jueves, 30 de octubre de 2014

Poética política

“La cultura revolucionaria se me aparece como una bandada de pájaros volando a cielo abierto; la bandada es siempre la misma, pero a cada instante su dibujo, el orden de sus componentes, el ritmo del vuelo van cambiando, la bandada asciende y desciende, traza sus curvas en el espacio, inventa de continuo un maravilloso dibujo, lo borra y empieza otro nuevo, y es siempre la misma bandada y en esa bandada están los mismos pájaros, y eso a su manera es la cultura de los pájaros, su júbilo de libertad en la creación, su fiesta continua”. (Cortázar)

viernes, 3 de octubre de 2014

Del por qué soy a-teo

Para Michel Onfray “No existe ningún término para calificar de modo positivo al que no rinde pleitesía a las quimeras fuera de esta construcción lingüística que exacerba la amputación: a-teo, pues, pero también in-fiel, a-gnóstico, des-creído, ir-religioso, in-crédulo, a-religioso, im-pío (¡el dios del ausente!) y todas las palabras que derivan de éstas: ir-religión, in-credulidad, im-piedad, etc. No hay ninguna para significar el aspecto solar, afirmativo, positivo, libre y fuerte del individuo ubicado más allá del pensamiento mágico y de las fábulas”.

Como escribe Daniel Dennett en otra obra imprescindible, Darwin’s Dangerous Idea (1995), (La peligrosa idea de Darwin, Círculo de lectores, 1999) el naturalista británico concibió una de las ideas más poderosas jamás desarrolladas por una mente humana: la evolución. Como un ácido que todo lo corroe, la evolución es capaz de explicar toda suerte de fenómenos naturales, desde la creación del universo hasta la mente humana, sin necesidad de recurrir a intervenciones divinas o a un “diseñador inteligente” encargado de poner en marcha la relojería del cosmos.The God Delusion, el polémico texto de Dawkins, utiliza la evolución darwiniana para concluir que, “casi con certeza, dios no existe”.

Fernando Vallejo no es un filósofo ni un científico, sino un ensayista literario que, apelando a la más pura tradición jacobina de América Latina, convierte al insulto en una de las bellas artes: “La puta, la gran puta, la grandísima puta, la santurrona, la simoníaca, la inquisidora, la falsificadora, la asesina, la fea, la loca, la mala; la del Santo Oficio y el Índice de Libros Prohibidos; la de las Cruzadas y la noche de San Bartolomé; la que saqueó Constantinopla y bañó de sangre Jerusalén; la que exterminó a albigenses y a los veinte mil habitantes de Beziers; la que arrasó con las culturas indígenas de América; la que quemó a Segarelli en Parma, a Juan Hus en Constanza y a Giordano Bruno en Roma; la detractora de la ciencia, la enemiga de la verdad, la adulteradora de la Historia; la perseguidora de judíos, la encendedora de hogueras, la quemadora de herejes y brujas…”.

Para Ayaan Hirsi Ali, “La única posición que me deja sin disonancias cognitivas es el ateísmo. No es un credo. La muerte es inevitable y reemplaza a la vez a las sirenas del paraíso y a las amenazas del infierno. La vida en esta tierra, con todo su misterio y su belleza y su dolor, debe ser vivida intensamente: caemos y nos levantamos, estamos tristes, confiados, inseguros, sentimos soledad y alegría y amor. No hay nada más; pero yo no quiero nada más”

