“La cultura revolucionaria se me aparece como una bandada de pájaros volando a cielo abierto; la bandada es siempre la misma, pero a cada instante su dibujo, el orden de sus componentes, el ritmo del vuelo van cambiando, la bandada asciende y desciende, traza sus curvas en el espacio, inventa de continuo un maravilloso dibujo, lo borra y empieza otro nuevo, y es siempre la misma bandada y en esa bandada están los mismos pájaros, y eso a su manera es la cultura de los pájaros, su júbilo de libertad en la creación, su fiesta continua”. (Cortázar)
jueves, 30 de octubre de 2014
viernes, 3 de octubre de 2014
Del por qué soy a-teo
Para Michel Onfray “No existe ningún término para calificar de modo positivo al que no rinde pleitesía a las quimeras fuera de esta construcción lingüística que exacerba la amputación: a-teo, pues, pero también in-fiel, a-gnóstico, des-creído, ir-religioso, in-crédulo, a-religioso, im-pío (¡el dios del ausente!) y todas las palabras que derivan de éstas: ir-religión, in-credulidad, im-piedad, etc. No hay ninguna para significar el aspecto solar, afirmativo, positivo, libre y fuerte del individuo ubicado más allá del pensamiento mágico y de las fábulas”.
Como escribe Daniel Dennett en otra obra imprescindible, Darwin’s Dangerous Idea (1995), (La peligrosa idea de Darwin, Círculo de lectores, 1999) el naturalista británico concibió una de las ideas más poderosas jamás desarrolladas por una mente humana: la evolución. Como un ácido que todo lo corroe, la evolución es capaz de explicar toda suerte de fenómenos naturales, desde la creación del universo hasta la mente humana, sin necesidad de recurrir a intervenciones divinas o a un “diseñador inteligente” encargado de poner en marcha la relojería del cosmos.The God Delusion, el polémico texto de Dawkins, utiliza la evolución darwiniana para concluir que, “casi con certeza, dios no existe”.
Fernando Vallejo no es un filósofo ni un científico, sino un ensayista literario que, apelando a la más pura tradición jacobina de América Latina, convierte al insulto en una de las bellas artes: “La puta, la gran puta, la grandísima puta, la santurrona, la simoníaca, la inquisidora, la falsificadora, la asesina, la fea, la loca, la mala; la del Santo Oficio y el Índice de Libros Prohibidos; la de las Cruzadas y la noche de San Bartolomé; la que saqueó Constantinopla y bañó de sangre Jerusalén; la que exterminó a albigenses y a los veinte mil habitantes de Beziers; la que arrasó con las culturas indígenas de América; la que quemó a Segarelli en Parma, a Juan Hus en Constanza y a Giordano Bruno en Roma; la detractora de la ciencia, la enemiga de la verdad, la adulteradora de la Historia; la perseguidora de judíos, la encendedora de hogueras, la quemadora de herejes y brujas…”.
Para Ayaan Hirsi Ali, “La única posición que me deja sin disonancias cognitivas es el ateísmo. No es un credo. La muerte es inevitable y reemplaza a la vez a las sirenas del paraíso y a las amenazas del infierno. La vida en esta tierra, con todo su misterio y su belleza y su dolor, debe ser vivida intensamente: caemos y nos levantamos, estamos tristes, confiados, inseguros, sentimos soledad y alegría y amor. No hay nada más; pero yo no quiero nada más”
Como escribe Daniel Dennett en otra obra imprescindible, Darwin’s Dangerous Idea (1995), (La peligrosa idea de Darwin, Círculo de lectores, 1999) el naturalista británico concibió una de las ideas más poderosas jamás desarrolladas por una mente humana: la evolución. Como un ácido que todo lo corroe, la evolución es capaz de explicar toda suerte de fenómenos naturales, desde la creación del universo hasta la mente humana, sin necesidad de recurrir a intervenciones divinas o a un “diseñador inteligente” encargado de poner en marcha la relojería del cosmos.The God Delusion, el polémico texto de Dawkins, utiliza la evolución darwiniana para concluir que, “casi con certeza, dios no existe”.
Fernando Vallejo no es un filósofo ni un científico, sino un ensayista literario que, apelando a la más pura tradición jacobina de América Latina, convierte al insulto en una de las bellas artes: “La puta, la gran puta, la grandísima puta, la santurrona, la simoníaca, la inquisidora, la falsificadora, la asesina, la fea, la loca, la mala; la del Santo Oficio y el Índice de Libros Prohibidos; la de las Cruzadas y la noche de San Bartolomé; la que saqueó Constantinopla y bañó de sangre Jerusalén; la que exterminó a albigenses y a los veinte mil habitantes de Beziers; la que arrasó con las culturas indígenas de América; la que quemó a Segarelli en Parma, a Juan Hus en Constanza y a Giordano Bruno en Roma; la detractora de la ciencia, la enemiga de la verdad, la adulteradora de la Historia; la perseguidora de judíos, la encendedora de hogueras, la quemadora de herejes y brujas…”.
