domingo, 22 de junio de 2014

Por qué renuncié al Partido Comunista.


El error de la democracia representativa ya lo resumió Rosa Luxemburgo cuando dijo que el partido sustituye a la sociedad, el comité central sustituye al partido y el secretario general sustituye al comité central. Y a la democracia participativa le ocurre como a las olas con el mar: solamente existe cuando hay viento, capaz de tomar decisiones en niveles bajos de complejidad.”


Queridos amigos y compañeros:

Con estas primeras palabras, oficiales en mi condición de candidato a diputado, quiero compartir con ustedes un pensamiento muy personal y un sentimiento muy íntimo. Con profunda emoción, comparto esta tribuna y esta candidatura con la querídisima compañera  Gladys Marín, una militante  comunista con una trayectoria política y personal intachable, marcada por una firmeza ideológica, una consecuencia  y  una valentía difíciles de imitar. Pero los caminos de la vida se entrecruzan y nos llevan a encrucijadas no previstas, a desafíos cada vez mayores.  Este es uno de ellos y lo asumo  como el más difícil que me ha tocado enfrentar en toda mi vida. Asumo este desafío con la garantía de tener un modelo a seguir, con la tranquilidad de saber lo que hay que hacer y con la natural  intranquilidad de no saber si podré hacerlo a la altura requerida.

            Enfrentar esta tarea significa dar un salto de calidad, subir un gran escalón  y asumir responsabilidades cada vez mayores en un campo nuevo, más amplio y más complejo que los anteriores. Pero no enfrentamos este desafío desarmados, lo hacemos  con las armas que hemos ido perfeccionando durante muchos años. Probando fuerzas en otros desafíos, hemos recibido muchas lecciones, hemos acertado y nos hemos equivocado, y alegrándonos por los triunfos o reconociendo  nuestros errores, hemos igualmente aprendido.

            Con una visión social que ha dejado atrás los intereses egoístas  y los enfoques estrechos que alguna vez pudimos haber tenido, pero por sobre todo con el convencimiento de que nada es posible sin la participación, sin el trabajo en equipo y sin el compromiso ideológico, hemos alcanzado la certeza de saber que no hay nada más gratificante que el trabajo social, porque no hay nada más importante que la gente, sus anhelos, sus problemas, es decir nosotros, nuestros anhelos, nuestros problemas. Solamente trabajando juntos podremos  resolverlos, para los comunistas no existe contradicción alguna entre los intereses personales y el interés colectivo.

            Por eso nos alegra y nos estimula el resultado del Plebiscito recién realizado en el Hospital Félix Bulnes Cerda, porque, a pesar de ser una primera experiencia de participación directa, más de mil vecinos y  casi cuatrocientos funcionarios entregaron su voto en pro de la salud y en rechazo a las políticas inhumanas aplicadas por el Gobierno. 

No de otra forma puede calificarse el maltrato evidente a nuestros pacientes, a pesar del esfuerzo abnegado y las jornadas agotadoras de los funcionarios tratando de suplir las carencias, también evidentes, de los recursos mínimos requeridos. Solamente  47 votantes aprobaron las políticas del Gobierno.

Desde aquí, públicamente, queremos reconocer el doble mérito de los funcionarios de nuestro Hospital que votaron, poniendo en riesgo sus remuneraciones y su propio empleo, porque la legislación actual así lo permite. De la misma forma queremos decirle, a quienes no votaron, que no tenemos crítica, que entendemos  la presión innoble a la que han sido sometidos. Tenemos plena conciencia de que estos resultados, por más favorables que sean, no nos dan poder resolutivo, pero este resultado es una advertencia clarísima al Gobierno del rechazo masivo que están generando sus políticas laborales y de salud.