sábado, 23 de agosto de 2014

Niños que huyen







 Por Sandra Russo

En esa dimensión cultural que todavía llevamos incrustada en el sentido común, la de Estados Unidos sigue siendo una democracia ejemplarmente asociada a la idea de libertad. Pero hay datos duros de la realidad que ofrece un múltiple menú de problemáticas en las que se transparenta una decadencia global de “lo norteamericano”. 
En una nota publicada esta semana en el diario mexicano La Jornada, Angel Guerra Cabrera comentaba las protestas de Missouri. por “causas conocidas hace tiempo por los que no nos creemos el cuento de la democracia estadounidense”. Un trazo grueso: en Ferguson, dos tercios de la población es negra, pero más del 95 por ciento de las fuerzas policiales están integradas por blancos; el alcalde es blanco; cinco de los seis concejales de la ciudad son blancos, además de que también son blancos los siete miembros de la Junta de Educación local. Otro trazo grueso: en 1997, una ley del Pentágono autorizó a las fuerzas armadas a pasar personal “sobrante” a las policías locales. Muchos pueblos del interior profundo de Estados Unidos son patrullados por hombres pertrechados y tanquetas de las que se pueden ver en Afganistán.
A principios de agosto, el norteamericano Tom Hayden escribió otra nota titulada “Hijos de las guerras”. Allí desplegaba información sobre la crisis de los menores inmigrantes, un tema enorme, complejo, increíblemente invisibilizado por los grandes medios. Las autoridades migratorias hablan de “militarizar” la frontera con México, donde decenas de miles de niños menores de edad, provenientes de países latinoamericanos en guerras no convencionales, esperan la deportación. 
Esta es probablemente la crisis humanitaria más sigilosa de la historia.Desde hace meses, decenas de miles de niños centroamericanos huyen solos hacia la frontera norteamericana, atraviesan de diversas formas el territorio mexicano, y cuando llegan son capturados y encerrados en enormes galpones, donde se apiñan y esperan una decisión sobre sus destinos.
Hayden toma nota de la doble vara entre la recepción de niños cubanos en otras décadas –la CIA llegó a montar la Operación Peter Pan, una atroz acción psicológica que hizo creer a muchos padres cubanos que la revolución les quitaría la patria potestad y enviaría a sus niños a hacer trabajos forzados a la Unión Soviética; miles se lo creyeron–, a quienes la democracia norteamericana les abría los brazos para salvarlos del comunismo. 
Ahora, a esta generación de niños que logran filtrarse por sus fronteras después de atravesar quién sabe qué infiernos, Estados Unidos no les da la bienvenida, esos 52 mil retenidos en la frontera de lo que hablan es del estruendoso fracaso de las políticas que, a instancias de Washington y bajo su propia concepción de los problemas latinoamericanos, tomaron en los últimos tiempos los gobiernos de Honduras, Guatemala y El Salvador. 
Los contribuyentes norteamericanos estaban orgullosos de arrebatarle niños al comunismo; los contribuyentes actuales enfervorizan sus diatribas contra tener que hacerse cargo de esos niños. Siempre que se produce una corriente migratoria desesperada, como no puede serlo de otra manera el hecho de que miles y miles de niños sin hogar ni futuro en sus propios países marchen en masa hacia esa frontera, lo primero que habría que preguntarse es: ¿de qué huyen?
Muchos huyen de las pandillas, de las maras vinculadas con el narcotráfico, sobre todo los de El Salvador. Con un entretejido social devastado después de la intervención militar norteamericana  en los ’80 –que dejó 75 mil muertos–, una generación creció sin padres, ni casa, ni educación, ni trabajo. Fue la primera generación que intentó emigrar a Estados Unidos, que primero los alentó a hacerlo. Pero miles de ellos fueron arrestados masivamente en Los Angeles y deportados nuevamente a El Salvador. 
Habitantes de un país invivible y echados de otro país que manejaba los hilos, ésos fueron los primeros integrantes de las maras: los niños que crecieron en un país en el que el neoliberalismo había roto todas las redes de contención imaginables. Los niños que huyen ahora, más de una década después, probablemente estén intentando escapar de un destino cantado, que es el del delito al que ellos mismos serán obligados y del balazo en la nuca asegurado antes de llegar a los 30.
En Guatemala, también bajo el gobierno de Reagan, con la participación de su embajada y el apoyo de grupos católicos de ultraderecha, también se llevó a cabo una masacre que eliminó a unos 20 mil indígenas. Después, Clinton pidió disculpas, pero los muertos no resucitaron. De aquella época data el surgimiento de un enorme sector de huérfanos, cuyos hijos, ahora, son los que quieren sacar la cabeza.
Y en Honduras, como se recordará, en 2009 hubo un golpe de Estado y transcurrió silenciosamente la última masacre contra  miles de campesinos y más de un centenar de periodistas por cuyos derechos ninguna organización vistosa del rubro reclamó. Miles de niños se quedaron solos. Esos son los que intentan escapar ahora.
El presidente Barack Obama, en tanto, a pesar de toda su aparente buena voluntad en materia de derechos, como el de la salud pública o las leyes migratorias, permanece encorsetado en un sistema de valores, en una cultura política que le lima día a día el poder. Es el poder político, en todo su significado:  El Pentágono y el Departamento del Tesoro hacen lo suyo mientras, en el Congreso, los republicanos frenan una y otra vez las iniciativas presidenciales que fueron promesas de campaña y en consecuencia una obligación política de un presidente cuyo Nobel de la Paz licuó el significado de la paz.
No hay paz si no se respeta a los niños. A los de Honduras, los de Guatemala, los de El Salvador, los de Gaza, los de Costa de Marfil, los de Camerún, los de Eritrea, los de Sudán, los de Missouri. Son los niños y los jóvenes, hoy, en el mundo global, los más desguarnecidos, las generaciones abortadas antes de despuntar la adolescencia. Escapan de Centroamérica, escapan del Africa subsahariana, escapan de los lugares periféricos en los que el poder global dominante, en complicidad con pequeños sectores locales beneficiarios de cualquier desgracia, han destruido, antes que ninguna otra cosa, la política.
En toda esa parte del mundo, regida por lo que dicta Washington, cebada por la venta de armas, acechada por guerrillas confesionales, por pandillas sanguinarias, por reacciones fundamentalistas, los niños que escapan están diciendo que no tienen futuro, y lo están diciendo literalmente. Escapan para sobrevivir, y en ese caso deberían ser refugiados, no deportados. Pero serán devueltos. Si las vidas de esos niños no le interesan a nadie, de qué paz, de qué libertad, de qué valores algunos tienen el impudor de seguir hablando.
Extractado de: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-253621-2014-08-23.html


