lunes, 18 de junio de 2012

Bello y los eruditos "a la violeta"


La definición de ley está contenida en el artículo primero del Código Civil que establece que “La ley es una declaración de la voluntad soberana, que manifestada en la forma prescrita por la constitución, manda, prohíbe o permite”


Pero esa definición es incorrecta, la correcta, la de Bello dice “La ley es una declaración de la voluntad soberana que, manifestada en la forma prescrita por la constitución, manda, prohíbe o permite”

¿Advirtió el error? Si…. Está en la primera coma. Y no es un detalle, a pesar de que otros, aun más desahogados, ni siquiera la ponen, pero la gramática no perdona. 

Sin embargo, la doctrina no advierte estas equivocaciones  y critica la  definición de Bello, no sólo en cuanto al fondo, por no dar claramente un concepto de ley,  sino también  en la forma, porque daría  a entender que manda, prohíbe o permite por estar manifestada en la forma prescrita por la constitución y no por ser una declaración de la voluntad soberana.

Veamos primero el fondo. Me pregunto: si alguien define una cosa, en este caso un concepto, explicando su origen, su forma y sus efectos, ¿no es esa acaso una definición completa?

Si Planiol la define como  una regla social obligatoria, establecida con carácter permanente por la autoridad pública y sancionada por la fuerza, entonces  no está mejorando la definición de Bello, está dando  otra  definición, distinta,  desde el ser, desde  la realidad en la que aparece la ley, en tanto Bello se está refiriendo al deber ser de la ley, que es  de su esencia.

La definición de Bello, como siempre, es una definición jurídica, que habría  que entenderla como si dijera:  la ley debería ser una declaración… etc., porque si no es la voluntad soberana  y es la autoridad la que la dicta,  entonces estamos en un problema, porque no siempre la autoridad expresa lo que la gente quiere, y esa es una realidad que, sin duda,  en los tiempos que corren,  se convierte en una  generalidad. 

En este caso, la mirada de Planiol y la de todos los críticos de la definición de ley de Bello están teniendo una mirada más bien sociológica  que jurídica. Cada quien puede elegir a su gusto, aunque la sociología jurídica, en su carácter interdisciplinario, nos permite aceptar ambas acepciones en una mirada dialéctica, de oposición de contrarios, al poner un pie en el derecho positivo y el otro en  el realismo jurídico.

Veamos ahora la forma. La oración de Bello es compuesta y está construida a la perfección. Consta de una oración principal, o rutina, y un subproceso aislable, o subrutina, inserta en la rutina, u  oración-contexto. 

¿Cómo podemos diferenciar la rutina de la subrutina? Fácil, la rutina aislada conserva su coherencia gramatical, la subrutina se descontextualiza y la pierde. Veamos:

“La ley es una declaración de la voluntad soberana que manda prohíbe o permite” Inteligible: Rutina
“manifestada en la forma prescrita por la constitución” Ininteligible: Subrutina

Trátase entonces de una gramática que da a entender que la ley manda, prohíbe o permite por ser una declaración de la voluntad soberana y que, secundariamente, se perfecciona por estar manifestada en la forma prescrita por la constitución.

Un profesor de gramática como Don Andrés no puede ser acusado por "los eruditos a la violeta* ", de no distinguir lo sustantivo de lo adjetivo.


"Los eruditos a la violeta". «Curso completo de todas las ciencias, dividido en siete lecciones, para los siete días de la semana, publicado en obsequio de los que pretenden saber mucho estudiando poco».  José Cadalso y Vázquez de Andrade. 1772

sábado, 16 de junio de 2012

Lo querido

Dr. Ernesto López Letucet Director Provincial de Salud de Matanzas, Cuba 
Dr. José Ramón Molina Presidente del Consejo Nacional de Sociedades Científicas de Cuba
Dr. Rafael Trinchet Presidente de la Sociedad Cubana de Cirugía Pediátrica
Dr. Francisco Berchi Presidente de la Sociedad Iberoamericana de Cirugía Pediátrica. 

Colegas y amigos:

Permítanme, en primer lugar, entregar un saludo fraterno al doctor Crisanto Abad Cerulia, personificando en él a todos aquellos que hicieron posible este encuentro. De la misma manera saludar, en los doctores Arnold Coran y Tom Lobe, a todos aquellos participantes extranjeros que vinieron, remontando reticencias, y por qué no decirlo, tal vez temores, dada la actual situación de riesgo que vive esta isla, amenazada por el gobierno de la mayor potencia económica y militar del orbe, los Estados Unidos de Norteamérica que, a falta de argumentos reales, inteligentes, objetivos, recurre a la estigmatización propia del medioevo, a los oscuros significados de un eje del mal que, atravesando el mundo, alcanza y hiere a Cuba.

