Estas payas recibieron el Primer Premio en en Concurso Anual de la Facultad de Derecho de la Universidad Bolivariana realizado en la BOLIFONDA 2012
Brindo por la Bolivariana,
que siento como mi casa,
pero en el examen de grado...
vamos a ver lo que pasa...
Y si la cosa se pone dura,
que me acompañen: Boaventura,
San Agustín y la suerte,
que no estoy para vivir
una segunda muerte.
Y si no le achunto al caso
y cacho que no hay conflicto,
porque niuna de las partes
tiene razón en su empeño ,
entonces dicto sentencia:
Están toos equivocaos,
vuelvan por donde vinieron,
vayan a joder a otro lao.
Para todos los que escuchan,
estudiosos del conflicto
y de las instituciones,
les voy a dar un consejo:
no se me pongan güeones
los mejores abogados
no suelen usar el seso,
porque de tanto estudiar
se van volviendo algo lesos.
Por eso, en lo principal,
hay que ser más relajados,
y usarlo de vez en cuando:
(al cerebro me refiero)
siempre y cuando
estén mojados...
Y pa’ terminar la paya,
que se va poniendo fome,
regálenme el choripán
que ésta boca...
hace tiempo que no come.
Y como ando manejando,
y por tanto,
me preocupa el alcotest,
dejen caer una chela,
la primera de unas tres...
porque a más ya no me animo,
no vaya a ser que me pille
volando bajo y mareao
un amigo del camino...
Y no quiero más conflictos
ni que me aconseje el juez
Sean felices. H
domingo, 16 de septiembre de 2012
jueves, 16 de agosto de 2012
Bello: un notario vale por dos testigos.
Las polémicas y las interpretaciones que causa don Andrés con el uso de la "o", que algunos interpretan como equivalencia y otros como alternativa, como en los contratos o convenciones, tambien se originan en el artículo 1014, referido al testamento solemne, el que "debe otorgarse ante competente escribano y tres testigos, o ante cinco testigos"
La mayoría de la doctrina se inclina por una opción sin mucho sentido común, que en Bello sobra: que el testador nuncupativo puede elegir tener tres o cinco testigos, además del notario. No se aclara por qué no cuatro, que es mejor que tres, (porque no tiene que ser impar, puesto que los testigos no votan ni ganan por mayoría)
La otra opción, al parecer minoritaria, considera que el testador puede elegir entre dos posibilidades igualmente válidas: (un notario + tres testigos), o (cinco testigos).
Para los que sustentan esta opción, la clave es, como siempre, gramatical, y depende de una coma, antepuesta a la "o", como sucede en este caso, que nos está diciendo: osea, lo que es lo mismo que, cinco testigos.
Y en la duda, hay que ir a la fuente: el Diccionario de la Lengua Española, de la R.A.E, que nos aclara que la "o", en su primera acepción, cuando no lleva antepuesta la coma, es una conjunción disyuntiva, que es signo de alternativa, "Pedro o Juan", así también sucede en su segunda acepción: "Lo harás de buen o de mal grado" , pero en su tercera acepción, cuando lleva la coma antepuesta, es signo de equivalencia "El protagonista, o el personaje principal..."
De lo anterior, podemos concluir que el notario, o el juez de letras, en su caso, si bien es una de las solemnidades del acto, puede ser suplido por dos testigos más, para un total de cinco.
La mayoría de la doctrina se inclina por una opción sin mucho sentido común, que en Bello sobra: que el testador nuncupativo puede elegir tener tres o cinco testigos, además del notario. No se aclara por qué no cuatro, que es mejor que tres, (porque no tiene que ser impar, puesto que los testigos no votan ni ganan por mayoría)
La otra opción, al parecer minoritaria, considera que el testador puede elegir entre dos posibilidades igualmente válidas: (un notario + tres testigos), o (cinco testigos).
Para los que sustentan esta opción, la clave es, como siempre, gramatical, y depende de una coma, antepuesta a la "o", como sucede en este caso, que nos está diciendo: osea, lo que es lo mismo que, cinco testigos.
Y en la duda, hay que ir a la fuente: el Diccionario de la Lengua Española, de la R.A.E, que nos aclara que la "o", en su primera acepción, cuando no lleva antepuesta la coma, es una conjunción disyuntiva, que es signo de alternativa, "Pedro o Juan", así también sucede en su segunda acepción: "Lo harás de buen o de mal grado" , pero en su tercera acepción, cuando lleva la coma antepuesta, es signo de equivalencia "El protagonista, o el personaje principal..."