Para Ayaan Hirsi Ali, “La única posición que me deja sin disonancias cognitivas es el ateísmo. No es un credo. La muerte es inevitable y reemplaza a la vez a las sirenas del paraíso y a las amenazas del infierno. La vida en esta tierra, con todo su misterio y su belleza y su dolor, debe ser vivida intensamente: caemos y nos levantamos, estamos tristes, confiados, inseguros, sentimos soledad y alegría y amor. No hay nada más; pero yo no quiero nada más”
sábado, 23 de agosto de 2014
Niños que huyen
Por Sandra Russo
En esa dimensión cultural que todavía llevamos incrustada en el sentido común, la de Estados Unidos sigue siendo una democracia ejemplarmente asociada a la idea de libertad. Pero hay datos duros de la realidad que ofrece un múltiple menú de problemáticas en las que se transparenta una decadencia global de “lo norteamericano”.
En una nota publicada esta semana en el diario mexicano La Jornada, Angel Guerra Cabrera comentaba las protestas de Missouri. por “causas conocidas hace tiempo por los que no nos creemos el cuento de la democracia estadounidense”. Un trazo grueso: en Ferguson, dos tercios de la población es negra, pero más del 95 por ciento de las fuerzas policiales están integradas por blancos; el alcalde es blanco; cinco de los seis concejales de la ciudad son blancos, además de que también son blancos los siete miembros de la Junta de Educación local. Otro trazo grueso: en 1997, una ley del Pentágono autorizó a las fuerzas armadas a pasar personal “sobrante” a las policías locales. Muchos pueblos del interior profundo de Estados Unidos son patrullados por hombres pertrechados y tanquetas de las que se pueden ver en Afganistán.
A principios de agosto, el norteamericano Tom Hayden escribió otra nota titulada “Hijos de las guerras”. Allí desplegaba información sobre la crisis de los menores inmigrantes, un tema enorme, complejo, increíblemente invisibilizado por los grandes medios. Las autoridades migratorias hablan de “militarizar” la frontera con México, donde decenas de miles de niños menores de edad, provenientes de países latinoamericanos en guerras no convencionales, esperan la deportación.
Esta es probablemente la crisis humanitaria más sigilosa de la historia.Desde hace meses, decenas de miles de niños centroamericanos huyen solos hacia la frontera norteamericana, atraviesan de diversas formas el territorio mexicano, y cuando llegan son capturados y encerrados en enormes galpones, donde se apiñan y esperan una decisión sobre sus destinos.
Hayden toma nota de la doble vara entre la recepción de niños cubanos en otras décadas –la CIA llegó a montar la Operación Peter Pan, una atroz acción psicológica que hizo creer a muchos padres cubanos que la revolución les quitaría la patria potestad y enviaría a sus niños a hacer trabajos forzados a la Unión Soviética; miles se lo creyeron–, a quienes la democracia norteamericana les abría los brazos para salvarlos del comunismo.
Ahora, a esta generación de niños que logran filtrarse por sus fronteras después de atravesar quién sabe qué infiernos, Estados Unidos no les da la bienvenida, esos 52 mil retenidos en la frontera de lo que hablan es del estruendoso fracaso de las políticas que, a instancias de Washington y bajo su propia concepción de los problemas latinoamericanos, tomaron en los últimos tiempos los gobiernos de Honduras, Guatemala y El Salvador.
Los contribuyentes norteamericanos estaban orgullosos de arrebatarle niños al comunismo; los contribuyentes actuales enfervorizan sus diatribas contra tener que hacerse cargo de esos niños. Siempre que se produce una corriente migratoria desesperada, como no puede serlo de otra manera el hecho de que miles y miles de niños sin hogar ni futuro en sus propios países marchen en masa hacia esa frontera, lo primero que habría que preguntarse es: ¿de qué huyen?
Muchos huyen de las pandillas, de las maras vinculadas con el narcotráfico, sobre todo los de El Salvador. Con un entretejido social devastado después de la intervención militar norteamericana en los ’80 –que dejó 75 mil muertos–, una generación creció sin padres, ni casa, ni educación, ni trabajo. Fue la primera generación que intentó emigrar a Estados Unidos, que primero los alentó a hacerlo. Pero miles de ellos fueron arrestados masivamente en Los Angeles y deportados nuevamente a El Salvador.