Por tal razón, y más allá de los aportes y del intercambio de experiencias en materias con un hondo contenido humanista y solidario como lo son los temas de la cirugía pediátrica y neonatal, con todo su significado de protección del ser humano en su etapa más dependiente y desvalida, valoramos la realización de este evento como un aporte intelectual en pro de la paz y de la vida y en contra de la guerra y de la muerte, que otros persiguen con tanto ahinco como irracionalidad y desmesura.

Lo que está en riesgo en Cuba no es su azúcar, ni su petróleo, ni su turismo, ni su níquel.Lo que está en grave riesgo son los valores humanos de cada uno de los cubanos que hacen posible, día a día, este proceso de justicia social que nadie ha podido desmentir.

Hubiese querido que ustedes nos hubieran acompañado en la visita que hicimos ayer a mi Matanzas (y digo mi Matanzas porque en ella viví durante once años), que hubiesen compartido con nosotros la emoción del reencuentro con Xiomara, Cira, Mercedes, Silvia, enfermeras del Hospital Pediátrico, con Aymee Ruiz, su directora, con el doctor Orlando López, intensivista de excelencia, digno de la mejor unidad de terapia intensiva de cualquier lugar del mundo, con el doctor Julio Font Tio, cirujano de larga y destacada trayectoria que continua trabajando y produciendo como si por él no pasaran los años, con el doctor Felipe Suárez Senespleda, entrañable colega, profesor y amigo, con Onelia, Clarita y Alfredo, vecinos del Reparto Camilo Cienfuegos, y tantos otros imposibles de nombrar pero igualmente recordados, todos ellos inagotables en su capacidad de expresar afecto sin restricciones.


Ante esta geografía humana, que se repite en cualquier rincón de Cuba, cabe preguntarse entonces: ¿Dónde está el origen de tanto encono en contra de un país pequeño, sin grandes recursos materiales que ha resuelto lo que las grandes potencias no pueden o no quieren resolver: la salud, la educación, una vida digna, en suma, para todos sus habitantes?

Es el pensamiento de Cuba, la forma de enfrentar y de resolver sus problemas lo que incomoda a sus detractores.No es por nada que Bertrand Russell definiera al pensar como una actividad peligrosa para el orden establecido, como una actividad subversiva, al poner en riesgo la acumulación del capital y la concentración de la educación y la cultura en las elites de cada sociedad.

Cuba ha sido subversiva, se ha declarado rebelde y ese es su crimen.

Ojala que, al volver a nuestros países, guardemos un rinconcito de nuestro pensamiento y de nuestro corazón para Cuba, para no abandonarla, para denunciar, dondequiera que sea, el crimen de lesa humanidad que implicaría la aniquilación de este proceso y la destrucción de esta isla, que debería ser declarada por los hombres de bien de todo el mundo, como patrimonio cultural de la humanidad.

Muchas gracias.

Dr. Hernán Lechuga Farias 
Varadero, Cuba  
21 de junio de 2003

viernes, 8 de junio de 2012

De Descartes a Máynez

La realidad tiene una complejidad infinita, imposible de conocer de un sólo plumazo, y de eso es consciente Buda, cuyo inmovilismo y obesidad son consecuencia de intentar captar el mundo sin dividirlo en sus partes, como lo intenta Descartes. Émulos contemporáneos de Buda son Persio, de Cortázar, que intenta tener una instantánea del total de los trenes que circulan por Francia, en un sólo segundo y Funes el memorioso, de Borges, que recuerda minuciosamente cada instante de su vida pasada.Un par de locos diría un pragmático, pero un par de locos lindos, diría un filósofo.

Está claro que ambas son miradas distintas, intentos de saber,  que tienen sus propias ventajas y sus propias debilidades: el pensamiento budista ha logrado el conocimiento de sí mismo, pero sólo puede echar a volar la imaginación, el cartesiano ha hecho volar los aviones, pero nos dificulta conocer nuestro interior.

Pero, los extremos se juntan, y tal parece que  Zaratustra tenía razón cuando vaticinó que "cuando los pájaros de metal crucen los cielos, Oriente invadirá a Occidente" y efectivamente, el pensamiento oriental, la necesidad de volver a uno mismo después de la extrema extroversión hacia las cosas materiales del mundo occidental , parece ser una necesidad sentida por muchos, que acuden al yoga, al tai chi, a la meditación trascendental y a las artes marciales, con un alto contenido filosófico, en tanto los más pragmáticos igualmente trabajan por un desarrollo, por lo menos, a escala humana.

