La única foto que publicó El Mercurio, de mi dilatado desempeño de dirigente de base del Colegio Médico y de la Federación Nacional de Trabajadores de la Salud
domingo, 8 de marzo de 2015
Lo prestado
Mis manos, que un día descubrí que no eran mías,
tendré que devolverlas, ajadas por el uso, pero sabias en caricias, en guitarra
y cirugías. Sólo un par de puñetazos, que dejaron cicatrices, están en su
prontuario. Me ayudaron a vivir, que duda cabe, y me apena tener que
abandonarlas. Sólo espero, que aún desmenuzadas y mezcladas con la tierra,
guarden la memoria del tiempo compartido.
martes, 17 de febrero de 2015
Accidente laboral
Hoy asistí a un juicio de indemnización por un accidente
laboral. (El Chile real duele)
A mi mano derecha, la mesa de la demandante: la víctima, un
muchacho moreno, con la vista perdida, con una enorme cicatriz en su cabeza,
visible a pesar de su pelo rebelde, y la cara deformada por la caída de altura.
Tuvo que repetir dos veces su nombre, no recordó el número de su Carnet de
Identidad. Sus abogados, dos letrados jóvenes, de los que harían falta unos
tres para sumar mi edad.
A mi mano izquierda, la mesa de la demandada: el dueño de la
empresa constructora, un gringo alto, blanco y rubio, imperturbable, la abogada
de su Empresa constructora, el abogado de la Compañía Aseguradora, el abogado
del Ministerio de Obras Públicas y el abogado del Consejo de Defensa del Estado
(era una obra concesionada)
El empresariado, el sector financiero y el Gobierno,
doblemente representado, todos contra el
que les da de comer, de vestir, de andar en Lexus o en Audi, el trabajador
que genera la riqueza aunque no lo sepa, mezquinando una compensación económica
que no supera los ingresos de un mes del equipo que se la niega.
La ley debería, algún día, castigar la insensibilidad.
sábado, 29 de noviembre de 2014
Comme une petite coquelicot.
¿Por qué se ama lo simple, lo frágil, lo no perfecto? ¿Será porque
imaginas que lo simple, lo frágil, necesita de ti? ¿Cuánto se tarda en entender que nada, ni nadie, es simple, que
nada es frágil, que nada es perfecto, que todo es una invención de aquel que necesita sentirse
necesitado? Sólo cuando las máscaras empiezan a caer es cuando empiezas a
entender que no eres dueño de la complejidad, que la complejidad es compartida,
que también está en el otro, sólo que es diferente, desconocida. Que cuando la
vida fluye, conocemos lo que queremos conocer, que son las caídas las que
rompen la cáscara idealizada y nos muestran lo que no quisimos ver. Y esa es
una nueva batalla, la de asumir que lo desconocido estaba donde no lo
imaginabas, dentro de ti. Una batalla que nos hace comprender por qué amar
duele, por qué nada es para siempre, por qué nos zumbaba ese moscardón dentro del
pecho como alarma ensordinada cada vez que el pensar irrumpía en el sentir ¿Qué
nos pudo hacer pensar que algo podía ser para siempre, si la vida no está
escrita, si nadie puede saber lo que puede suceder en el minuto siguiente, y al
que tal vez nunca lleguemos? ¿En qué libro leímos esa profecía
absurda, si nadie viene desde el futuro a advertirnos nada? Algún día tendremos
que asumir que somos sólo presente, un lugar donde no se puede vivir sin
recuerdos y esperanzas, un lugar dónde
sólo se puede vivir con recuerdos que alimenten esperanzas. Y que al final sólo
queda armar, o amar, la vida, día a día.
jueves, 30 de octubre de 2014
Poética política
“La cultura revolucionaria se me aparece como una bandada de pájaros volando a cielo abierto; la bandada es siempre la misma, pero a cada instante su dibujo, el orden de sus componentes, el ritmo del vuelo van cambiando, la bandada asciende y desciende, traza sus curvas en el espacio, inventa de continuo un maravilloso dibujo, lo borra y empieza otro nuevo, y es siempre la misma bandada y en esa bandada están los mismos pájaros, y eso a su manera es la cultura de los pájaros, su júbilo de libertad en la creación, su fiesta continua”. (Cortázar)
viernes, 3 de octubre de 2014
Del por qué soy a-teo
Para Michel Onfray “No existe ningún término para calificar de modo positivo al que no rinde pleitesía a las quimeras fuera de esta construcción lingüística que exacerba la amputación: a-teo, pues, pero también in-fiel, a-gnóstico, des-creído, ir-religioso, in-crédulo, a-religioso, im-pío (¡el dios del ausente!) y todas las palabras que derivan de éstas: ir-religión, in-credulidad, im-piedad, etc. No hay ninguna para significar el aspecto solar, afirmativo, positivo, libre y fuerte del individuo ubicado más allá del pensamiento mágico y de las fábulas”.