            Anoche escuchaba a un dirigente poblacional de San Bernardo explicando a los concejales las diferencias entre un Cabildo  y un Plebiscito, refiriéndose al problema de la grave contaminación producida por el incendio de una industria química del sector. Nosotros no hemos tenido ese problema, realizamos el Cabildo y además el Plebiscito, y  por una razón muy simple: porque el Cabildo es información y socialización del problema y el Plebiscito es la posibilidad de expresar una opinión informada. Ambos eventos resumen entonces lo esencial de la democracia sin apellidos, que no es más que la libre expresión de los ciudadanos, independientemente de posiciones políticas, ideológicas o de cualquier otro origen, porque estos problemas nos afectan a todos, sin excepción de ninguna especie. Ni siquiera quienes, por su poder económico, se sienten ajenos, están libres de la contaminación, de la meningitis meningocócica, del SIDA, de la droga y de tantos otros males que acechan a esta sociedad.

            Recientemente, la Organización Panamericana de la Salud ha insistido en un viejo concepto: la inequidad es la clave en los males de la salud. Y nosotros ampliamos este concepto: la inequidad es la clave de todos los males sociales, es la causante directa de la falta  de oportunidades de todo tipo, educacionales, culturales, laborales, recreacionales, etc., todo lo cual redunda en la falta de participación real  de la gente en la solución de sus propios problemas. Esta inequidad no es un hecho espontáneo ni una condición temporal, propia de un determinado período. Es una política,  diseñada e implementada por los grupos de poder para conseguir esos objetivos de manera permanente, para impedir que las grandes mayorías tengan acceso al poder que ellos detentan. 

            Y así vemos como este país, con importantes niveles de crecimiento económico, no solamente no logra reducir la brecha entre ricos y pobres, sino que la profundiza, no logra poner estos avances al servicio de quienes realmente los generan, los trabajadores, ni de quienes realmente los necesitan:  los niños, los jóvenes, los ancianos, los discapacitados, los eternos discriminados de esta sociedad  marcada por el  consumismo egoísta y ciego, una sociedad que se ahoga en sus propios desperdicios.

            Revertir esta situación actual es extraordinariamente difícil, pero no imposible. Los comunistas nos atrevemos a creer, y creemos para crear y para crecer. Tenemos a nuestro favor, la fuerza de las ideas, la fuerza de nuestra concepciones humanistas, la fuerza de las mayorías, la fuerza de la unidad que las propias políticas antidemocráticas del Gobierno han ido generando. Este es nuestro capital, creamos en él  para poder crear  relaciones más humanas y más solidarias, para crecer  como personas y como sociedad.

            Para nadie es ya un misterio que el "temporerismo", que nació en el trabajo agrícola, está afectando a toda la clase trabajadora, incluida la técnica y profesional. Profesores, médicos del sistema primario y hospitalario, académicos universitarios, trabajadores de Obras Públicas entre muchos otros, identifican este grave peligro en  el eufemismo de la " gestión flexible del recurso humano " que aplica el Gobierno, y en la insistencia de no " colegislar ", que no es otra cosa que el no discutir los proyectos de Ley  con los trabajadores. Las leyes van así directamente del Gobierno al Parlamento en un lenguaje que sólo se aclara cuando la ley se aplica y demuestra, en la práctica y descarnadamente, su carácter antidemocrático. De allí la importancia de estar en el Parlamento, de participar en la discusión y en la aprobación  de leyes que realmente impongan la justicia y la equidad perdidas.

            Tenemos por delante, con todas las limitaciones que implica el sistema binominal y la coartación de las libertades que genera la propaganda masiva, la posibilidad  real de alcanzar mayores niveles de expresión y de decisión.

            En este sentido, la propuesta del Partido Comunista es una base firme y clara.

            La exigencia de una mejor distribución del ingreso, la reforma de las  leyes laborales y del  sistema eleccionario, además de  las exigencias de verdad y de justicia fueron, en su momento, una propuesta nacional por la que votó la gran mayoría de este país, puesto que estaban contenidas en el Programa de la Concertación. Propuesta demagógica que el propio Ministro del   Interior  se  ha encargado  de  aclarar,  más  allá  de  toda  duda,  al   declarar  que existían  “victorias amargas y derrotas dulces“, al referirse al rechazo de la oposición  a eliminar  los senadores designados. ¡Cómo no va a ser una derrota  dulce, si les permite seguir incumpliendo los compromisos  de su propio Programa !?