Pero, ¿qué tendrá que ver Descartes con Máynez, aparte naturalmente de compartir ambos una mirada científica occidental, la de dividir para conocer?

Así como Descartes dedica una mirada a cada parcela de la realidad que ha logrado separar, única forma de simplificar su estudio, así Máynez logra hacer confluir las distintas miradas que fueron apareciendo, históricamente, en la comprensión del fenómeno jurídico, desde las ideas puras, que nos anteceden y parecen flotar entre nosotros dictando nuestras conductas, pasando por  una mirada humana respecto de lo  justo de esas predestinaciones, hasta terminar en la realidad, que lleva estas elucubraciones a eso mismo, a la realidad, al consenso, al acuerdo.

Parafraseando a Foucault, Máynez convierte en sincronía, dialogante, la diacronía de la historia, poniendo en un solo plano los tres círculos que nacen en distintos tiempos y circunstancias, pero que conservan su validez, porque no son sino formas de mirar la realidad, no son la realidad misma.

En cualquier cruce del jardín de los senderos que se bifurcan, de Borges, pueden encontrarse y conversar, don Aristóteles, monsieur Descartes y el licenciado Máynez, como viejos amigos. Una maravilla, un punto de luz en una realidad que sigue manteniendo, imperturbable, su complejidad.


jueves, 7 de junio de 2012

De Aristóteles a Máynez



Aristóteles, en su Etica nicomaquea, nos dice que "Lo equitativo, al ser justo, no es justo según la ley, sino un correctivo  de la justicia legal. La razón de ello es que la ley es siempre algo general, y que hay casos de especie tal que no es posible formular para ellos un enunciado general que se aplique con certeza. Asi vemos claramente lo que es equitativo, que lo equitativo es justo y que es superior a cierta clase de lo justo"

Distinguimos así tres clases de justicia que, abusando del lenguaje, podemos catalogar como la justicia legal, la justicia justa y la justicia equitativa. Diríamos ahora, la justicia del iuspositivismo, la justicia del iusnaturalismo y la justicia del realismo jurídico, una distinción avizorada por Erlich, al inicio del siglo XX, al inaugurar una nueva ciencia interdisciplinaria, la sociología jurídica. 

Erlich planteó que: " El centro de gravedad del desarrollo del derecho, no reside en la legislación, ni en la ciencia jurídica, ni en la jurisprudencia, sino en la sociedad misma", que siendo los fenómenos jurídicos fenómenos sociales, dondequiera que la sociología jurídica perciba la existencia de algún tipo de derecho, estará ahí para investigar ese fenómeno, como fenómeno social jurídico.

Esa misma relación es la que grafica Máynez, en su teoria de los tres círculos, mil quinientos cincuenta y tantos años después de Aristóteles, y es  talvez la misma que subyace en la sana crítica de nuestra reforma penal, donde la ciencia escrita debe pasar por el tamiz de la lógica que permite juzgar su justicia en el caso específico, y por el de la experiencia, que no es otra cosa que la realidad repetida.









miércoles, 23 de mayo de 2012

El aborto terapéutico no se puede prohibir...

Lo primero que debieran hacer quienes pontifican en el tema, es, como se hacía antes, definir los términos y si no están definidos, acordarlos.

Don Andrés Bello viene en nuestra ayuda, desde la noche de los tiempos que tenían, por lo visto, más claridades y erudición que los días actuales. En su artículo 21 del Código Civil (1855), señala que "Las palabras técnicas de toda ciencia o arte se tomarán en el sentido que le den los que profesan la misma ciencia o arte, a menos que aparezca claramente que se han tomado en sentido diverso".

Así los médicos, y yo fui uno de ellos, entendíamos por aborto terapéutico la interrupción de la vida del embrión o del feto cuando su existencia ponía en riesgo la vida de la madre, y no como una intervención dirigida a su mortificación, sino como un efecto colateral del tratamiento exigido por la afección de la madre. Y eso sucedía, y sigue sucediendo, solamente en tres ocasiones: en el embarazo ectópico, habitualmente tubario, en la eclampsia grave, caracterizada por hipertensión severa y convulsiones y en la infección grave del huevo, es decir, en el acúmulo de pus en la cavidad uterina.

Ninguna mente medianamente equilibrada exigiría una norma legal para impedir la explosión de la trompa en el embarazo tubario, para extirpar la placenta cuyas secreciones generan hipertensión maligna en la eclampsia o para vaciar el abceso uterino en la infección del huevo, y de hecho se hizo y se hace sin que hasta el momento haya habido médicos encarcelados por ello.