Como escribe Daniel Dennett en otra obra imprescindible, Darwin’s Dangerous Idea (1995), (La peligrosa idea de Darwin, Círculo de lectores, 1999) el naturalista británico concibió una de las ideas más poderosas jamás desarrolladas por una mente humana: la evolución. Como un ácido que todo lo corroe, la evolución es capaz de explicar toda suerte de fenómenos naturales, desde la creación del universo hasta la mente humana, sin necesidad de recurrir a intervenciones divinas o a un “diseñador inteligente” encargado de poner en marcha la relojería del cosmos.The God Delusion, el polémico texto de Dawkins, utiliza la evolución darwiniana para concluir que, “casi con certeza, dios no existe”.
Fernando Vallejo no es un filósofo ni un científico, sino un ensayista literario que, apelando a la más pura tradición jacobina de América Latina, convierte al insulto en una de las bellas artes: “La puta, la gran puta, la grandísima puta, la santurrona, la simoníaca, la inquisidora, la falsificadora, la asesina, la fea, la loca, la mala; la del Santo Oficio y el Índice de Libros Prohibidos; la de las Cruzadas y la noche de San Bartolomé; la que saqueó Constantinopla y bañó de sangre Jerusalén; la que exterminó a albigenses y a los veinte mil habitantes de Beziers; la que arrasó con las culturas indígenas de América; la que quemó a Segarelli en Parma, a Juan Hus en Constanza y a Giordano Bruno en Roma; la detractora de la ciencia, la enemiga de la verdad, la adulteradora de la Historia; la perseguidora de judíos, la encendedora de hogueras, la quemadora de herejes y brujas…”.
Para Ayaan Hirsi Ali, “La única posición que me deja sin disonancias cognitivas es el ateísmo. No es un credo. La muerte es inevitable y reemplaza a la vez a las sirenas del paraíso y a las amenazas del infierno. La vida en esta tierra, con todo su misterio y su belleza y su dolor, debe ser vivida intensamente: caemos y nos levantamos, estamos tristes, confiados, inseguros, sentimos soledad y alegría y amor. No hay nada más; pero yo no quiero nada más”
Como escribe Daniel Dennett en otra obra imprescindible, Darwin’s Dangerous Idea (1995), (La peligrosa idea de Darwin, Círculo de lectores, 1999) el naturalista británico concibió una de las ideas más poderosas jamás desarrolladas por una mente humana: la evolución. Como un ácido que todo lo corroe, la evolución es capaz de explicar toda suerte de fenómenos naturales, desde la creación del universo hasta la mente humana, sin necesidad de recurrir a intervenciones divinas o a un “diseñador inteligente” encargado de poner en marcha la relojería del cosmos.The God Delusion, el polémico texto de Dawkins, utiliza la evolución darwiniana para concluir que, “casi con certeza, dios no existe”.
Fernando Vallejo no es un filósofo ni un científico, sino un ensayista literario que, apelando a la más pura tradición jacobina de América Latina, convierte al insulto en una de las bellas artes: “La puta, la gran puta, la grandísima puta, la santurrona, la simoníaca, la inquisidora, la falsificadora, la asesina, la fea, la loca, la mala; la del Santo Oficio y el Índice de Libros Prohibidos; la de las Cruzadas y la noche de San Bartolomé; la que saqueó Constantinopla y bañó de sangre Jerusalén; la que exterminó a albigenses y a los veinte mil habitantes de Beziers; la que arrasó con las culturas indígenas de América; la que quemó a Segarelli en Parma, a Juan Hus en Constanza y a Giordano Bruno en Roma; la detractora de la ciencia, la enemiga de la verdad, la adulteradora de la Historia; la perseguidora de judíos, la encendedora de hogueras, la quemadora de herejes y brujas…”.