            Tal como históricamente ha quedado demostrado, la agudización de los procesos sociales ha ido separando las aguas de los grupos en conflicto. No puede caber duda alguna  que el gobierno ha decidido por la opción de la derecha. Sus políticas económicas lo venían demostrando cada vez con mayor claridad y sus recientes decisiones de política electoral no dejan lugar alguno a la incertidumbre.

            En este marco nos toca actuar, un marco desfavorable en muchos aspectos, pero muy favorable en otros, puesto que el Partido está hablando el lenguaje de la gente, está siendo la voz pública de sus exigencias y está mostrando el camino a seguir para revertir la situación actual de inquietud social  y de represión del gobierno.

            Es nuestra responsabilidad que este enfrentamiento pueda resolverse mediante el trabajo de masas, mediante la presión social  organizada, propositiva  y orientada con claridad a  responder a las urgentes necesidades de la población, a impedir que la represión llegue a cobrar víctimas inocentes en  quienes no hacen otra cosa que luchar por mejores condiciones de vida.

            Los candidatos del Partido Comunista ofrecemos  la garantía de nuestras historias personales y la historia del propio Partido al que nadie, ni sus peores enemigos, han podido acusar nunca de falta de compromiso social, de corrupción ni de aprovechamiento ilícito. La limpieza del Partido Comunista no está escrita en las paredes de una contienda electoral, está escrita en su historia de constante compromiso con la clase trabajadora, con los pobres, con los desposeídos.

             Compañeros y amigos:
            La palabra clave es la participación. Nada puede lograr un dirigente  si no recoge la esencia de los problemas que afligen a la sociedad y nada puede lograrse si la comunidad no actúa en consecuencia. Nadie vendrá de afuera a solucionar nuestros problemas, somos nosotros mismos quienes deberemos resolverlos. Repitamos, una y mil veces si es necesario, cabildos y plebiscitos hasta lograr el país que queremos, un país justo, solidario, respetuoso de las diferencias pero incansable en la búsqueda de la unidad en torno a los problemas reales. No aceptemos que nos dividan, la tarea futura es enorme y no queda otro camino que caminar juntos para enfrentarla.

Ese es nuestro compromiso, muchas gracias.


domingo, 15 de junio de 2014

La pizza es una ideología

–Oíme bien, Roque. Te voy a hablar con la sabiduría que dan los años. La pizza, la verdadera pizza, se hace con masa gruesa, mucha muzzarella y mucho picante, como un chimichurri. Tiene que ser grasienta. Se tiene que pedir en el mostrador y hay que comerla de parado, sosteniéndola con papel. Si seguís con ese producto, como hizo tu padre, nunca te van a faltar clientes. Además, no se trata solamente de guita, Roque. Aunque no lo creas, yo leí a don Antonio Gramsci. No me mirés con esa cara de bruto. No, no tenía pizzería. Pero tenía ideas. Y a las ideas, cuando se juntaban, les decía ideología. ¿Agarrás, pibe? Ideología. Grabate esto: la pizza de masa gruesa es una ideología. La de masa fina, otra. ¿Vos viste en lo que se está convirtiendo el mundo? Todo es flaco. Las minas son flacas. Los tipos son flacos. Todo es dietético. Nada tiene cuerpo, espesuridad. Todo es liguet.
–Creo que se dice lait, viejo.
–Es lo mismo. Lait, liguet, la misma mierda. Y eso me atrevería a decirte que empezó con la pizza. Acordate: primero te adelgazan la pizza, después te adelgazan a vos, después te tiran por el inodoro. El mundo que yo viví fue asesinado por la pizza a la piedra. La pizza de masa gruesa murió víctima del Imperio de la Flaquedad. Ahora, hijo mío, hasta le ponen pasto a la pizza.
-Albahaca, viejo.
-Albahaca, camarones, pulpitos, pepinos, tomates, lechuga, zanahoria, rúcula. Eso no es una pizza, pibe. Es una huerta con algunos bichitos de mar despistados. Vos seguí mi ideología: la única pizza verdadera es la de masa gruesa, muzzarella que se desborda, mucho aceite y punto. Cuando entrás a un lugar y te traen un menú con treinta y cuatro variedades de pizza, rajá. Es un antro de gente moderna. O sea, de putitas finas, de trolos de alta costura y de políticos afanancios.
–¿Qué?
–Afanancios. Chorros, pibe. ¿Vos nunca leíste Afanancio en el Rico Tipo? Lo dibujaba Mazzone. Qué tiempos, Roque. A una gorda le decían Pochita Morfoni. A un avivado, Avivato. A un falluto, Falluteli. A un preso que se fugaba, Piantadino. A un tano, Don Nicola. Imaginate. Se hablaba con la verdad. Con la verdad y hasta te diría: con poesía. Decime, ¿no es poético decirle Langostino a un navegante aventurero?
Al lector: Este sabroso texto –¿o no es sabrosa la pizza de masa gruesa con mucha muzzarella?– pertenece a la nouvelle: Grandeza y decadencia de Roque, el pizzero, que integra el libro Un diamante para el Don, cuentos y nouvelles, que publicará próximamente Planeta. JPF.