viernes, 11 de julio de 2014

Cuba forever

La revista TODOPIRQUE, en su Comentario internacional*, entrega una visión del proceso social, educacional, político y económico de Cuba en verdad incomprensible: por una parte señala que la educación es pública, gratuita y cubre todo el país, que no existe cesantía, que su sistema de salud es uno de los mejores de América Latina… y le faltó señalar  que la delincuencia no es un problema social, que no existe mendicidad, ni niños aspirando neopreno, ni ancianos olvidados y abusados en las casas de reposo   y que, a pesar de todo, los cubanos son alegres como pocos ciudadanos del mundo, con una simpatía que va más allá de sus privaciones. 

Sabemos que la salud, de acuerdo con los criterios de la OMS, depende más de las condiciones socioeconómicas  que de los sistemas de atención de salud. Estas solas consideraciones bastan para colegir que en Cuba no hay desnutrición, es decir, que están cubiertas las necesidades básicas de toda la población, lo que faltan son artículos suntuarios para sectores privilegiados, por la sencilla razón de que tales grupos no existen.

El modelo educativo cubano no es marxista, porque el marxismo nunca ha elaborado una pedagogía propia. El modelo educativo cubano es martiano, fue José Martí el creador de la pedagogía de estudio/trabajo, que ha permitido a los estudiantes cubanos un desarrollo integral, alejado de las drogas, del alcohol, amantes del deporte, porque su trabajo no es de explotación, sino formativo en la colaboración. Las Escuelas de Iniciación Deportiva, (EIDE) Musical, (EIM) Militar (Camilo Cienfuegos) y de preparación a los estudios superiores (Carlos Marx) son ejemplos a imitar  y no a descalificar  gratuitamente. Vemos los resultados  y no nos preguntamos cómo se han logrado: el entrenador de Tomás González es un cubano.

Después de la histórica polémica que mantuviera Martí  con Andrés Bello, quien propugnaba y logró consolidar en Chile un modelo de formación escolástica, despegado de la realidad, con “la letra entrando con sangre”, que en estos días demuestra finalmente sus resultados, con modelos educativos dispersos, mercantilistas, discriminadores y eternizadores de la desigualdad social, que nace de la educación segmentada según la capacidad económica familiar, es bueno tener una mirada en perspectiva, para no denostar una educación diferente, supuestamente marxista, con  una connotación peyorativa sin asidero real. 