Para Ayaan Hirsi Ali, “La única posición que me deja sin disonancias cognitivas es el ateísmo. No es un credo. La muerte es inevitable y reemplaza a la vez a las sirenas del paraíso y a las amenazas del infierno. La vida en esta tierra, con todo su misterio y su belleza y su dolor, debe ser vivida intensamente: caemos y nos levantamos, estamos tristes, confiados, inseguros, sentimos soledad y alegría y amor. No hay nada más; pero yo no quiero nada más”
sábado, 23 de agosto de 2014
Niños que huyen
Por Sandra Russo
En esa dimensión cultural que todavía llevamos incrustada en el sentido común, la de Estados Unidos sigue siendo una democracia ejemplarmente asociada a la idea de libertad. Pero hay datos duros de la realidad que ofrece un múltiple menú de problemáticas en las que se transparenta una decadencia global de “lo norteamericano”.
En una nota publicada esta semana en el diario mexicano La Jornada, Angel Guerra Cabrera comentaba las protestas de Missouri. por “causas conocidas hace tiempo por los que no nos creemos el cuento de la democracia estadounidense”. Un trazo grueso: en Ferguson, dos tercios de la población es negra, pero más del 95 por ciento de las fuerzas policiales están integradas por blancos; el alcalde es blanco; cinco de los seis concejales de la ciudad son blancos, además de que también son blancos los siete miembros de la Junta de Educación local. Otro trazo grueso: en 1997, una ley del Pentágono autorizó a las fuerzas armadas a pasar personal “sobrante” a las policías locales. Muchos pueblos del interior profundo de Estados Unidos son patrullados por hombres pertrechados y tanquetas de las que se pueden ver en Afganistán.
A principios de agosto, el norteamericano Tom Hayden escribió otra nota titulada “Hijos de las guerras”. Allí desplegaba información sobre la crisis de los menores inmigrantes, un tema enorme, complejo, increíblemente invisibilizado por los grandes medios. Las autoridades migratorias hablan de “militarizar” la frontera con México, donde decenas de miles de niños menores de edad, provenientes de países latinoamericanos en guerras no convencionales, esperan la deportación.
Esta es probablemente la crisis humanitaria más sigilosa de la historia.Desde hace meses, decenas de miles de niños centroamericanos huyen solos hacia la frontera norteamericana, atraviesan de diversas formas el territorio mexicano, y cuando llegan son capturados y encerrados en enormes galpones, donde se apiñan y esperan una decisión sobre sus destinos.
Hayden toma nota de la doble vara entre la recepción de niños cubanos en otras décadas –la CIA llegó a montar la Operación Peter Pan, una atroz acción psicológica que hizo creer a muchos padres cubanos que la revolución les quitaría la patria potestad y enviaría a sus niños a hacer trabajos forzados a la Unión Soviética; miles se lo creyeron–, a quienes la democracia norteamericana les abría los brazos para salvarlos del comunismo.
Ahora, a esta generación de niños que logran filtrarse por sus fronteras después de atravesar quién sabe qué infiernos, Estados Unidos no les da la bienvenida, esos 52 mil retenidos en la frontera de lo que hablan es del estruendoso fracaso de las políticas que, a instancias de Washington y bajo su propia concepción de los problemas latinoamericanos, tomaron en los últimos tiempos los gobiernos de Honduras, Guatemala y El Salvador.
Los contribuyentes norteamericanos estaban orgullosos de arrebatarle niños al comunismo; los contribuyentes actuales enfervorizan sus diatribas contra tener que hacerse cargo de esos niños. Siempre que se produce una corriente migratoria desesperada, como no puede serlo de otra manera el hecho de que miles y miles de niños sin hogar ni futuro en sus propios países marchen en masa hacia esa frontera, lo primero que habría que preguntarse es: ¿de qué huyen?
Muchos huyen de las pandillas, de las maras vinculadas con el narcotráfico, sobre todo los de El Salvador. Con un entretejido social devastado después de la intervención militar norteamericana en los ’80 –que dejó 75 mil muertos–, una generación creció sin padres, ni casa, ni educación, ni trabajo. Fue la primera generación que intentó emigrar a Estados Unidos, que primero los alentó a hacerlo. Pero miles de ellos fueron arrestados masivamente en Los Angeles y deportados nuevamente a El Salvador.
Habitantes de un país invivible y echados de otro país que manejaba los hilos, ésos fueron los primeros integrantes de las maras: los niños que crecieron en un país en el que el neoliberalismo había roto todas las redes de contención imaginables. Los niños que huyen ahora, más de una década después, probablemente estén intentando escapar de un destino cantado, que es el del delito al que ellos mismos serán obligados y del balazo en la nuca asegurado antes de llegar a los 30.