Habitantes de un país invivible y echados de otro país que manejaba los hilos, ésos fueron los primeros integrantes de las maras: los niños que crecieron en un país en el que el neoliberalismo había roto todas las redes de contención imaginables. Los niños que huyen ahora, más de una década después, probablemente estén intentando escapar de un destino cantado, que es el del delito al que ellos mismos serán obligados y del balazo en la nuca asegurado antes de llegar a los 30.
En Guatemala, también bajo el gobierno de Reagan, con la participación de su embajada y el apoyo de grupos católicos de ultraderecha, también se llevó a cabo una masacre que eliminó a unos 20 mil indígenas. Después, Clinton pidió disculpas, pero los muertos no resucitaron. De aquella época data el surgimiento de un enorme sector de huérfanos, cuyos hijos, ahora, son los que quieren sacar la cabeza.
Y en Honduras, como se recordará, en 2009 hubo un golpe de Estado y transcurrió silenciosamente la última masacre contra miles de campesinos y más de un centenar de periodistas por cuyos derechos ninguna organización vistosa del rubro reclamó. Miles de niños se quedaron solos. Esos son los que intentan escapar ahora.
El presidente Barack Obama, en tanto, a pesar de toda su aparente buena voluntad en materia de derechos, como el de la salud pública o las leyes migratorias, permanece encorsetado en un sistema de valores, en una cultura política que le lima día a día el poder. Es el poder político, en todo su significado: El Pentágono y el Departamento del Tesoro hacen lo suyo mientras, en el Congreso, los republicanos frenan una y otra vez las iniciativas presidenciales que fueron promesas de campaña y en consecuencia una obligación política de un presidente cuyo Nobel de la Paz licuó el significado de la paz.
No hay paz si no se respeta a los niños. A los de Honduras, los de Guatemala, los de El Salvador, los de Gaza, los de Costa de Marfil, los de Camerún, los de Eritrea, los de Sudán, los de Missouri. Son los niños y los jóvenes, hoy, en el mundo global, los más desguarnecidos, las generaciones abortadas antes de despuntar la adolescencia. Escapan de Centroamérica, escapan del Africa subsahariana, escapan de los lugares periféricos en los que el poder global dominante, en complicidad con pequeños sectores locales beneficiarios de cualquier desgracia, han destruido, antes que ninguna otra cosa, la política.
En toda esa parte del mundo, regida por lo que dicta Washington, cebada por la venta de armas, acechada por guerrillas confesionales, por pandillas sanguinarias, por reacciones fundamentalistas, los niños que escapan están diciendo que no tienen futuro, y lo están diciendo literalmente. Escapan para sobrevivir, y en ese caso deberían ser refugiados, no deportados. Pero serán devueltos. Si las vidas de esos niños no le interesan a nadie, de qué paz, de qué libertad, de qué valores algunos tienen el impudor de seguir hablando.
Extractado de: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-253621-2014-08-23.html
viernes, 11 de julio de 2014
Cuba forever
La revista TODOPIRQUE,
en su Comentario internacional*, entrega una visión del proceso social,
educacional, político y económico de Cuba en verdad incomprensible: por una
parte señala que la educación es pública, gratuita y cubre todo el país, que no
existe cesantía, que su sistema de salud es uno de los mejores de América
Latina… y le faltó señalar que la delincuencia no es un problema social,
que no existe mendicidad, ni niños aspirando neopreno, ni ancianos olvidados y
abusados en las casas de reposo y que, a pesar de todo, los cubanos son alegres como pocos ciudadanos del mundo,
con una simpatía que va más allá de sus privaciones.
Sabemos que la salud, de acuerdo con los criterios de la OMS, depende más de las condiciones socioeconómicas que de los sistemas de atención de salud. Estas solas consideraciones bastan para colegir que en Cuba no hay desnutrición, es decir, que están cubiertas las necesidades básicas de toda la población, lo que faltan son artículos suntuarios para sectores privilegiados, por la sencilla razón de que tales grupos no existen.
El modelo educativo cubano no es marxista, porque el marxismo nunca ha elaborado una pedagogía propia. El modelo educativo cubano es martiano, fue José Martí el creador de la pedagogía de estudio/trabajo, que ha permitido a los estudiantes cubanos un desarrollo integral, alejado de las drogas, del alcohol, amantes del deporte, porque su trabajo no es de explotación, sino formativo en la colaboración. Las Escuelas de Iniciación Deportiva, (EIDE) Musical, (EIM) Militar (Camilo Cienfuegos) y de preparación a los estudios superiores (Carlos Marx) son ejemplos a imitar y no a descalificar gratuitamente. Vemos los resultados y no nos preguntamos cómo se han logrado: el entrenador de Tomás González es un cubano.