De lo anterior, podemos concluir que el notario, o el juez de letras, en su caso, si bien es una de las solemnidades del acto, puede ser suplido por dos testigos más, para un total de cinco.
ANTÍFONAS
No soy creyente, o tal vez lo soy al estilo de la iglesia primitiva, la de los conventículos gnósticos que querían entender por el entendimiento, por la razón y no por la fe, y por eso siempre me ha intrigado el acto de la misa, que no puedo interpretar sino como un intento de diálogo con lo desconocido, pero mediado por seres de carne y hueso que se autoproclaman médiums de este contacto, entre el Mesías y sus ovejas.
Las antífonas que se cantan en la misa esperando su llegada, expresan por su variedad, las diferentes cualidades del Mesías y las diversas necesidades del linaje humano:
El hombre es desde su caída un insensato privado casi de razón y sin gusto hacia los verdaderos bienes; su conducta inspira horror y compasión y necesita la sabiduría.
El hombre es desde su caída esclavo del demonio, y tiene necesidad de un poderoso Libertador.
El hombre desde su caída está vendido a la iniquidad, y necesita un Redentor.
El hombre es desde su caída un preso encerrado en la cárcel tenebrosa del error y de la muerte, y necesita una llave para salir.
Él es ciego desde su caída, y necesita un sol que le ilumine
El hombre desde su caída está enteramente mancillado, y necesita un santificador
El hombre es desde su caída como una gran ruina, y necesita un restaurador
El hombre desde su caída ha doblegado la cabeza bajo el yugo de todas las tiranías, y tiene necesidad de un legislador equitativo.
El hombre desde su caída es una oveja descarriada y expuesta al furor de los lobos, y necesita un Pastor que le defienda y le guíe a buenos pastos.
Borrego es quien acepta esta sarta de insultos y descalificaciones como verdades reveladas y se pone de rodillas implorando el perdón de sus pecados. Sin embargo, como en La Caída de Albert Camus, todo empieza por el buen camino después de la caída: Existo gracias a la caída de mis padres, y mi caída personal me ha dado familia, amor, pareja, hijos y nietos.
Las antífonas que se cantan en la misa esperando su llegada, expresan por su variedad, las diferentes cualidades del Mesías y las diversas necesidades del linaje humano:
El hombre es desde su caída un insensato privado casi de razón y sin gusto hacia los verdaderos bienes; su conducta inspira horror y compasión y necesita la sabiduría.
El hombre es desde su caída esclavo del demonio, y tiene necesidad de un poderoso Libertador.
El hombre desde su caída está vendido a la iniquidad, y necesita un Redentor.
El hombre es desde su caída un preso encerrado en la cárcel tenebrosa del error y de la muerte, y necesita una llave para salir.
Él es ciego desde su caída, y necesita un sol que le ilumine
El hombre desde su caída está enteramente mancillado, y necesita un santificador
El hombre es desde su caída como una gran ruina, y necesita un restaurador
El hombre desde su caída ha doblegado la cabeza bajo el yugo de todas las tiranías, y tiene necesidad de un legislador equitativo.
El hombre desde su caída es una oveja descarriada y expuesta al furor de los lobos, y necesita un Pastor que le defienda y le guíe a buenos pastos.
Borrego es quien acepta esta sarta de insultos y descalificaciones como verdades reveladas y se pone de rodillas implorando el perdón de sus pecados. Sin embargo, como en La Caída de Albert Camus, todo empieza por el buen camino después de la caída: Existo gracias a la caída de mis padres, y mi caída personal me ha dado familia, amor, pareja, hijos y nietos.
miércoles, 15 de agosto de 2012
Desarrollo humano sustentable
“Y sólo en la gratuidad o mediante la gratuidad es posible el encuentro verdadero, el descubrimiento profundo, la creación original. Únicamente en un ámbito de relaciones donde no prime la obsesión por la eficiencia, por la competencia, por el logro y por el rendimiento será posible el surgimiento sinérgico de lo gratuito, de lo inefable y de lo que probablemente muchos sentimos como lo más propiamente humano: la ternura y la compasión”
DESARROLLO HUMANO SUSTENTABLE: sus exigencias éticas, económicas y políticas.
Antonio Elizalde Hevia
Conferencia en el Tercer Congreso de Bioética de Latinoamérica y el Caribe realizado en Ciudad de Panamá del 3 al 6 de mayo de 2000.
Creo en la discrepancia, y que el pensamiento es para exteriorizarlo. Sólo eso justifica estas líneas, nada más.