En Guatemala, también bajo el gobierno de Reagan, con la participación de su embajada y el apoyo de grupos católicos de ultraderecha, también se llevó a cabo una masacre que eliminó a unos 20 mil indígenas. Después, Clinton pidió disculpas, pero los muertos no resucitaron. De aquella época data el surgimiento de un enorme sector de huérfanos, cuyos hijos, ahora, son los que quieren sacar la cabeza.
Y en Honduras, como se recordará, en 2009 hubo un golpe de Estado y transcurrió silenciosamente la última masacre contra miles de campesinos y más de un centenar de periodistas por cuyos derechos ninguna organización vistosa del rubro reclamó. Miles de niños se quedaron solos. Esos son los que intentan escapar ahora.
El presidente Barack Obama, en tanto, a pesar de toda su aparente buena voluntad en materia de derechos, como el de la salud pública o las leyes migratorias, permanece encorsetado en un sistema de valores, en una cultura política que le lima día a día el poder. Es el poder político, en todo su significado: El Pentágono y el Departamento del Tesoro hacen lo suyo mientras, en el Congreso, los republicanos frenan una y otra vez las iniciativas presidenciales que fueron promesas de campaña y en consecuencia una obligación política de un presidente cuyo Nobel de la Paz licuó el significado de la paz.
No hay paz si no se respeta a los niños. A los de Honduras, los de Guatemala, los de El Salvador, los de Gaza, los de Costa de Marfil, los de Camerún, los de Eritrea, los de Sudán, los de Missouri. Son los niños y los jóvenes, hoy, en el mundo global, los más desguarnecidos, las generaciones abortadas antes de despuntar la adolescencia. Escapan de Centroamérica, escapan del Africa subsahariana, escapan de los lugares periféricos en los que el poder global dominante, en complicidad con pequeños sectores locales beneficiarios de cualquier desgracia, han destruido, antes que ninguna otra cosa, la política.
En toda esa parte del mundo, regida por lo que dicta Washington, cebada por la venta de armas, acechada por guerrillas confesionales, por pandillas sanguinarias, por reacciones fundamentalistas, los niños que escapan están diciendo que no tienen futuro, y lo están diciendo literalmente. Escapan para sobrevivir, y en ese caso deberían ser refugiados, no deportados. Pero serán devueltos. Si las vidas de esos niños no le interesan a nadie, de qué paz, de qué libertad, de qué valores algunos tienen el impudor de seguir hablando.
Extractado de: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-253621-2014-08-23.html
viernes, 11 de julio de 2014
Cuba forever
La revista TODOPIRQUE,
en su Comentario internacional*, entrega una visión del proceso social,
educacional, político y económico de Cuba en verdad incomprensible: por una
parte señala que la educación es pública, gratuita y cubre todo el país, que no
existe cesantía, que su sistema de salud es uno de los mejores de América
Latina… y le faltó señalar que la delincuencia no es un problema social,
que no existe mendicidad, ni niños aspirando neopreno, ni ancianos olvidados y
abusados en las casas de reposo y que, a pesar de todo, los cubanos son alegres como pocos ciudadanos del mundo,
con una simpatía que va más allá de sus privaciones.
Sabemos que la salud, de acuerdo con los criterios de la OMS, depende más de las condiciones socioeconómicas que de los sistemas de atención de salud. Estas solas consideraciones bastan para colegir que en Cuba no hay desnutrición, es decir, que están cubiertas las necesidades básicas de toda la población, lo que faltan son artículos suntuarios para sectores privilegiados, por la sencilla razón de que tales grupos no existen.
El modelo educativo cubano no es marxista, porque el marxismo nunca ha elaborado una pedagogía propia. El modelo educativo cubano es martiano, fue José Martí el creador de la pedagogía de estudio/trabajo, que ha permitido a los estudiantes cubanos un desarrollo integral, alejado de las drogas, del alcohol, amantes del deporte, porque su trabajo no es de explotación, sino formativo en la colaboración. Las Escuelas de Iniciación Deportiva, (EIDE) Musical, (EIM) Militar (Camilo Cienfuegos) y de preparación a los estudios superiores (Carlos Marx) son ejemplos a imitar y no a descalificar gratuitamente. Vemos los resultados y no nos preguntamos cómo se han logrado: el entrenador de Tomás González es un cubano.
