trestristestextos.blogspot.com/
lunes, 24 de febrero de 2014
Tiempos pasados, no olvidados.
http://www.laverdadyotrasmentiras.com/medicina/la-mirada-de-los-otros/
Hay una medicina que se ejerce en los salones de los hoteles five stars, en los journals y en las academias. Es interesantísima, deslumbrante, te come la cabeza. Está llena de gente valiosa e inteligente, pero también está infectada de fanfarrones y egomaníacos. Es una medicina para médicos, endogámica, una isla paradisíaca donde el sufrimiento, el dolor o la muerte nunca salen del Power Point. Es seductora y mentirosa, huele a perfume de free shop. Es falsa como el espejo de la madrastra de Cenicienta.
Hay una medicina que se ejerce en los salones de los hoteles five stars, en los journals y en las academias. Es interesantísima, deslumbrante, te come la cabeza. Está llena de gente valiosa e inteligente, pero también está infectada de fanfarrones y egomaníacos. Es una medicina para médicos, endogámica, una isla paradisíaca donde el sufrimiento, el dolor o la muerte nunca salen del Power Point. Es seductora y mentirosa, huele a perfume de free shop. Es falsa como el espejo de la madrastra de Cenicienta.
Pero también está la gente…
La mujer que te mira con sus
enormes ojos azules y te pide aire, aire, aire… El hombre que se toma el pecho
y cierra la mano como una garra sobre el esternón, te pregunta con la
mirada si eso es la muerte. La madre que te pone sobre los brazos a su hija empapada
en sudor sacudiéndose en medio de una convulsión, te grita, sin pronunciar ni
una palabra, con la boca apretada y las manos crispadas, que tú sabes, que tú
puedes, que eres Dios y que por eso te
la entrega.
Una viejita esquelética abandonada en la cama del hospital a la que
nadie nunca vino a ver, te mira. Te pide que le tomes la mano, que la toques, porque
morir sin otra piel que roce la suya es inhumano, es indigno, miserable. Y tú
le aprietas fuerte los dedos flacos y
huesudos. Y esperas a que la muerte se
la lleve en paz.
El viejo que te pregunta si sus hijos están afuera, se queda
esperando tu respuesta con sus ojos clavados en los tuyos. Tú dudas. Y le dices
que sí, que pasaron toda la noche en vela, que están preocupados, que lo
deben querer mucho por la forma en que preguntaban por él. Que más tarde los
dejarás pasar aunque sea un ratito. Pero afuera no hay nadie, nunca
hubo nadie.
Después viene la secretaria y te
exige que completes un certificado. Te apura para que hagas las epicrisis
pendientes. Más tarde entregas la guardia y te vas a tu casa.
La calle te resulta extraña,
inhóspita. Has perdido los códigos de convivencia. No entiendes ninguna de las preocupaciones de la gente. Ni
sus tristezas ni sus alegrías. El mundo está cubierto de un velo opaco, una
atmósfera turbia de jet-lag. Abres la
puerta y tu mujer te recibe como si desde el momento en que te fuiste -36 horas
atrás- no hubiese ocurrido nada en tu vida. Hay un agujero de tiempo que nadie,
excepto tú, percibe. Te dice que tu hijo tiene fiebre, que llegó la cuota del
colegio. Te encierras en el baño y ella
te sigue hablando a través de la puerta. Te grita que pongas la ropa sucia en el canasto. Te miras al espejo, te
das lástima. Te duele la espalda.
Piensas en tu compañera de guardia. Sabes que ella te
entendería. Que no necesitarías decirle nada. Cierras los ojos y ves sus pechos flotando debajo de
la chaqueta. Despeinada, acostada en la cama de abajo, tú en la de arriba. Derrumbados, los dos. Sobre
el piso, una caja de cartón con restos de pizza fría. La
escuchas respirar. Están agotados, insomnes. Ella estira el brazo, lo sube como
buscando el cielo. Tú bajas el tuyo, se tocan. se acarician las manos, se
aprietan hasta hacerse doler.
martes, 18 de febrero de 2014
Andragogías
Siempre recuerdo a mi profesor de filosofía del Liceo, cuando nos hacía el símil de la abstracción con el pájaro que se deja caer en el agua y saca un pez... y a veces, esperando que hierva el agua para los tallarines chinos, miro como se forma la primera burbuja en el fondo, que asciende y revienta, luego dos, luego diez , luego miles y el agua está en ebullición, lista para cocinar lo que sea.