sábado, 14 de junio de 2014

Papa marxista


En declaraciones del papa Francisco con un marcado tinte crítico hacia el poder económico mundial, el pontífice alertó también acerca de los peligros de “una globalización mal entendida que anula las diferencias”, frente a una globalización bien entendida que genere riqueza. “Todos unidos, pero cada cual conservando su particularidad, su riqueza, su identidad, y esto no se da”, aseguró.

En 1848, el Manifiesto del Partido Comunista, de Carlos Marx y Federico Engels, advertía:

"Mediante la explotación del mercado mundial, la burguesía ha dado un carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países. En lugar del antiguo aislamiento y la autarquía de las regiones y naciones, se establece un intercambio universal, una interdependencia universal de las naciones. Y esto se refiere tanto a la producción material, como a la intelectual. La producción intelectual de una nación se convierte en patrimonio común de todas…  de las numerosas literaturas nacionales y locales se forma una literatura universal."

En 1867, “El Capital” de Carl Marx[1] advertía:

 “Los dueños del capital estimularán a la clase trabajadora para que compren más y más bienes de consumo, viviendas y tecnología, haciéndoles deber cada vez más, hasta que su deuda se vuelva insoportable. La renuncia al pago de la deuda llevará a los bancos a la bancarrota, por lo que tendrán que ser nacionalizados y el Estado dirigir la economía.”

Si el Papa Francisco lo dijo   porque leyó a Marx, lo que es altamente probable, demuestra una humildad intelectual admirable; si lo dijo porque simplemente lo pensó, entonces  su capacidad de comprensión del mundo es también admirable, comparable a la de Marx



[1] Karl Marx:  filósofo, historiador, sociólogo, economista, escritor y pensador socialista alemán, fundador del Comunismo

jueves, 5 de junio de 2014

Medias naranjas no me quedan...

La cultura en Occidente ha sostenido durante siglos la ilusión del “alma gemela”, la “media naranja” que completaría a la mujer o al hombre, pero “los hechos la refutan una y otra vez –advierte la autora–: quienes hablan del amor no dejan de referirse a la desdicha, los encuentros son seguidos por desencuentros”. Aunque “quizá pueda emerger un nuevo amor más advertido de la no relación que está en su base”.
 Por Silvia Ons *

“No hay relación sexual” es una afirmación de Lacan, célebre ya, y que en su momento causa escándalo y da lugar a numerosas réplicas: “¡Pero claro que hay, si es evidente!”. ¿Cómo es posible que alguien tenga la osadía de desmentir este hecho tan certero? Pero Lacan no niega con tal aforismo el acto sexual, sino una relación que pueda escribirse: entre el hombre y la mujer, nada está inscripto de antemano, no hay brújula preestablecida. El acercamiento entre los sexos no está programado como el del óvulo con el espermatozoide. Todo encuentro trae aparejado un desencuentro estructural, dado por la heterogeneidad entre el goce de uno y el del otro. No hay “media naranja”.