Aun aceptando la presunción de una pedagogía marxista, tal parece que esta metodología es capaz, también, de formar médicos, enfermeras, arquitectos, ingenieros de todo tipo, escritores, poetas, educadores que, según los indicadores de la Organización Mundial de la Salud, de la Unicef, de Naciones Unidas y de otros organismos internacionales que no pueden ser acusados de marxistas, logran indicadores de excelencia en sus respectivas disciplinas.  ¿Quién de nosotros no sabe, de fuente directa, de la enorme cantidad de médicos cubanos  que se desempeña en Chile en los puestos de trabajo que los médicos chilenos no quieren ocupar?

Marx fue un filósofo, sociólogo, economista e historiador, en suma un humanista de altísimo  nivel que fue capaz, en 1848, en el Manifiesto Comunista, de describir  con una precisión absoluta el proceso de globalización en el que estamos sumidos en la actualidad. Su enorme obra intelectual  es reconocida en el mundo académico de las ciencias sociales, que puede distinguir  con facilidad su aporte teórico,  de los vaivenes  de la política contingente. Así lo aprendí en la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Acusarlo políticamente sería equivalente a acusar a Nietzsche o a Kelsen del Holocausto judío, porque hablaron de razas puras o de la amoralidad de la ley. 

El pensamiento marxista usa la dialéctica idealista de Hegel, no teme reconocer  la excelencia  del contrario, pero pone la mirada en la realidad y no en el mundo de las ideas y solamente por ello hablamos de materialismo dialéctico. Es por eso que se dice que Marx puso de cabeza a Hegel. Poner el intelecto en función de los problemas sociales: reconocer la existencia de clases discriminadas, desmontar los mecanismos que causan la desigualdad, mostrar los caminos para que la humanidad llegue a ser realmente humanidad, no admite críticas de ninguna especie. Es la teoría que  Cuba ha aplicado, y los resultados concretos  están a la vista, lo demás son interpretaciones, prejuicios, presunciones o discriminaciones arbitrarias que habría que probar.

Hay que pensar que la población de  Cuba es similar a la nuestra, y  es impensable que  los problemas de país puedan solucionarse con barquitos de ayuda, porque el desarrollo no está en los  bienes de consumo  sino en la educación, la cultura, el desarrollo científico, la industria, el compromiso social, el respeto y el cuidado del desvalido,  que no se transporta, porque nace, crece y se desarrolla en el terruño, como lo ha hecho Cuba. 

La filosofía nuestra de la limosna, de las teletones, de los coaniquenes, de las rifas de beneficencia,  es expresión neta de la incapacidad del Estado para resolver problemas acuciantes que son de su responsabilidad, y no sirve para la exportación, menos a Cuba, donde si hay algo que se ha mantenido incólume, ha sido el orgullo por la cubanía, única explicación de su resistencia a pesar de bloqueos, descalificaciones y menosprecios que, algún día, tendrán que cesar.

No tengo por qué dudar de la buena fe del autor del comentario y se agradece su objetividad  con los datos objetivos, pero hay que reconocer que de Cuba se sabe muy poco, y mi intención no es otra que la de dar a conocer lo que aprendí  a querer, en once años vividos en esa isla maravillosa.


* Embarques de esperanza. Revista TODOPIRQUE. Año XVI. Ed. 182, Agosto 2012, p 28

PD: Naturalmente, nunca publicado.

sábado, 28 de junio de 2014

Secos para el futbol

“Esta Copa de mierda nos arruinó. Quedó toda esa ‘resaca’ de uruguayos, chilenos, colombianos, argentinos, no sé de dónde. No pagan nada, están ‘secos’, no tienen un real, lloran por todo, quieren todo gratis.”

(De una prostituta de Copacabana a la agencia DPA sobre los efectos para su negocio del avance de las selecciones latinoamericanas en el Mundial.)

http://www.pagina12.com.ar/diario/principal/index.html

domingo, 22 de junio de 2014

Por qué renuncié al Partido Comunista.


El error de la democracia representativa ya lo resumió Rosa Luxemburgo cuando dijo que el partido sustituye a la sociedad, el comité central sustituye al partido y el secretario general sustituye al comité central. Y a la democracia participativa le ocurre como a las olas con el mar: solamente existe cuando hay viento, capaz de tomar decisiones en niveles bajos de complejidad.”