Después de la histórica polémica que mantuviera Martí con Andrés Bello, quien propugnaba y logró consolidar en Chile un modelo de formación escolástica, despegado de la realidad, con “la letra entrando con sangre”, que en estos días demuestra finalmente sus resultados, con modelos educativos dispersos, mercantilistas, discriminadores y eternizadores de la desigualdad social, que nace de la educación segmentada según la capacidad económica familiar, es bueno tener una mirada en perspectiva, para no denostar una educación diferente, supuestamente marxista, con una connotación peyorativa sin asidero real.
Aun aceptando la presunción de una pedagogía marxista, tal parece que esta metodología es capaz, también, de formar médicos, enfermeras, arquitectos, ingenieros de todo tipo, escritores, poetas, educadores que, según los indicadores de la Organización Mundial de la Salud, de la Unicef, de Naciones Unidas y de otros organismos internacionales que no pueden ser acusados de marxistas, logran indicadores de excelencia en sus respectivas disciplinas. ¿Quién de nosotros no sabe, de fuente directa, de la enorme cantidad de médicos cubanos que se desempeña en Chile en los puestos de trabajo que los médicos chilenos no quieren ocupar?
Marx fue un filósofo, sociólogo, economista e historiador, en suma un humanista de altísimo nivel que fue capaz, en 1848, en el Manifiesto Comunista, de describir con una precisión absoluta el proceso de globalización en el que estamos sumidos en la actualidad. Su enorme obra intelectual es reconocida en el mundo académico de las ciencias sociales, que puede distinguir con facilidad su aporte teórico, de los vaivenes de la política contingente. Así lo aprendí en la Pontificia Universidad Católica de Chile.
Acusarlo políticamente sería equivalente a acusar a Nietzsche o a Kelsen del Holocausto judío, porque hablaron de razas puras o de la amoralidad de la ley.
El pensamiento marxista usa la dialéctica idealista de Hegel, no teme reconocer la excelencia del contrario, pero pone la mirada en la realidad y no en el mundo de las ideas y solamente por ello hablamos de materialismo dialéctico. Es por eso que se dice que Marx puso de cabeza a Hegel. Poner el intelecto en función de los problemas sociales: reconocer la existencia de clases discriminadas, desmontar los mecanismos que causan la desigualdad, mostrar los caminos para que la humanidad llegue a ser realmente humanidad, no admite críticas de ninguna especie. Es la teoría que Cuba ha aplicado, y los resultados concretos están a la vista, lo demás son interpretaciones, prejuicios, presunciones o discriminaciones arbitrarias que habría que probar.
Hay que pensar que la población de Cuba es similar a la nuestra, y es impensable que los problemas de país puedan solucionarse con barquitos de ayuda, porque el desarrollo no está en los bienes de consumo sino en la educación, la cultura, el desarrollo científico, la industria, el compromiso social, el respeto y el cuidado del desvalido, que no se transporta, porque nace, crece y se desarrolla en el terruño, como lo ha hecho Cuba.
La filosofía nuestra de la limosna, de las teletones, de los coaniquenes, de las rifas de beneficencia, es expresión neta de la incapacidad del Estado para resolver problemas acuciantes que son de su responsabilidad, y no sirve para la exportación, menos a Cuba, donde si hay algo que se ha mantenido incólume, ha sido el orgullo por la cubanía, única explicación de su resistencia a pesar de bloqueos, descalificaciones y menosprecios que, algún día, tendrán que cesar.
No tengo por qué dudar de la buena fe del autor del comentario y se agradece su objetividad con los datos objetivos, pero hay que reconocer que de Cuba se sabe muy poco, y mi intención no es otra que la de dar a conocer lo que aprendí a querer, en once años vividos en esa isla maravillosa.
Sabemos que la salud, de acuerdo con los criterios de la OMS, depende más de las condiciones socioeconómicas que de los sistemas de atención de salud. Estas solas consideraciones bastan para colegir que en Cuba no hay desnutrición, es decir, que están cubiertas las necesidades básicas de toda la población, lo que faltan son artículos suntuarios para sectores privilegiados, por la sencilla razón de que tales grupos no existen.