A veces pienso que la primera burbuja es lo intelectual, lo puro, lo abstracto, la necesidad imperiosa de entender, la segunda los afectos, luego la solidaridad, luego la amistad, a veces el amor, la tenacidad, la tolerancia, el temor, la audacia, la tristeza, hasta el cansancio o el aburrimiento, que también sirven... y estamos instalados en la diversidad, en la que nada nos parece ajeno, en la que podemos cocinar lo que sea.
Lástima que el agua nos hierva tan viejos, me hubiera gustado contar con todas esas herramientas no tan tarde en la vida, haber contado antes con tantos recursos, para no haberse equivocado tanto... o, por lo menos, para haberse dado cuenta de la vida, que ha pasado como un celaje y, en tres, dos uno... chan, chan ... llegamos a viejos.
A veces pienso que la primera burbuja es lo intelectual, lo puro, lo abstracto, la necesidad imperiosa de entender, la segunda los afectos, luego la solidaridad, luego la amistad, a veces el amor, la tenacidad, la tolerancia, el temor, la audacia, la tristeza, hasta el cansancio o el aburrimiento, que también sirven... y estamos instalados en la diversidad, en la que nada nos parece ajeno, en la que podemos cocinar lo que sea.
Lástima que el agua nos hierva tan viejos, me hubiera gustado contar con todas esas herramientas no tan tarde en la vida, haber contado antes con tantos recursos, para no haberse equivocado tanto... o, por lo menos, para haberse dado cuenta de la vida, que ha pasado como un celaje y, en tres, dos uno... chan, chan ... llegamos a viejos.
martes, 11 de febrero de 2014
Del por qué estudié Derecho...
Oponente a un concurso de Jefaturas en mi Hospital Dr, Félix Bulnes, fui calificado en Lista Dos por mi jefe de Urgencia, el Dr. Sergio Cárcamo, oponente al mismo concurso, en una violación flagrante de la probidad administrativa que le permitió remontar mi puntaje. Apelé a la Contraloría General de la República y, para mi sorpresa, la apelación fue rechazada, sin fundamento alguno. Después de varias conversaciones con el Sr. Contralor de la República, éste me aconsejó reapelar, lo que naturalmente hice, y esta vez fue el propio Contralor, Don Gustavo Schiolla Avendaño quien, personalmente, la rechazó.
Esta es la nota abierta que le dirigí y que releo, doce años después, con cierta sorpresa... más discurre un hambriento que cien letrados...
Esta es la nota abierta que le dirigí y que releo, doce años después, con cierta sorpresa... más discurre un hambriento que cien letrados...
Santiago, 2 de septiembre de 2002.
Sr.
Gustavo Schiolla Avendaño.
P R
E S E N T E
_________________________
Le
escribo esta nota con profunda desazón. Constatar que se impone la sinrazón y
se institucionaliza el abuso de autoridad mediante una interpretación de intenciones que no resiste el menor análisis y
una utilización poco rigurosa de conceptos, útiles como todos los
conceptos, para el entendimiento entre las personas, produce una frustración
que va más allá del hecho puntual de haber perdido una apelación con todas sus
consecuencias económicas y morales, por más sensibles que éstas puedan ser.
Pese
a su dictamen Nº 33676 seguiré pensando que solicitar es activo y aceptar es
pasivo, que quien acepta es la contraparte de quien solicita; que lo expreso y
lo tácito son conceptos antónimos que ninguna interpretación, por más extensiva
y analógica que pudiera ser, lograría
homologar nunca.
Acepto
su dictamen solamente por el peso de su autoridad y por consideraciones de
orden práctico, pero mi fuero de conciencia no es mi fuero gremial, no puede ser violado y nunca entenderé que la
suposición de una aceptación tácita y una solicitud expresa lleguen a ser lo
mismo. El choque de conceptos impide su conciliación.
Aún
aceptando que mis actitudes puedan ser interpretadas, violenta moralmente el
que esa interpretación tenga como efecto
final, única y exclusivamente un
daño en mi carrera profesional, sin que
pueda demostrarse ningún efecto beneficioso para la Institución y sí un efecto
favorable para quien la impone, oponente también al Concurso de Jefaturas 2000
que, por esa sola razón, respetando la Ley de Probidad Funcionaria, debió
haberse inhibido de motu propio o haber sido inhabilitado por la
autoridad.