Queridos amigos y compañeros:

Con estas primeras palabras, oficiales en mi condición de candidato a diputado, quiero compartir con ustedes un pensamiento muy personal y un sentimiento muy íntimo. Con profunda emoción, comparto esta tribuna y esta candidatura con la querídisima compañera  Gladys Marín, una militante  comunista con una trayectoria política y personal intachable, marcada por una firmeza ideológica, una consecuencia  y  una valentía difíciles de imitar. Pero los caminos de la vida se entrecruzan y nos llevan a encrucijadas no previstas, a desafíos cada vez mayores.  Este es uno de ellos y lo asumo  como el más difícil que me ha tocado enfrentar en toda mi vida. Asumo este desafío con la garantía de tener un modelo a seguir, con la tranquilidad de saber lo que hay que hacer y con la natural  intranquilidad de no saber si podré hacerlo a la altura requerida.

            Enfrentar esta tarea significa dar un salto de calidad, subir un gran escalón  y asumir responsabilidades cada vez mayores en un campo nuevo, más amplio y más complejo que los anteriores. Pero no enfrentamos este desafío desarmados, lo hacemos  con las armas que hemos ido perfeccionando durante muchos años. Probando fuerzas en otros desafíos, hemos recibido muchas lecciones, hemos acertado y nos hemos equivocado, y alegrándonos por los triunfos o reconociendo  nuestros errores, hemos igualmente aprendido.

            Con una visión social que ha dejado atrás los intereses egoístas  y los enfoques estrechos que alguna vez pudimos haber tenido, pero por sobre todo con el convencimiento de que nada es posible sin la participación, sin el trabajo en equipo y sin el compromiso ideológico, hemos alcanzado la certeza de saber que no hay nada más gratificante que el trabajo social, porque no hay nada más importante que la gente, sus anhelos, sus problemas, es decir nosotros, nuestros anhelos, nuestros problemas. Solamente trabajando juntos podremos  resolverlos, para los comunistas no existe contradicción alguna entre los intereses personales y el interés colectivo.

            Por eso nos alegra y nos estimula el resultado del Plebiscito recién realizado en el Hospital Félix Bulnes Cerda, porque, a pesar de ser una primera experiencia de participación directa, más de mil vecinos y  casi cuatrocientos funcionarios entregaron su voto en pro de la salud y en rechazo a las políticas inhumanas aplicadas por el Gobierno. 

No de otra forma puede calificarse el maltrato evidente a nuestros pacientes, a pesar del esfuerzo abnegado y las jornadas agotadoras de los funcionarios tratando de suplir las carencias, también evidentes, de los recursos mínimos requeridos. Solamente  47 votantes aprobaron las políticas del Gobierno.

Desde aquí, públicamente, queremos reconocer el doble mérito de los funcionarios de nuestro Hospital que votaron, poniendo en riesgo sus remuneraciones y su propio empleo, porque la legislación actual así lo permite. De la misma forma queremos decirle, a quienes no votaron, que no tenemos crítica, que entendemos  la presión innoble a la que han sido sometidos. Tenemos plena conciencia de que estos resultados, por más favorables que sean, no nos dan poder resolutivo, pero este resultado es una advertencia clarísima al Gobierno del rechazo masivo que están generando sus políticas laborales y de salud.

            Anoche escuchaba a un dirigente poblacional de San Bernardo explicando a los concejales las diferencias entre un Cabildo  y un Plebiscito, refiriéndose al problema de la grave contaminación producida por el incendio de una industria química del sector. Nosotros no hemos tenido ese problema, realizamos el Cabildo y además el Plebiscito, y  por una razón muy simple: porque el Cabildo es información y socialización del problema y el Plebiscito es la posibilidad de expresar una opinión informada. Ambos eventos resumen entonces lo esencial de la democracia sin apellidos, que no es más que la libre expresión de los ciudadanos, independientemente de posiciones políticas, ideológicas o de cualquier otro origen, porque estos problemas nos afectan a todos, sin excepción de ninguna especie. Ni siquiera quienes, por su poder económico, se sienten ajenos, están libres de la contaminación, de la meningitis meningocócica, del SIDA, de la droga y de tantos otros males que acechan a esta sociedad.