El modelo educativo cubano no es marxista, porque el marxismo nunca ha elaborado una pedagogía propia. El modelo educativo cubano es martiano, fue José Martí el creador de la pedagogía de estudio/trabajo, que ha permitido a los estudiantes cubanos un desarrollo integral, alejado de las drogas, del alcohol, amantes del deporte, porque su trabajo no es de explotación, sino formativo en la colaboración. Las Escuelas de Iniciación Deportiva, (EIDE) Musical, (EIM) Militar (Camilo Cienfuegos) y de preparación a los estudios superiores (Carlos Marx) son ejemplos a imitar y no a descalificar gratuitamente. Vemos los resultados y no nos preguntamos cómo se han logrado: el entrenador de Tomás González es un cubano.
Después de la histórica polémica que mantuviera Martí con Andrés Bello, quien propugnaba y logró consolidar en Chile un modelo de formación escolástica, despegado de la realidad, con “la letra entrando con sangre”, que en estos días demuestra finalmente sus resultados, con modelos educativos dispersos, mercantilistas, discriminadores y eternizadores de la desigualdad social, que nace de la educación segmentada según la capacidad económica familiar, es bueno tener una mirada en perspectiva, para no denostar una educación diferente, supuestamente marxista, con una connotación peyorativa sin asidero real.
Aun aceptando la presunción de una pedagogía marxista, tal parece que esta metodología es capaz, también, de formar médicos, enfermeras, arquitectos, ingenieros de todo tipo, escritores, poetas, educadores que, según los indicadores de la Organización Mundial de la Salud, de la Unicef, de Naciones Unidas y de otros organismos internacionales que no pueden ser acusados de marxistas, logran indicadores de excelencia en sus respectivas disciplinas. ¿Quién de nosotros no sabe, de fuente directa, de la enorme cantidad de médicos cubanos que se desempeña en Chile en los puestos de trabajo que los médicos chilenos no quieren ocupar?
Marx fue un filósofo, sociólogo, economista e historiador, en suma un humanista de altísimo nivel que fue capaz, en 1848, en el Manifiesto Comunista, de describir con una precisión absoluta el proceso de globalización en el que estamos sumidos en la actualidad. Su enorme obra intelectual es reconocida en el mundo académico de las ciencias sociales, que puede distinguir con facilidad su aporte teórico, de los vaivenes de la política contingente. Así lo aprendí en la Pontificia Universidad Católica de Chile.
Acusarlo políticamente sería equivalente a acusar a Nietzsche o a Kelsen del Holocausto judío, porque hablaron de razas puras o de la amoralidad de la ley.
El pensamiento marxista usa la dialéctica idealista de Hegel, no teme reconocer la excelencia del contrario, pero pone la mirada en la realidad y no en el mundo de las ideas y solamente por ello hablamos de materialismo dialéctico. Es por eso que se dice que Marx puso de cabeza a Hegel. Poner el intelecto en función de los problemas sociales: reconocer la existencia de clases discriminadas, desmontar los mecanismos que causan la desigualdad, mostrar los caminos para que la humanidad llegue a ser realmente humanidad, no admite críticas de ninguna especie. Es la teoría que Cuba ha aplicado, y los resultados concretos están a la vista, lo demás son interpretaciones, prejuicios, presunciones o discriminaciones arbitrarias que habría que probar.
Hay que pensar que la población de Cuba es similar a la nuestra, y es impensable que los problemas de país puedan solucionarse con barquitos de ayuda, porque el desarrollo no está en los bienes de consumo sino en la educación, la cultura, el desarrollo científico, la industria, el compromiso social, el respeto y el cuidado del desvalido, que no se transporta, porque nace, crece y se desarrolla en el terruño, como lo ha hecho Cuba.
La filosofía nuestra de la limosna, de las teletones, de los coaniquenes, de las rifas de beneficencia, es expresión neta de la incapacidad del Estado para resolver problemas acuciantes que son de su responsabilidad, y no sirve para la exportación, menos a Cuba, donde si hay algo que se ha mantenido incólume, ha sido el orgullo por la cubanía, única explicación de su resistencia a pesar de bloqueos, descalificaciones y menosprecios que, algún día, tendrán que cesar.
No tengo por qué dudar de la buena fe del autor del comentario y se agradece su objetividad con los datos objetivos, pero hay que reconocer que de Cuba se sabe muy poco, y mi intención no es otra que la de dar a conocer lo que aprendí a querer, en once años vividos en esa isla maravillosa.
* Embarques de esperanza.
Revista TODOPIRQUE. Año XVI. Ed. 182, Agosto 2012, p 28
PD: Naturalmente, nunca publicado.
PD: Naturalmente, nunca publicado.
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