No
puedo entender que Ud. afirme que, a mi juicio, había falta de
fundamentos de las bajas de calificaciones, porque, objetivamente, esos
fundamentos no existían en mi Hoja de Vida. No hay tal juicio subjetivo sino
una constatación objetiva.
Que
esa carencia de fundamentos, que viola principios básicos de la
administración, sea confundida, además, con mis expectativas de calificación,
facilita la descalificación de mi conducta y más parece una sorites manipulada
para confundir sujetos y predicados con una acuciosidad vana, puesto que ambas
pueden ser rechazadas al ejercer el derecho del funcionario a no firmar para
extender los plazos de reposición.
Insistir
en la obligación de firmar la segunda precalificación no resiste el menor
análisis de cordura. Lo que, a todas luces, fue una actitud de inadvertencia
mínima que a nadie dañaba, salvo al suscrito, podía y debía haber sido
corregida oportunamente para evitar este gasto inútil de tiempo, papel y paciencia que guarda una desproporción
gigantesca con su origen y cuya justificación real, lo sabemos todos los
actores y espectadores de este sainete es
otra: la de impedir el ejercicio de mi derecho a acceder a una Jefatura (1).
Por
esa misma vía, debería obligarse al niño a quemarse la mano izquierda después
que inadvertidamente puso la derecha al fuego; al conductor a no respetar el
segundo Pare después de no advertir el primero; a tomar obligadamente el
segundo trago de veneno al que tomó
el primero por estar pajaroneando.
No hay aquí ironía alguna, es sólo la ironía del absurdo llevado al extremo mediante el uso abusivo de la
autoridad.
No
puedo dejar de recordar que el rechazo de mi primera apelación fue fundamentada
en no haber alegado mi condición de dirigente gremial durante el proceso
calificatorio, en circunstancias que acompañé, en esa apelación, seis documentos que exigen el respeto a ese
fuero: dos a los jefes de servicio y unidad, dos a la junta
calificadora y uno al director del SSMOCC. El sexto documento fue
una comunicación de este último al director del hospital, señalando que no
estaba afecto a calificación, nota no respetada por su subordinado, también
oponente al mismo Concurso y por lo tanto faltando a la probidad por partida
doble. ¿Qué pasó con esos documentos? Ni siquiera fueron rechazados, se hizo,
llanamente, caso omiso de ellos con una actitud verdaderamente incalificable.
En
fin, ni siquiera espero que llegue hasta estas líneas, porque todo lo dicho es
sabido por Usted. Si lo hace, tal como se lo expresé en nuestra primera
entrevista, en la que le manifesté que mi único interés era que Usted no pensara que este desconocido era un
cavernario, esta vez quiero que sepa que discrepo profundamente y con
fundamento, de su dictamen, a tal punto, que no creo que haya sido redactado
por Usted.
No es suyo el lenguaje agresivo,
descalificador que connota su redacción. No puedo entender que Usted me acuse de escudarme
en mi calidad de dirigente gremial o
que actúe arbitrariamente de acuerdo a mis intereses. Si Usted mismo me
apoyó en esta reapelación, su dictamen es de una incongruencia absoluta,
inentendible a la luz de su coherencia y de sus valores humanistas, que en
algún momento pudimos compartir.
La
situación que vivo me hace revalidar lecturas nietzscheanas referidas a la
eterna dialéctica de lo individual y lo colectivo, en sus palabras: del rebaño
y la singularidad. De la desconfianza hacia todo aquel que afirma su
singularidad y valida la diferencia de
sus ideas ante los demás, del impar exponiéndose a la sospecha racional y al
ostracismo moral de los pares, que fundamentan su lógica del rebaño en la
certidumbre y la seguridad.
Ejemplo
menor el mío. Vetado, vejado, insultado con tanta fluidez como impunidad,
propia del rebaño nietzscheano, mi único pecado ha sido el de estudiar las
leyes y reglamentos, hechos para normalizar la convivencia, para intentar
normalizar la convivencia en mi hospital. Desgraciadamente, la aplicación del
derecho administrativo respetando sus principios y sus normas, atenta contra el
libre ejercicio del poder - que justamente
para eso fue hecho - y genera la
respuesta que todos conocemos.
Esta
es una apelación moral. No apelaré a los tribunales, pero exigiré que la Junta
Calificadora tome en consideración la Precalificación firmada y no tramitada
y no solamente la Precalificación no firmada y tramitada. Además, que la
sanción por negarse a firmar pierda su carácter extemporáneo y sea aplicada al
período que corresponde, 2001 y no 2000.