Después de la histórica polémica que mantuviera Martí con Andrés Bello, quien propugnaba y logró consolidar en Chile un modelo de formación escolástica, despegado de la realidad, con “la letra entrando con sangre”, que en estos días demuestra finalmente sus resultados, con modelos educativos dispersos, mercantilistas, discriminadores y eternizadores de la desigualdad social, que nace de la educación segmentada según la capacidad económica familiar, es bueno tener una mirada en perspectiva, para no denostar una educación diferente, supuestamente marxista, con una connotación peyorativa sin asidero real.
Aun aceptando la presunción de una pedagogía marxista, tal parece que esta metodología es capaz, también, de formar médicos, enfermeras, arquitectos, ingenieros de todo tipo, escritores, poetas, educadores que, según los indicadores de la Organización Mundial de la Salud, de la Unicef, de Naciones Unidas y de otros organismos internacionales que no pueden ser acusados de marxistas, logran indicadores de excelencia en sus respectivas disciplinas. ¿Quién de nosotros no sabe, de fuente directa, de la enorme cantidad de médicos cubanos que se desempeña en Chile en los puestos de trabajo que los médicos chilenos no quieren ocupar?
Marx fue un filósofo, sociólogo, economista e historiador, en suma un humanista de altísimo nivel que fue capaz, en 1848, en el Manifiesto Comunista, de describir con una precisión absoluta el proceso de globalización en el que estamos sumidos en la actualidad. Su enorme obra intelectual es reconocida en el mundo académico de las ciencias sociales, que puede distinguir con facilidad su aporte teórico, de los vaivenes de la política contingente. Así lo aprendí en la Pontificia Universidad Católica de Chile.
Acusarlo políticamente sería equivalente a acusar a Nietzsche o a Kelsen del Holocausto judío, porque hablaron de razas puras o de la amoralidad de la ley.
El pensamiento marxista usa la dialéctica idealista de Hegel, no teme reconocer la excelencia del contrario, pero pone la mirada en la realidad y no en el mundo de las ideas y solamente por ello hablamos de materialismo dialéctico. Es por eso que se dice que Marx puso de cabeza a Hegel. Poner el intelecto en función de los problemas sociales: reconocer la existencia de clases discriminadas, desmontar los mecanismos que causan la desigualdad, mostrar los caminos para que la humanidad llegue a ser realmente humanidad, no admite críticas de ninguna especie. Es la teoría que Cuba ha aplicado, y los resultados concretos están a la vista, lo demás son interpretaciones, prejuicios, presunciones o discriminaciones arbitrarias que habría que probar.
Hay que pensar que la población de Cuba es similar a la nuestra, y es impensable que los problemas de país puedan solucionarse con barquitos de ayuda, porque el desarrollo no está en los bienes de consumo sino en la educación, la cultura, el desarrollo científico, la industria, el compromiso social, el respeto y el cuidado del desvalido, que no se transporta, porque nace, crece y se desarrolla en el terruño, como lo ha hecho Cuba.
La filosofía nuestra de la limosna, de las teletones, de los coaniquenes, de las rifas de beneficencia, es expresión neta de la incapacidad del Estado para resolver problemas acuciantes que son de su responsabilidad, y no sirve para la exportación, menos a Cuba, donde si hay algo que se ha mantenido incólume, ha sido el orgullo por la cubanía, única explicación de su resistencia a pesar de bloqueos, descalificaciones y menosprecios que, algún día, tendrán que cesar.
No tengo por qué dudar de la buena fe del autor del comentario y se agradece su objetividad con los datos objetivos, pero hay que reconocer que de Cuba se sabe muy poco, y mi intención no es otra que la de dar a conocer lo que aprendí a querer, en once años vividos en esa isla maravillosa.
Sabemos que la salud, de acuerdo con los criterios de la OMS, depende más de las condiciones socioeconómicas que de los sistemas de atención de salud. Estas solas consideraciones bastan para colegir que en Cuba no hay desnutrición, es decir, que están cubiertas las necesidades básicas de toda la población, lo que faltan son artículos suntuarios para sectores privilegiados, por la sencilla razón de que tales grupos no existen.