Una mirada más ecuánime permite no ser tan extremo, tan excesivo en el análisis: la ternura y la compasión están muy bien en el ámbito de la asimetría de determinadas relaciones personales, con la debida consideración por el pensamiento budista, que las extiende a la humanidad, y por eso no parece razonable extenderla a la inacabable multiplicidad de acciones propias del hombre, donde también hay enojo, rabia, terquedad, tristeza, solidaridad, exigencia, autoridad y obediencia, como ingredientes propios del pensar, del querer y del hacer humano.
Creo que introducir, como lo hace el autor en su conferencia, concepciones finalistas, teleológicas, como el pensamiento cristiano, no sólo no son adecuadas a un análisis de esta naturaleza, sino que también tienden a separar a los que debieran estar en el mismo bando, por más que el pensamiento cristiano sea tan diverso como contradictorio consigo mismo, y con la realidad, y que por ello se pueda coincidir con la teología de la liberación o con los curas obreros, y no con los Legionarios de Cristo ni con el Opus Dei. Pero coincidimos, los no creyentes, por cuestiones distintas de la fe, y en consecuencia, nos resultan indiferentes sus creencias religiosas justamente porque no interfieren, como lo ha hecho históricamente la enorme mayoría de la Iglesia, con la solución real de los problemas reales.
Tampoco parece sensato, en la discusión de un problema que afige a toda la humanidad, introducir conceptos religiosos que, por el sólo hecho de ser compartidos por grupos humanos, y no por otros, pasan a a ser una cuestión lingüística, un idioma particular que solamente entienden los iniciados. Más aún cuando el cristianismo es una de las religiones con menos adeptos en la humanidad.
El mundo, la vida, la historia del ser humano ha llegado a ser, ha nacido no se sabe cómo ni cuando ni por qué, para llegar a nuestros días, y no es una sola historia, son miles y millones de historias, distintas, de cada cosa, actividad, proceso, grupo humano y ser humano individual, diría Michel Foucault, y las cuestiones valóricas aparecen en la historia recién ayer. Es difícil entonces que puedan tener una fuerza tal que empiecen a regir el comportamiento humano, y la historia así lo demuestra, una y otra vez. Las grandes crisis, las grandes mortandades han surgido cada vez que algunos pretenden oponerse al curso natural de la historia, a los instintos naturales del hombre, que deben ser educados, embotados, sublimados, preteridos, por ecuaciones intelectuales que intentan imponer la consideración por el otro, algo inexistente en la vida biológica que nos sustenta.
A los millones de muertos por el Holocausto como expresión de la barbarie deben sumarse los millones de muertos en la lucha contra la barbarie, y esos muertos sólo dan paso a otras formas de barbarie, más sofisticadas, pero igualmente abusivas en la desconsideración del otro, que ahora muere por ignorancia, desnutrición y abandono, que requiere algo más que la ternura y la compasión para sobrevivir, aunque sólo sea intransigencia en su rechazo activo. Con esto no quiero decir que la lucha por imponer los valores no sea no sólo necesaria, sino imprescindible, lo que quiero decir es que debería ser mirada como una utopía, por la que siempre se trabaja sabiendo que nunca la consecución será plena, que seremos eternos émulos de Sísifo y su tarea siempre inconclusa. La historia demuestra que la bondad siempre ha sido contestataria de la maldad y si bien no es el ideal, está bien que así sea, porque algún equilibrio se alcanza, de tarde en tarde.
No creo que haya nada de malo en que las cosas no sean gratuitas si es que tenemos la posibilidad de acceder a ellas, porque el dinero no tiene, en sí, ninguna connotación valorativa en lo moral, porque no es nada más que un modo de intercambio de bienes y servicios, los que cada cual estime necesarios o deseables para sí o para los suyos.
Y si el trabajo es realmente el origen del dinero, entonces quien quiera más deberá trabajar más y el que no aspire a tantos bienes materiales podrá producir menos, porque tampoco será un gran consumidor, su ética estará entonces a salvo y ambos pueden alcanzar el bienestar propio, que no es igual para todos, que todos tenemos algo de anacoretas y algo de sibaritas. Distinto es lo que sucede en nuestras sociedades, en las que los que menos trabajan son los que más consumen y a la inversa, los que producen la riqueza sólo consumen lo indispensable para seguir produciendo, para los que más consumen. En Chile, el primer decil de población consume el 30% del producto, y dentro de ese 10% la curva es exponencial, hasta llegar a las diez familias dueñas del país.