Si
esta vez se respeta la ley, la autoridad habrá ganado al lograr calificarme
como siempre y yo habré ganado al mantener mi Lista Uno de siempre. En otras
palabras, ese resultado ecuánime, injusto, absurdo y lógico es una buena
rúbrica para tanta pérdida de tiempo que nos permite, al menos, filosofar.
Dr.
Hernán Lechuga Farías
(1). El proceso concursal duró más de dos años, en los cuales se modificaron las bases en tres ocasiones una vez abiertas las postulaciones, se homologó diplomado (Dr. Cárcamo) con Magister en Salud Pública (mío) se alteraron los criterios de Idoneidad y competencia, se aplicaron sanciones al suscrito en respuesta a las apelaciones, que bajaron aún más las calificaciones y se consideraron en los antecedentes concursales, a pesar de su extemporaneidad grosera.
(1). El proceso concursal duró más de dos años, en los cuales se modificaron las bases en tres ocasiones una vez abiertas las postulaciones, se homologó diplomado (Dr. Cárcamo) con Magister en Salud Pública (mío) se alteraron los criterios de Idoneidad y competencia, se aplicaron sanciones al suscrito en respuesta a las apelaciones, que bajaron aún más las calificaciones y se consideraron en los antecedentes concursales, a pesar de su extemporaneidad grosera.
viernes, 31 de enero de 2014
Abortos terapéuticos y criminales...
El subsecretario de Salud de Bachelet y su discurso contra el aborto terapéutico.
No hay nada peor que trenzarse en una discusión sin definir previamente los términos, en este caso los de aborto y de terapéutica, por lo muy menos. No cabe duda que el aborto es un atentado al derecho de la vida del ser humano, pero no es un valor absoluto, porque se puede matar sin sufrir castigo, como sucede cuando se hace en defensa propia. Si se usa, como lo hace el subsecretario, para finalizar su presentación, comete un error garrafal, porque siendo una verdad irrefutable, se usa para sustentar afirmaciones refutables, que escapan al universo de los abortos terapéuticos.
Si se va a discutir el aborto terapéutico, la discusión debe centrarse allí y no dispararse a cualquier lado. Cuando se opera un embarazo tubario, se está atentando contra la salud del huevo fecundado que crece normalmente, pero que ha cometido el único error de equivocar su domicilio, y su muerte permite la vida de la madre. Ese es el ejemplo más claro de aborto terapéutico que nadie, en su sano juicio, puede rechazar.
Extenderlo a los derechos de decisión de la mujer es un tema ajeno, atendible, importante sin duda, que requiere discusión, consenso y legislación, que duda cabe, pero eliminar una mola hidatidiforme, o un feto acráneo, proyectos frustrados de vida humana sin esperanza ninguna de vida, que solo atentan contra el derecho a la vida de la madre, no merecen discusión alguna, que no sea bizantina o fundamentalista.
No menos importante es definir quien puede arrogarse la potestad de obligar a una niña de quince años a sobrellevar un embarazo producto de una violación, de por sí de alto riesgo y en el que se ha violado uno de los derechos más importantes de la mujer, la de elegir al padre de sus hijos, y que ha roto, sin duda alguna, su proyecto de vida. Bastante tiene ya con el castigo inferido por el violador como para seguir siendo castigada por imposiciones de la sociedad, que nunca se han caracterizado por su enfoque racional y que tan influenciada está por las irracionalidades del pensamiento mítico, de la religión, del pecado original, del autocastigo... y otras yerbas.
Y este derecho tiene implicaciones también biológicas, porque no están estudiados en profundidad los factores que llevan a este intercambio genético. Se sabe que las ratonas pueden evitar el contacto sexual con ratones afectos de taras genéticas, una de ellas, la diabetes y se sabe que descendemos de los ratones, Darwin dixit y no ha sido desmentido. Si la mujer es la responsable de la reproducción de la vida, no pueden ser las leyes, generalmente dictadas por hombres, las que la obliguen en aspectos tan cruciales, no solo para ella, sino para la especie humana.
De que valen los idola fori de Don Francis (Bacon), el peligro de las analogías advertido por Foucault, hasta las sombras de la caverna, si seguimos confundiendo, empecinadamente, ocho con ochenta.
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