El modelo educativo cubano no es marxista, porque el marxismo nunca ha elaborado una pedagogía propia. El modelo educativo cubano es martiano, fue José Martí el creador de la pedagogía de estudio/trabajo, que ha permitido a los estudiantes cubanos un desarrollo integral, alejado de las drogas, del alcohol, amantes del deporte, porque su trabajo no es de explotación, sino formativo en la colaboración. Las Escuelas de Iniciación Deportiva, (EIDE) Musical, (EIM) Militar (Camilo Cienfuegos) y de preparación a los estudios superiores (Carlos Marx) son ejemplos a imitar y no a descalificar gratuitamente. Vemos los resultados y no nos preguntamos cómo se han logrado: el entrenador de Tomás González es un cubano.
Después de la histórica polémica que mantuviera Martí con Andrés Bello, quien propugnaba y logró consolidar en Chile un modelo de formación escolástica, despegado de la realidad, con “la letra entrando con sangre”, que en estos días demuestra finalmente sus resultados, con modelos educativos dispersos, mercantilistas, discriminadores y eternizadores de la desigualdad social, que nace de la educación segmentada según la capacidad económica familiar, es bueno tener una mirada en perspectiva, para no denostar una educación diferente, supuestamente marxista, con una connotación peyorativa sin asidero real.
Aun aceptando la presunción de una pedagogía marxista, tal parece que esta metodología es capaz, también, de formar médicos, enfermeras, arquitectos, ingenieros de todo tipo, escritores, poetas, educadores que, según los indicadores de la Organización Mundial de la Salud, de la Unicef, de Naciones Unidas y de otros organismos internacionales que no pueden ser acusados de marxistas, logran indicadores de excelencia en sus respectivas disciplinas. ¿Quién de nosotros no sabe, de fuente directa, de la enorme cantidad de médicos cubanos que se desempeña en Chile en los puestos de trabajo que los médicos chilenos no quieren ocupar?
Marx fue un filósofo, sociólogo, economista e historiador, en suma un humanista de altísimo nivel que fue capaz, en 1848, en el Manifiesto Comunista, de describir con una precisión absoluta el proceso de globalización en el que estamos sumidos en la actualidad. Su enorme obra intelectual es reconocida en el mundo académico de las ciencias sociales, que puede distinguir con facilidad su aporte teórico, de los vaivenes de la política contingente. Así lo aprendí en la Pontificia Universidad Católica de Chile.
Acusarlo políticamente sería equivalente a acusar a Nietzsche o a Kelsen del Holocausto judío, porque hablaron de razas puras o de la amoralidad de la ley.
El pensamiento marxista usa la dialéctica idealista de Hegel, no teme reconocer la excelencia del contrario, pero pone la mirada en la realidad y no en el mundo de las ideas y solamente por ello hablamos de materialismo dialéctico. Es por eso que se dice que Marx puso de cabeza a Hegel. Poner el intelecto en función de los problemas sociales: reconocer la existencia de clases discriminadas, desmontar los mecanismos que causan la desigualdad, mostrar los caminos para que la humanidad llegue a ser realmente humanidad, no admite críticas de ninguna especie. Es la teoría que Cuba ha aplicado, y los resultados concretos están a la vista, lo demás son interpretaciones, prejuicios, presunciones o discriminaciones arbitrarias que habría que probar.
Hay que pensar que la población de Cuba es similar a la nuestra, y es impensable que los problemas de país puedan solucionarse con barquitos de ayuda, porque el desarrollo no está en los bienes de consumo sino en la educación, la cultura, el desarrollo científico, la industria, el compromiso social, el respeto y el cuidado del desvalido, que no se transporta, porque nace, crece y se desarrolla en el terruño, como lo ha hecho Cuba.
La filosofía nuestra de la limosna, de las teletones, de los coaniquenes, de las rifas de beneficencia, es expresión neta de la incapacidad del Estado para resolver problemas acuciantes que son de su responsabilidad, y no sirve para la exportación, menos a Cuba, donde si hay algo que se ha mantenido incólume, ha sido el orgullo por la cubanía, única explicación de su resistencia a pesar de bloqueos, descalificaciones y menosprecios que, algún día, tendrán que cesar.
No tengo por qué dudar de la buena fe del autor del comentario y se agradece su objetividad con los datos objetivos, pero hay que reconocer que de Cuba se sabe muy poco, y mi intención no es otra que la de dar a conocer lo que aprendí a querer, en once años vividos en esa isla maravillosa.
* Embarques de esperanza.
Revista TODOPIRQUE. Año XVI. Ed. 182, Agosto 2012, p 28
PD: Naturalmente, nunca publicado.
PD: Naturalmente, nunca publicado.
sábado, 28 de junio de 2014
Secos para el futbol
“Esta Copa de mierda nos arruinó. Quedó toda esa ‘resaca’ de uruguayos, chilenos, colombianos, argentinos, no sé de dónde. No pagan nada, están ‘secos’, no tienen un real, lloran por todo, quieren todo gratis.”