Así es como entiendo y acepto el círculo virtuoso mercancía-dinero-mercancía del socialismo y entiendo y rechazo el círculo vicioso dinero-mercancía-dinero del modo capitalista de producción.
No creo que haya nada malo en la eficiencia en el uso de los recursos, ni en la eficacia en la solución de los problemas, ni siquiera en la competencia, que habremos de aceptar en lo deportivo. Es decir que ninguno de estos conceptos, paradigmas, objetivos o modelos es malo en sí, sino cuando se utilizan sin consideración del prójimo.
Esa debería ser la gran tarea, el crecimiento interior, en su enorme complejidad, con el que todo se hace sustentable, porque en reconocer la enorme diversidad está la clave para llegar a la esencia de las necesidades humanas.
La ternura y la compasión llevan implícita la asimetría de la relación, a no ser que también el pobre se compadezca, como denuncia el padre Berríos, de la "pobre niña rica", que se enternece y compadece a los pobres en su burbuja, pero nada hace por ceder la parte de la riqueza que, en rigor, no le pertenece.
martes, 7 de agosto de 2012
Shizaru
| Kikazaru Mizaru Iwazaru Shizaru |
Otra versión.
miércoles, 18 de julio de 2012
El Art.1° del Código Civil... y los pares categoriales
La teoría científica del conocimiento nos enseña que la realidad es compleja, multifacética, pero que es posible acercarse a ella mediante la oposición de contrarios, mediante los pares categoriales que, siendo aparentemente contradictorios, no lo son, y es más, que sólo pueden existir en conjunto con la categoría opuesta.
Así se entiende la coexistencia pacífica del contenido y la forma, de la esencia y el fenómeno, de la posibilidad y de la realidad, de la causalidad y de la casualidad, de lo singular y lo general, del proceso y del resultado, etc, etc.
De allí que resulte problemático catalogar al primer artículo del Código de Bello como una expresión del iuspositivismo formalista, como suele hacerse en la doctrina, en primer lugar, porque el fundamento gramatical de frases de rutina y subrutinas deja en claro que: "La ley es una declaración de la voluntad soberana, que habremos de aceptar como el contenido esencial, contenido o esencia que deberá manifestarse, es decir, adquirir una presencia sensible, fenoménica o formal, la que le aporta la subrutina: " manifestada (ooppssss!) en la forma (si lo está diciiiieeeeendo...!) prescrita por la constitución...".
Volvemos a la teoría científica del conocimiento para observar cómo conviven, en el artículo 1° del Código de Bello, la esencia y el fenómeno, el contenido y la forma porque no puede ser de otra manera. Las abstracciones ayudan a comprender la realidad, pero no son la realidad.
Y aventuramos una teoría: el artículo en cuestión puede interpretarse como una visión de futuro, del realismo jurídico que auguraría Erlich, al darle un valor extremo a la sociedad como generadora del Derecho.
Señala Erlich que el derecho no nace de la legislación, ni de la ciencia jurídica, ni de la jurisprudencia, sino de la sociedad misma, ("de la declaración de la voluntad soberana", Bello dixit), utilizando una sinécdoque que pretende enfatizar que el derecho nace y muere en la sociedad que lo crea y luego lo desecha a través del proceso de legitimación y deslegitimación.
La permanente compulsión a simplificar lo complejo es la que ha llevado a los fundamentalismos de toda especie, elaboraciones teóricas que intentan uniformar la realidad, cuya diversidad ha sido tan bien descrita por Borges, por Foucault y por tantos otros.
Catalogar al primer artículo del Código de Bello como una expresión del iuspositivismo formalista es uno de ellos, porque lo reduce a la mera forma. La lectura comprensiva del texto revela, sin embargo, sujetos, predicados, cópulas, rutinas y subrutinas que permiten entenderlo en toda su complejidad.
Si, efectivamente la ley escrita es, por ese sólo hecho, de derecho positivo, esta designación no es más que una simplificación que permite distinguirla de otras expresiones del derecho. Pero el hecho de que Bello haya incluido en su Código Civil los artículos que permiten la interpretación de sus normas, abre la puerta al espíritu de la ley, que no es otra cosa que los contenidos, las esencias, que hay que buscarlos en otras fuentes.
Que la ley sea finalmente escrita, por razones casi de orden práctico, de uniformidad, de lenguaje común, eso no la desprovee de sus contenidos valóricos, iusnaturalistas, ni prácticos, del realismo jurídico en el que la norma nace, de una u otra forma recogido por el legislador. Encerrar la ley en círculos concéntricos parcialmente superpuestos permite desmenuzarla para su mejor comprensión, sólo eso, porque siempre conservará su complejidad.