            Recientemente, la Organización Panamericana de la Salud ha insistido en un viejo concepto: la inequidad es la clave en los males de la salud. Y nosotros ampliamos este concepto: la inequidad es la clave de todos los males sociales, es la causante directa de la falta  de oportunidades de todo tipo, educacionales, culturales, laborales, recreacionales, etc., todo lo cual redunda en la falta de participación real  de la gente en la solución de sus propios problemas. Esta inequidad no es un hecho espontáneo ni una condición temporal, propia de un determinado período. Es una política,  diseñada e implementada por los grupos de poder para conseguir esos objetivos de manera permanente, para impedir que las grandes mayorías tengan acceso al poder que ellos detentan. 

            Y así vemos como este país, con importantes niveles de crecimiento económico, no solamente no logra reducir la brecha entre ricos y pobres, sino que la profundiza, no logra poner estos avances al servicio de quienes realmente los generan, los trabajadores, ni de quienes realmente los necesitan:  los niños, los jóvenes, los ancianos, los discapacitados, los eternos discriminados de esta sociedad  marcada por el  consumismo egoísta y ciego, una sociedad que se ahoga en sus propios desperdicios.

            Revertir esta situación actual es extraordinariamente difícil, pero no imposible. Los comunistas nos atrevemos a creer, y creemos para crear y para crecer. Tenemos a nuestro favor, la fuerza de las ideas, la fuerza de nuestra concepciones humanistas, la fuerza de las mayorías, la fuerza de la unidad que las propias políticas antidemocráticas del Gobierno han ido generando. Este es nuestro capital, creamos en él  para poder crear  relaciones más humanas y más solidarias, para crecer  como personas y como sociedad.

            Para nadie es ya un misterio que el "temporerismo", que nació en el trabajo agrícola, está afectando a toda la clase trabajadora, incluida la técnica y profesional. Profesores, médicos del sistema primario y hospitalario, académicos universitarios, trabajadores de Obras Públicas entre muchos otros, identifican este grave peligro en  el eufemismo de la " gestión flexible del recurso humano " que aplica el Gobierno, y en la insistencia de no " colegislar ", que no es otra cosa que el no discutir los proyectos de Ley  con los trabajadores. Las leyes van así directamente del Gobierno al Parlamento en un lenguaje que sólo se aclara cuando la ley se aplica y demuestra, en la práctica y descarnadamente, su carácter antidemocrático. De allí la importancia de estar en el Parlamento, de participar en la discusión y en la aprobación  de leyes que realmente impongan la justicia y la equidad perdidas.

            Tenemos por delante, con todas las limitaciones que implica el sistema binominal y la coartación de las libertades que genera la propaganda masiva, la posibilidad  real de alcanzar mayores niveles de expresión y de decisión.

            En este sentido, la propuesta del Partido Comunista es una base firme y clara.

            La exigencia de una mejor distribución del ingreso, la reforma de las  leyes laborales y del  sistema eleccionario, además de  las exigencias de verdad y de justicia fueron, en su momento, una propuesta nacional por la que votó la gran mayoría de este país, puesto que estaban contenidas en el Programa de la Concertación. Propuesta demagógica que el propio Ministro del   Interior  se  ha encargado  de  aclarar,  más  allá  de  toda  duda,  al   declarar  que existían  “victorias amargas y derrotas dulces“, al referirse al rechazo de la oposición  a eliminar  los senadores designados. ¡Cómo no va a ser una derrota  dulce, si les permite seguir incumpliendo los compromisos  de su propio Programa !?

            Tal como históricamente ha quedado demostrado, la agudización de los procesos sociales ha ido separando las aguas de los grupos en conflicto. No puede caber duda alguna  que el gobierno ha decidido por la opción de la derecha. Sus políticas económicas lo venían demostrando cada vez con mayor claridad y sus recientes decisiones de política electoral no dejan lugar alguno a la incertidumbre.

            En este marco nos toca actuar, un marco desfavorable en muchos aspectos, pero muy favorable en otros, puesto que el Partido está hablando el lenguaje de la gente, está siendo la voz pública de sus exigencias y está mostrando el camino a seguir para revertir la situación actual de inquietud social  y de represión del gobierno.

            Es nuestra responsabilidad que este enfrentamiento pueda resolverse mediante el trabajo de masas, mediante la presión social  organizada, propositiva  y orientada con claridad a  responder a las urgentes necesidades de la población, a impedir que la represión llegue a cobrar víctimas inocentes en  quienes no hacen otra cosa que luchar por mejores condiciones de vida.