El mito del andrógino –ser que es dividido y luego busca en el mundo la unidad que le falta– atraviesa la cultura occidental y sella cada una de las ilusiones amorosas. La idea de un alma gemela, la media naranja, el príncipe azul, la mujer ideal, el hombre perfecto, son las maneras en que el mito pervive después de tantos siglos. Los hechos lo refutan una y otra vez; quienes hablan del amor no dejan de referirse a su desdicha, los encuentros son seguidos por los desencuentros, los malentendidos inevitables. El amor eterno lo es en cuanto no se realiza. Lacan dice que, si hay un encuentro serio entre un hombre y una mujer, se pone en juego la castración. Para Lacan, la castración no remite solamente –como en Freud– al temor a perder el pene en el caso del varón o a la desolación por no tenerlo y a la envidia consiguiente en el caso de la mujer. 

La castración es, para Lacan, la inconmensurabilidad radical entre el goce femenino y el masculino.
Lacan considera que el goce genital masculino está marcado por la impronta de la tumescencia y detumescencia del pene. Un orden discontinuo signa ese placer que se consuma al llegar al límite; se trata de un goce acotado por el órgano. 

Prontamente advertimos la diferencia con el goce femenino: éste es un goce envuelto en su propia continuidad, impreciso e impenetrable, que hace que la mujer se experimente extraña aun para sí misma. Tal continuidad hace que la mujer no “acabe” aunque llegue al orgasmo, ya que éste no implica un corte. El verbo “acabar” expresa la cercanía del orgasmo con el fin y, al igual que “consumar”, indica que algo se realiza encontrando un límite. Se dice que la mujer puede ser “multiorgásmica” y con ello se indica que el orgasmo femenino no implica un cierre, como el del varón. Así, mientras que el hombre vivencia la experiencia del corte, en la mujer la vivencia es la de la abertura, que necesita recubrir con palabras de amor: es común la tristeza que las invade si el compañero no llama al día siguiente. Pero este simple ejemplo vale para mostrar la disimetría entre los sexos, que no solo se manifiesta en el acto sexual, sino que, en todo caso, lo ilustra de manera paradigmática.

El goce de cada uno entra en disyunción con el amor y así constituye su obstáculo más poderoso, su límite, su más cara objeción. Respecto del amor en su particularidad, el goce del partenaire lo pondrá siempre en jaque, y acaso en el instante en que en el baile de disfraces los amantes se sacan las máscaras es cuando emerge su verdadero rostro: él no es él y ella tampoco. La caída de la idealización es coetánea con la manifestación de esa cara del otro, extraña a la propia; quizás allí pueda emerger un nuevo amor más advertido de la no relación que está en su base.

Según concluye Lacan, inevitablemente la relación sexual no cesa de no escribirse. Y sin embargo, o tal vez por esa dificultad, se ha escrito tanto y tanto sobre el amor, como si su naturaleza insondable inspirase una y otra vez a los poetas de todos de los tiempos. “Puesto que con tanto calor exaltas el poder creador de poeta –declara Johann Wolfgang von Goethe a Bettina von Arnim–, creo que leerás con placer una serie de poemas que va aumentando en las horas propicias. Cuando más tarde aparezcan ante ti, verás que mientras tú estimas necesario reavivar el pasado en mi memoria, yo procuro elevar a estos dulces recuerdos un monumento.” Pero no sólo escribe cartas el literato o el filósofo o el célebre, sino también el hombre común. Y hay algo tan singular y al mismo tiempo tan ordinario en toda correspondencia amorosa que el propio Borges se reconoce en sus cartas a Estela Canto como un “horrible prosista”, quizá porque todo enamorado padece de los mismos desvelos.

A tal punto es una experiencia que llama al testimonio de La Rochefoucauld, quien dice que nadie sabría lo que es el amor si no hubiese en algún momento escuchado hablar de él. El amor, en definitiva, intenta recubrir la no relación sobre la que se asienta. El amor se orienta hacia aquel que pensamos que puede revelarnos nuestra verdad; claro que esa verdad es muy difícil de soportar, aunque el amor permita imaginar que esta verdad será amable. Y por ello Jacques-Alain Miller afirma que amamos a aquel o a aquella que podría responder a la pregunta acerca de quiénes somos.