No existe razón alguna, por lo tanto, para legislar al respecto, y si se legisla, deberán utilizarse los términos adecuados, al viejo estilo de don Andrés. Si el tema son los abortos por violación, o el embarazo adolescente, o infantil, o la multiparidad en la pobreza, o los embarazos de las monjas, o el embarazo con el vecino demasiado blanco o demasiado negro, o la viabilidad del producto de la concepción, en ocasiones una masa informe de células que "late", único requisito que un distinguido parlamentario exige para protegerlo aunque sea una mola hidatidiforme, que de humano sólo tiene su origen, o un bebé descerebrado (que hay que descontinuar porque puede llegar a ser parlamentario), entonces no se hable más de aborto terapéutico.

La otra mirada es legal. Los defensores de la vida desde el Parlamento deberían recordar que la jerarquía de las leyes no solamente se establece por los quorum necesarios para aprobarlas, sino que también los artículos constitucionales se ordenan de mayor a menor jerarquía, elemento de trabajo útil para interpretar las preponderancias respectivas.

Así, el primer sustantivo del primer artículo de la primera ley de la República, la Constitución, es PERSONA, y en su inciso cuarto establece que el Estado está al servicio de la PERSONA, y el feto o el embrión no son personas, porque están pendiendo del cumplimiento de una condición: nacer vivo, la más riesgosa de las eventualidades en la vida de los seres vivos intrauterinos, tanto que es más probable morir que nacer, alguien ha dicho con razón que somos los sobrevivientes del parto. Y el asesino del 80% de los productos incipientes de la concepción es... la selección natural o el tata Dios, según sea el enfoque, científico causalista o teológico finalista, porque alguien tiene que hacerse cargo de esos millones de abortos realmente terapéuticos del embrión malformado, que se producen diariamente y que el organismo de la madre expulsa sin preguntarle a nadie y sin necesidad de discusión parlamentaria.

Los que rasgan vestiduras por el huevo recién fertilizado basan su defensa en una frase escueta, del artículo 19: "La ley protege la vida del que está por nacer", una especie de acertijo que hay que resolver, aunque el sentido común diría que estar por nacer debería corresponder a un feto de cinco o seis meses que puede sobrevivir con ayuda médica intensiva, de ser expulsado de la matriz, pero difícilmente decimos que está por llegar el que está preparando viaje para dentro de nueve meses. Si don Andrés hubiera redactado el artículo, y hubiera dicho,por ejemplo, el producto de la concepción, nada de esto estaría sucediendo.

En resumen, ante la disyuntiva de sacrificar una PERSONA que existe, que forma parte de una familia, que tiene obligaciones, que atiende a otros hijos, que ha creado afectos, por la de un ser vivo que no es aún PERSONA, no es realmente una disyuntiva, es lo que es en la actualidad, una forma inicua de utilizar un tema con fines electorales, que como dijo el padre Goic, atinado como siempre, es un desatino.

La vida de los volantines



Volantines…Algunos  se quedan en el cielo, llevándose las cartas y haciendo despedidas de pañuelo.
Otros, desgarrados  por espinas, en el aire desguazados o estrellados en el suelo, sólo cumplen su destino,
de muerte,  cruz y madero,  que son parte de su esencia,  que están dentro de su juego.

Volantines …Rugidores de chupete o pechugas sugerentes,  aún la tímida ñeclita, encumbrada y temblorosa, desde el aire me saludan.
El pavo, lento y solemne, al cielo lleva colores; el choncho,  pariente pobre, al cielo lleva noticias.

Algunos van desviados…  de aros y  con  colita. Torpe, enjuta la cometa, ¡si parece institutriz!

El bizcocho?... vistoso… y equilibrado, ¡si parece un arlequín!
Desequilibrado?...  ¡el chileno!:  con el hilo bien curado, con su azul… contaminado, con su estrella… solitaria, con su nieve… intervenida,  y la sangre...?  va corriendo del  volantin, a su ancho,
desaguando en las cunetas, impregnándose en la tierra, de izquierda por la derecha, de cordillera a mar,
como quieras, es el  volantin  espejo de la historia verdadera