            Los candidatos del Partido Comunista ofrecemos  la garantía de nuestras historias personales y la historia del propio Partido al que nadie, ni sus peores enemigos, han podido acusar nunca de falta de compromiso social, de corrupción ni de aprovechamiento ilícito. La limpieza del Partido Comunista no está escrita en las paredes de una contienda electoral, está escrita en su historia de constante compromiso con la clase trabajadora, con los pobres, con los desposeídos.

             Compañeros y amigos:
            La palabra clave es la participación. Nada puede lograr un dirigente  si no recoge la esencia de los problemas que afligen a la sociedad y nada puede lograrse si la comunidad no actúa en consecuencia. Nadie vendrá de afuera a solucionar nuestros problemas, somos nosotros mismos quienes deberemos resolverlos. Repitamos, una y mil veces si es necesario, cabildos y plebiscitos hasta lograr el país que queremos, un país justo, solidario, respetuoso de las diferencias pero incansable en la búsqueda de la unidad en torno a los problemas reales. No aceptemos que nos dividan, la tarea futura es enorme y no queda otro camino que caminar juntos para enfrentarla.

Ese es nuestro compromiso, muchas gracias.


domingo, 15 de junio de 2014

La pizza es una ideología

–Oíme bien, Roque. Te voy a hablar con la sabiduría que dan los años. La pizza, la verdadera pizza, se hace con masa gruesa, mucha muzzarella y mucho picante, como un chimichurri. Tiene que ser grasienta. Se tiene que pedir en el mostrador y hay que comerla de parado, sosteniéndola con papel. Si seguís con ese producto, como hizo tu padre, nunca te van a faltar clientes. Además, no se trata solamente de guita, Roque. Aunque no lo creas, yo leí a don Antonio Gramsci. No me mirés con esa cara de bruto. No, no tenía pizzería. Pero tenía ideas. Y a las ideas, cuando se juntaban, les decía ideología. ¿Agarrás, pibe? Ideología. Grabate esto: la pizza de masa gruesa es una ideología. La de masa fina, otra. ¿Vos viste en lo que se está convirtiendo el mundo? Todo es flaco. Las minas son flacas. Los tipos son flacos. Todo es dietético. Nada tiene cuerpo, espesuridad. Todo es liguet.
–Creo que se dice lait, viejo.
–Es lo mismo. Lait, liguet, la misma mierda. Y eso me atrevería a decirte que empezó con la pizza. Acordate: primero te adelgazan la pizza, después te adelgazan a vos, después te tiran por el inodoro. El mundo que yo viví fue asesinado por la pizza a la piedra. La pizza de masa gruesa murió víctima del Imperio de la Flaquedad. Ahora, hijo mío, hasta le ponen pasto a la pizza.
-Albahaca, viejo.
-Albahaca, camarones, pulpitos, pepinos, tomates, lechuga, zanahoria, rúcula. Eso no es una pizza, pibe. Es una huerta con algunos bichitos de mar despistados. Vos seguí mi ideología: la única pizza verdadera es la de masa gruesa, muzzarella que se desborda, mucho aceite y punto. Cuando entrás a un lugar y te traen un menú con treinta y cuatro variedades de pizza, rajá. Es un antro de gente moderna. O sea, de putitas finas, de trolos de alta costura y de políticos afanancios.
–¿Qué?
–Afanancios. Chorros, pibe. ¿Vos nunca leíste Afanancio en el Rico Tipo? Lo dibujaba Mazzone. Qué tiempos, Roque. A una gorda le decían Pochita Morfoni. A un avivado, Avivato. A un falluto, Falluteli. A un preso que se fugaba, Piantadino. A un tano, Don Nicola. Imaginate. Se hablaba con la verdad. Con la verdad y hasta te diría: con poesía. Decime, ¿no es poético decirle Langostino a un navegante aventurero?
Al lector: Este sabroso texto –¿o no es sabrosa la pizza de masa gruesa con mucha muzzarella?– pertenece a la nouvelle: Grandeza y decadencia de Roque, el pizzero, que integra el libro Un diamante para el Don, cuentos y nouvelles, que publicará próximamente Planeta. JPF.