(De una prostituta de Copacabana a la agencia DPA sobre los efectos para su negocio del avance de las selecciones latinoamericanas en el Mundial.)
domingo, 22 de junio de 2014
Por qué renuncié al Partido Comunista.
“El error de la democracia representativa ya lo resumió Rosa Luxemburgo cuando dijo que el partido sustituye a la sociedad, el comité central sustituye al partido y el secretario general sustituye al comité central. Y a la democracia participativa le ocurre como a las olas con el mar: solamente existe cuando hay viento, capaz de tomar decisiones en niveles bajos de complejidad.”
Queridos amigos y compañeros:
Con estas
primeras palabras, oficiales en mi condición de candidato a diputado, quiero compartir con
ustedes un pensamiento muy personal y un
sentimiento muy íntimo. Con profunda emoción, comparto esta tribuna y esta
candidatura con la querídisima compañera
Gladys Marín, una militante
comunista con una trayectoria política y personal intachable, marcada
por una firmeza ideológica, una consecuencia
y una valentía difíciles de
imitar. Pero los caminos de la vida se entrecruzan y nos llevan a encrucijadas
no previstas, a desafíos cada vez mayores.
Este es uno de ellos y lo asumo
como el más difícil que me ha tocado enfrentar en toda mi vida. Asumo
este desafío con la garantía de tener un modelo a seguir, con la tranquilidad
de saber lo que hay que hacer y con
la natural intranquilidad de no saber si podré
hacerlo a la altura requerida.
Enfrentar esta tarea significa dar
un salto de calidad, subir un gran escalón
y asumir responsabilidades cada vez mayores en un campo nuevo, más amplio
y más complejo que los anteriores. Pero
no enfrentamos este desafío desarmados, lo hacemos con las armas que hemos ido perfeccionando
durante muchos años. Probando fuerzas en otros desafíos, hemos recibido muchas
lecciones, hemos acertado y nos hemos equivocado, y alegrándonos por los triunfos o reconociendo nuestros errores, hemos igualmente aprendido.
Con una visión social que ha dejado
atrás los intereses egoístas y los
enfoques estrechos que alguna vez pudimos haber tenido, pero por sobre todo con el convencimiento de que nada es posible
sin la participación, sin el trabajo en
equipo y sin el compromiso ideológico, hemos alcanzado la certeza de saber que no hay nada más gratificante que el
trabajo social, porque no hay nada más importante que la gente, sus
anhelos, sus problemas, es decir
nosotros, nuestros anhelos, nuestros problemas. Solamente trabajando juntos
podremos resolverlos, para los
comunistas no existe contradicción alguna entre los intereses personales y el
interés colectivo.
Por eso nos alegra y nos estimula el
resultado del Plebiscito recién realizado en el Hospital Félix Bulnes Cerda,
porque, a pesar de ser una primera experiencia de participación directa, más de
mil vecinos y casi cuatrocientos
funcionarios entregaron su voto en pro de la salud y en rechazo a las políticas
inhumanas aplicadas por el Gobierno.
No
de otra forma puede calificarse el maltrato evidente a nuestros pacientes, a
pesar del esfuerzo abnegado y las jornadas agotadoras de los funcionarios
tratando de suplir las carencias, también evidentes, de los recursos mínimos
requeridos. Solamente 47 votantes
aprobaron las políticas del Gobierno.
Desde
aquí, públicamente, queremos reconocer el doble mérito de los funcionarios de
nuestro Hospital que votaron, poniendo en riesgo sus remuneraciones y su propio
empleo, porque la legislación actual así lo permite. De la misma forma queremos
decirle, a quienes no votaron, que no
tenemos crítica, que entendemos la
presión innoble a la que han sido sometidos. Tenemos plena conciencia de que
estos resultados, por más favorables que sean, no nos dan poder resolutivo,
pero este resultado es una advertencia clarísima al Gobierno del rechazo masivo
que están generando sus políticas laborales y de salud.
Anoche escuchaba a un dirigente
poblacional de San Bernardo explicando a los concejales las diferencias entre
un Cabildo y un Plebiscito, refiriéndose
al problema de la grave contaminación producida por el incendio de una
industria química del sector. Nosotros no hemos tenido ese problema, realizamos
el Cabildo y además el Plebiscito,
y por una razón muy simple: porque el
Cabildo es información y socialización del problema y el Plebiscito es la
posibilidad de expresar una opinión informada. Ambos eventos resumen entonces
lo esencial de la democracia sin apellidos, que no es más que la libre
expresión de los ciudadanos, independientemente de posiciones políticas,
ideológicas o de cualquier otro origen, porque estos problemas nos afectan a
todos, sin excepción de ninguna especie.