Arriba están Pascua Lama y los efedieciséis, nunca lo olvides.
Abajo, el mar y los peces que nos comen y alimentan, soldados y pescadores.
Al centro y arrodillado…  un niño triste… me mira.
Luego mira al cielo y llora
Por su azul contaminado, Por su nieve intervenida
Por  su  estrella  solitaria,  por su sangre derramada
…por su volantin,  perdido
                                                                                                                 (Antonio, Pablo y Mario, gracias)
                                                                                                                                           Vuelvoalsur, 2006

domingo, 20 de mayo de 2012

El árbol de la Constitución


El enorme aporte conceptual, e icónico, de la pirámide de Kelsen, ha sufrido críticas e interpretaciones que tienden a desdibujarla. ¿Cómo es eso que la norma fundamental, la constitución, siendo el gran paraguas del resto de la normativa, se vea transformada  en un punto,  que carece de extensión? ¿Cómo es que la norma fundamental se alimenta de una especie de nube difusa, celestial, que es la norma  hipotética fundamental? ¿Cómo es que coexisten, en esa nube cuestiones materiales, valóricas supremas,  codeándose con normas internacionales de derechos humanos, variables  y en discusión? 

No es menor  el que esas imágenes nos recuerden al ojo del Gran hermano, desde la cumbre de la pirámide masónica, un ícono perfecto del paradigma del  dominio del derecho, que en estos días  parece poner en su verdadera  y escasa dimensión los del iuspositivismo en su estrechez  y del iusnaturalismo  en su utopía.

Invertir la pirámide parecía  ser una solución, al otorgarle a la constitución la máxima extensión, sólo que  eso trae dos problemas aparejados  en este intento de graficar  conceptos: el primero, que la pirámide invertida es el máximo ejemplo de  inestabilidad de los cuerpos inmóviles, y así lo enseñan las artes marciales orientales, cuya sabiduría filosófica no puede ser puesta en duda, y la segunda, que la nube conceptual, que sigue estando en el cielo, podría aumentar su inestabilidad al poner el acento en distintas materias, o gráficamente, en distintos lugares de la nube.

Y vale la pena recordar que la nube la agregó Kelsen en su exilio, para impedir que otro Führer decretara en el futuro el genocidio de acuerdo a la Constitución, y que, en consecuencia, es un parche ideológico nacido de la cruda realidad y no de la idílica abstracción de la pirámide. 

Por eso, el papel de la constitución, una especie de vía única que une y relaciona los valores supremos con las conductas diarias, se parece más al tronco de un árbol, que, enraizado firmemente en el suelo, recoge de él la savia conceptual que hace llegar a los distintos niveles de su ramaje, que la materializan en los frutos, o en las leyes, para el beneficio de las personas.

Y cualquier ingeniero agrónomo, es más, cualquier campesino,  sabe que un pino o un álamo no resisten la tormenta  que si resiste una araucaria o una lenga o un alerce, y la explicación queda a la vista cuando el árbol cae: los árboles nativos tienen raíces profundas, los árboles  extranjeros  tienen raíces superficiales. Y  saben también ambos el perjuicio que generan los pinos, que hacen  infértil la tierra en la que se plantan, pero que producen enormes réditos a quienes los explotan, ambos efectos  deletéreos  para el ciudadano común.

La sabia naturaleza parece advertirnos de la inconveniencia de importar árboles y constituciones  extranjeras bajo el pretexto de la economía y del derecho comparado, si no se tienen en consideración las características del terreno y del clima, ni las  idiosincrasias de los pueblos.

Pero, tal parece que nuestra teoría ya necesita críticas e interpretaciones, pero que en este caso no la desdibujan, sino que  le entregan nuevas posibilidades de iconografía conceptual (una redundancia porque el lenguaje iconográfico es conceptual, ideográfico, en contraposición al lenguaje nomotético, analítico, propio de la ciencia: un carácter chino es ideográfico, una letra es nomotética, creo yo)

La corrección consiste en que, así como el árbol de la vida, la Thuja occidentalis se puede convertir en arbusto si se poda   para impedir su crecimiento, la vid, un arbusto o planta rastrera, se puede transformar en árbol si se cuida mediante tutores, que la elevan por sobre nuestras cabezas. Que mejor ejemplo de una planta que requiere de nuestros cuidados para  ofrecer sus frutos, que pueden servir  de alimento, relajación, inspiración o borrachera, eso, a nuestra elección. Como las leyes, que alimentan, relajan, inspiran o producen borrachera de poder.

Y la vid tiene otra aptitud que parece ser única, la de absorber del terreno donde enraíza, los colores, sabores y olores de árboles y arbustos frutales en su vecindad, de allí los toques frutales que los inexpertos solamente podemos leer en las etiquetas del vino, pero que los iniciados disfrutan en plenitud. A eso podría llamársele  derecho comparado, porque nutre nuestro árbol constitucional con nuevos sabores, sin invadirlo.

¡Salud!