Por eso, el que ama está en posición de falta; de ahí que el amor feminice y pueda ser perturbador para muchos hombres. Y así siempre son ellos quienes se rebelan frente a la famosa frase de Lacan “Amar es dar lo que no se tiene”, afirmando, por el contrario, que amar es dar lo que se tiene. Lo que el aforismo indica es que la falta es la que se entrega al otro y que su valor es diferente de los bienes, regalos y potencia, ya que esa falta implica reconocer que se necesita al otro.

“Es una histérica”
Cuando Freud descubre los pilares del psicoanálisis –el inconsciente, la sexualidad, el síntoma, la transferencia– es reenviado al análisis de su propia sexualidad, de su Edipo. Con la histeria, Freud descubre el carácter esencial del deseo, su naturaleza insatisfactoria, esa que hace vacilar al amo y causa la mayoría de las veces irritación. Es común que los hombres digan de ella que nada le viene bien y que utilicen al respecto frases conocidas. Es común que el dicho “Es una histérica” tenga una significación despreciativa: atraer y luego sustraerse, no conformarse nunca, no saciarse jamás. Freud y Lacan toman con seriedad lo que el vulgo menosprecia y ven que ese deseo insatisfecho está dirigido a un amo-maestro para que produzca un saber sobre ese misterio que ella atesora.

Pero hoy en día el saber se consuma en la producción de objetos tecnológicos, esos gadgets de los que hablaba Lacan. Los imperativos del mundo actual nos compelen a dar rienda suelta a los impulsos sin tregua y sin la necesaria pausa que implica el callar. Detengámonos en la rapidez con que se insta a dar una respuesta inmediata a lo que se pregunta y que es imposible de explicar en un minuto. Por otro lado, el decir todo se ha transformado en un deber; los programas televisivos muestran un confesionario que ha devenido lugar público. La tecnología anula los espacios que estaban confinados al silencio; lejos ha quedado la muchedumbre silenciosa, que hoy transcurre acompañada por los infaltables celulares, hablando o enviando mensajes de texto insustanciales. Así, si en la época de Freud había que liberar al síntoma de su silencio, hoy hay que llevar el parloteo sin medida a la singularidad de un decir propio. Esto se debe a que el mercado también estimula el deseo histérico, que, cuando no tiene detención, conduce al extravío. El psicoanalista Javier Aramburu, haciendo un juego de palabras, llama a la histeria del siglo XXI no “de conversión” (síntomas en el cuerpo) sino “de conversación”.

Es tan obse...
La manera en que los neuróticos obsesivos intentan detener el tiempo es permanecer en la duda, ya que una decisión siempre implica una pérdida. Tal escamoteo entraña mirar la vida como desde un palco, rechazando estar en el escenario del devenir; de ahí que no querer que el tiempo pase, creerlo eterno, conduzca paradójicamente a la mortificación. Freud hace suya la frase latina Si vis vitam, para mortem: “Si quieres soportar la vida, prepárate para la muerte” y, también, “Si quieres vivir la vida, prepárate para la muerte”; prepararse quiere decir no soslayar la finitud.

Clásicamente, en el intento por preservar el ser de la finitud se separa el ser del tiempo. El amor y la verdad siempre han tenido la pretensión de quedar resguardados de los avatares temporales, confinados ellos al “fuera del tiempo”. No por nada se habla de las “verdades eternas” y los “amores eternos”. Gilles Deleuze dice que el tiempo pone a la verdad en crisis; agreguemos que también al amor. La manera de mantenerlos estancos es... no ponerlos a prueba. Por ello los amores imposibles son los que aspiran a una eternidad en cuanto no se realizan, pero al mismo tiempo son amores muertos, coagulados en un eterno presente, fijos en lo que podría haber sido.


* Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana. Texto extractado de Todo lo que necesitás saber sobre psicoanálisis, de reciente aparición (Ed. Paidós).

domingo, 1 de junio de 2014

Moto GP y otras hierbas II


Mientras mis amigos disfrutaban en el autódromo el vértigo de otros, me dispuse a recorrer el pueblito-ciudad de Rio Hondo que, efectivamente, tiene un “barrio alto”, hacia el norte del Microcentro,  con chalets de jardín y rejas y escasa gente en las calles, algo parecido a nuestra Ñuñoa, sin mansiones ni edificios de departamentos, del Microcentro al sur  hasta el río, la zona más proletaria, de casitas pareadas, con vecinos instalados con sillas y mesitas en las aceras, tomando mate y charlando, mientras me miraban con curiosidad. Lamento no haberme decidido a pedirles compartir un rato con ellos, porque en ese momento me pareció un abuso, una intrusión en su intimidad, aunque no me cabe duda alguna que me habrían invitado con gusto. La próxima vez, lo hago, sin duda alguna.

En mi deambular, llegué a una plaza dedicada, al parecer, a San Francisco de Asís, porque aparte de una estatua de un santo que, en mi agnosticismo  no pude reconocer,  había otras, de gran altura y hechas con cachureos metálicos,  una de ellas representando a un cura, con hábito y delante de él, un toro que en su torso mostraba paletas de ventilador, trozos de radiador, en sus ancas, tambores de freno y en calidad de tendones y músculos, cremalleras con brazos de elevar los cristales y otras pieza que me entretuve en reconocer, recordando mis sesiones de mecánica con mi viejo, reparando mis autos antiguos.

Las estatuas no estaban al centro, sino que en un rincón cerrado de la plaza, y hacia allí me dirigí, mientras filmaba con mi camarita fotográfica. Noté que estaba solo en el lugar y, santiaguino al fin, me preocupé de estar alerta, no descuidando el entorno y, en una de esa miradas hacia atrás, veo que se me acercan dos personas, una alta, maciza, con la camisa de mangas recortadas en los hombros  y brazos tatuados y la otra, un individuo pequeño, flaco, de pantalones caídos y una gorra  de béisbol roja, calada hasta las orejas.

Caminaban por uno de los senderos hacia mí, y así como era lógico que yo me encaminara hacia allí como turista que observa estatuas, era ilógico que ellos, como vecinos, lo hicieran. Decidí que pasara lo que pasara, que fuera de frente, así es que me volví y empecé a caminar hacia ellos, por el mismo sendero. No es que pensara trenzarme en una gresca, una negociación me haría perder solamente mi viejo Casio, a punto de jubilar, mi Canon barata y doscientos pesos argentinos.

Al acercarse,  mientras mi adrenalina subía a mil, el más grande pisó el pasto para darme el paso, mientras me saludaban: Buenos días… ¿Todo en orden?

No pude menos que avergonzarme de mi pensamiento de Paz Ciudadana y del etiquetamiento social que nos han metido hasta el alma.

miércoles, 14 de mayo de 2014

La puta vida



El  pasado, ese espacio que despacio y en silencio, se abandona y se deja  morir  en el olvido.  El futuro, ese muro que empujamos día a día. La puta vida  un margen,  un filo, un espacio virtual, un pliegue a desplegar o mejor, desvirginar. Un pie adelante, el de invadir, el otro atrás, el de  empujar, una mano adelante,  penetrar, y  la de atrás, la de impedir ser  invadido. Vano intento,  el pasado soy yo mismo  y me empuja hacia el  futuro,  ese muro pocas  veces transparente,  otras veces de colores que varían expresando mis deseos, casi siempre piedra bruta,  sordomuda,  insensible a mi vivencia, que  me deja sin saber los minutos que me quedan por vivir.  Y así decido por fin,  perder el tiempo contigo,   mi futura, mi presente, mi regalo,  al alcance de mis manos.

viernes, 9 de mayo de 2014

Las cosas cercanas

Salgo corriendo del departamento. Tengo quince minutos para llegar a Tribunales. Me pongo la chaqueta sobrecorriendo y dejo encendidas las luces, la radio y el computador, mis acompañantes de estos días.Cuando vuelvo, las luces me esperan encendidas, el computador, cansado de esperarme, se ha dormido  y debo despertarlo para seguir trabajando, y la radio... en silencio, vuelve a sonar... como saludándome. Todo en orden, la vida continúa.