Ni siquiera quienes, por su poder económico, se sienten ajenos, están
libres de la contaminación, de la meningitis meningocócica, del SIDA, de la
droga y de tantos otros males que acechan a esta sociedad.
Recientemente, la Organización
Panamericana de la Salud ha insistido en un viejo concepto: la inequidad es la
clave en los males de la salud. Y nosotros
ampliamos este concepto: la inequidad es la clave de todos los males sociales, es la causante directa de la falta de oportunidades de todo tipo, educacionales,
culturales, laborales, recreacionales, etc., todo lo cual redunda en la falta
de participación real de la gente en la
solución de sus propios problemas. Esta inequidad no es un hecho espontáneo ni una condición temporal, propia de un
determinado período. Es una política, diseñada e implementada por los grupos de
poder para conseguir esos objetivos de manera permanente, para impedir que las grandes mayorías tengan acceso al
poder que ellos detentan.
Y así vemos como este país, con
importantes niveles de crecimiento económico, no solamente no logra
reducir la brecha entre ricos y pobres, sino que la profundiza, no logra poner estos avances al
servicio de quienes realmente los generan, los trabajadores, ni de quienes
realmente los necesitan: los niños, los
jóvenes, los ancianos, los discapacitados, los eternos discriminados de esta
sociedad marcada por el consumismo egoísta y ciego, una sociedad que
se ahoga en sus propios desperdicios.
Revertir esta situación actual es
extraordinariamente difícil, pero no
imposible. Los comunistas nos
atrevemos a creer, y creemos
para crear y para crecer. Tenemos a nuestro favor, la
fuerza de las ideas, la fuerza de nuestra concepciones humanistas, la fuerza de
las mayorías, la fuerza de la unidad que las propias políticas antidemocráticas
del Gobierno han ido generando. Este
es nuestro capital, creamos en él para poder crear relaciones más humanas
y más solidarias, para crecer como personas y como sociedad.
Para nadie es ya un misterio que el
"temporerismo", que nació en el trabajo agrícola, está afectando a toda la clase trabajadora, incluida la
técnica y profesional. Profesores, médicos del sistema primario y hospitalario,
académicos universitarios, trabajadores de Obras Públicas entre muchos otros, identifican
este grave peligro en el eufemismo de la
" gestión flexible del recurso
humano " que aplica el
Gobierno, y en la insistencia de no "
colegislar ", que no es otra cosa que el no discutir los proyectos de Ley
con los trabajadores. Las leyes van así directamente del Gobierno al
Parlamento en un lenguaje que sólo se
aclara cuando la ley se aplica y demuestra, en la práctica y descarnadamente, su carácter antidemocrático. De
allí la importancia de estar en el
Parlamento, de participar en la discusión y en la aprobación de leyes que realmente impongan la justicia y
la equidad perdidas.
Tenemos por delante, con todas las
limitaciones que implica el sistema binominal y la coartación de las libertades
que genera la propaganda masiva, la
posibilidad real de alcanzar mayores
niveles de expresión y de decisión.
En este sentido, la propuesta del
Partido Comunista es una base firme y clara.
La exigencia de una mejor
distribución del ingreso, la reforma de las
leyes laborales y del sistema
eleccionario, además de las exigencias
de verdad y de justicia fueron, en su momento, una propuesta nacional por la que votó la gran mayoría de este país,
puesto que estaban contenidas en el Programa de la Concertación. Propuesta
demagógica que el propio Ministro del
Interior se ha encargado
de aclarar, más
allá de toda
duda, al declarar
que existían “victorias amargas y
derrotas dulces“, al referirse al rechazo de la oposición a eliminar
los senadores designados. ¡Cómo no va a ser una derrota dulce, si les permite seguir incumpliendo los
compromisos de su propio Programa !?
Tal como históricamente ha quedado
demostrado, la agudización de los procesos sociales ha ido separando las aguas
de los grupos en conflicto. No puede caber duda alguna que el gobierno ha decidido por la opción de
la derecha. Sus políticas económicas lo venían demostrando cada vez con mayor
claridad y sus recientes decisiones de política electoral no dejan lugar alguno
a la incertidumbre.
En este marco nos toca actuar, un
marco desfavorable en muchos aspectos, pero
muy favorable en otros, puesto que el Partido está hablando el lenguaje de la
gente, está siendo la voz pública de sus exigencias y está mostrando el
camino a seguir para revertir la situación actual de inquietud social y de represión del gobierno.
Es nuestra responsabilidad que este
enfrentamiento pueda resolverse mediante el trabajo de masas, mediante la presión social organizada, propositiva y orientada con claridad a responder a las urgentes necesidades de la
población, a impedir que la represión llegue a cobrar víctimas inocentes
en quienes no hacen otra cosa que luchar
por mejores condiciones de vida.
Los candidatos del Partido Comunista
ofrecemos la garantía de nuestras historias personales y la
historia del propio Partido al que nadie, ni sus peores enemigos, han podido
acusar nunca de falta de compromiso social, de corrupción ni de aprovechamiento
ilícito. La limpieza del Partido Comunista no
está escrita en las paredes de una
contienda electoral, está escrita en su historia de constante compromiso con la
clase trabajadora, con los pobres, con los desposeídos.
Compañeros y amigos:
La palabra clave es la
participación. Nada puede lograr un dirigente
si no recoge la esencia de los problemas que afligen a la sociedad y
nada puede lograrse si la comunidad no actúa en consecuencia. Nadie vendrá de
afuera a solucionar nuestros problemas, somos nosotros mismos quienes deberemos
resolverlos. Repitamos, una y mil veces
si es necesario, cabildos y plebiscitos hasta lograr el país que queremos,
un país justo, solidario, respetuoso de las diferencias pero incansable en la
búsqueda de la unidad en torno a los problemas reales. No aceptemos que nos
dividan, la tarea futura es enorme y no queda otro camino que caminar juntos
para enfrentarla.
Ese es
nuestro compromiso, muchas gracias.
domingo, 15 de junio de 2014
La pizza es una ideología
–Oíme bien, Roque. Te voy a hablar con la sabiduría que dan los
años. La pizza, la verdadera pizza, se hace con masa gruesa, mucha muzzarella y
mucho picante, como un chimichurri. Tiene que ser grasienta. Se tiene que pedir
en el mostrador y hay que comerla de parado, sosteniéndola con papel. Si seguís
con ese producto, como hizo tu padre, nunca te van a faltar clientes. Además,
no se trata solamente de guita, Roque. Aunque no lo creas, yo leí a don Antonio
Gramsci. No me mirés con esa cara de bruto. No, no tenía pizzería. Pero tenía
ideas. Y a las ideas, cuando se juntaban, les decía ideología. ¿Agarrás, pibe?
Ideología. Grabate esto: la pizza de masa gruesa es una ideología. La de masa
fina, otra. ¿Vos viste en lo que se está convirtiendo el mundo? Todo es flaco.
Las minas son flacas. Los tipos son flacos. Todo es dietético. Nada tiene
cuerpo, espesuridad. Todo es liguet.
–Creo que se dice lait, viejo.
–Es lo mismo. Lait, liguet, la misma mierda. Y eso me atrevería a
decirte que empezó con la pizza. Acordate: primero te adelgazan la pizza,
después te adelgazan a vos, después te tiran por el inodoro. El mundo que yo
viví fue asesinado por la pizza a la piedra. La pizza de masa gruesa murió
víctima del Imperio de la Flaquedad. Ahora, hijo mío, hasta le ponen pasto a la
pizza.
-Albahaca, viejo.
-Albahaca, camarones, pulpitos, pepinos, tomates, lechuga,
zanahoria, rúcula. Eso no es una pizza, pibe. Es una huerta con algunos
bichitos de mar despistados. Vos seguí mi ideología: la única pizza verdadera
es la de masa gruesa, muzzarella que se desborda, mucho aceite y punto. Cuando
entrás a un lugar y te traen un menú con treinta y cuatro variedades de pizza,
rajá. Es un antro de gente moderna. O sea, de putitas finas, de trolos de alta
costura y de políticos afanancios.
–¿Qué?
–Afanancios. Chorros, pibe. ¿Vos nunca leíste Afanancio en el Rico
Tipo? Lo dibujaba Mazzone. Qué tiempos, Roque. A una gorda le decían Pochita
Morfoni. A un avivado, Avivato. A un falluto, Falluteli. A un preso que se
fugaba, Piantadino. A un tano, Don Nicola. Imaginate. Se hablaba con la verdad.
Con la verdad y hasta te diría: con poesía. Decime, ¿no es poético decirle
Langostino a un navegante aventurero?
Al lector: Este sabroso texto –¿o no es sabrosa la pizza de masa
gruesa con mucha muzzarella?– pertenece a la nouvelle: Grandeza y decadencia de
Roque, el pizzero, que integra el libro Un diamante para el Don, cuentos y
nouvelles, que publicará próximamente Planeta. JPF.
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