Si hubiéramos partido por considerar que la forma es un concepto, una abstracción de la realidad, inseparable del contenido que le da sustento, y al contenido como otro concepto, otra abstracción de la realidad que sólo puede manifestarse formalmente, nos habríamos ahorrado la disquisición.
Así se entiende la coexistencia pacífica del contenido y la forma, de la esencia y el fenómeno, de la posibilidad y de la realidad, de la causalidad y de la casualidad, de lo singular y lo general, del proceso y del resultado, etc, etc.
De allí que resulte problemático catalogar al primer artículo del Código de Bello como una expresión del iuspositivismo formalista, como suele hacerse en la doctrina, en primer lugar, porque el fundamento gramatical de frases de rutina y subrutinas deja en claro que: "La ley es una declaración de la voluntad soberana, que habremos de aceptar como el contenido esencial, contenido o esencia que deberá manifestarse, es decir, adquirir una presencia sensible, fenoménica o formal, la que le aporta la subrutina: " manifestada (ooppssss!) en la forma (si lo está diciiiieeeeendo...!) prescrita por la constitución...".
Volvemos a la teoría científica del conocimiento para observar cómo conviven, en el artículo 1° del Código de Bello, la esencia y el fenómeno, el contenido y la forma porque no puede ser de otra manera. Las abstracciones ayudan a comprender la realidad, pero no son la realidad.
Y aventuramos una teoría: el artículo en cuestión puede interpretarse como una visión de futuro, del realismo jurídico que auguraría Erlich, al darle un valor extremo a la sociedad como generadora del Derecho.
Señala Erlich que el derecho no nace de la legislación, ni de la ciencia jurídica, ni de la jurisprudencia, sino de la sociedad misma, ("de la declaración de la voluntad soberana", Bello dixit), utilizando una sinécdoque que pretende enfatizar que el derecho nace y muere en la sociedad que lo crea y luego lo desecha a través del proceso de legitimación y deslegitimación.
La permanente compulsión a simplificar lo complejo es la que ha llevado a los fundamentalismos de toda especie, elaboraciones teóricas que intentan uniformar la realidad, cuya diversidad ha sido tan bien descrita por Borges, por Foucault y por tantos otros.
Catalogar al primer artículo del Código de Bello como una expresión del iuspositivismo formalista es uno de ellos, porque lo reduce a la mera forma. La lectura comprensiva del texto revela, sin embargo, sujetos, predicados, cópulas, rutinas y subrutinas que permiten entenderlo en toda su complejidad.
Si, efectivamente la ley escrita es, por ese sólo hecho, de derecho positivo, esta designación no es más que una simplificación que permite distinguirla de otras expresiones del derecho. Pero el hecho de que Bello haya incluido en su Código Civil los artículos que permiten la interpretación de sus normas, abre la puerta al espíritu de la ley, que no es otra cosa que los contenidos, las esencias, que hay que buscarlos en otras fuentes.
Que la ley sea finalmente escrita, por razones casi de orden práctico, de uniformidad, de lenguaje común, eso no la desprovee de sus contenidos valóricos, iusnaturalistas, ni prácticos, del realismo jurídico en el que la norma nace, de una u otra forma recogido por el legislador. Encerrar la ley en círculos concéntricos parcialmente superpuestos permite desmenuzarla para su mejor comprensión, sólo eso, porque siempre conservará su complejidad.
Si hubiéramos partido por considerar que la forma es un concepto, una abstracción de la realidad, inseparable del contenido que le da sustento, y al contenido como otro concepto, otra abstracción de la realidad que sólo puede manifestarse formalmente, nos habríamos ahorrado la disquisición.
miércoles, 11 de julio de 2012
DDHH
Don Manuel Jacques, Don Manuel Vergara, Sra. Gabriela Zúñiga, Sra. Patricia Donoso, Autoridades de esta Universidad, Compañeros y amigos:
He recibido ciertamente con mucho agrado esta responsabilidad de representar, en este acto de cierre, al curso vespertino de DDHH, para expresar algunas ideas que espero estén a la altura de un tema tan sensible como éste y sobre todo, en presencia de personas que han sufrido en carne propia la violación de sus derechos humanos, como las que hoy nos acompañan.
Hemos aprendido, y hemos crecido en estos seis meses en esta Universidad.
Hemos constatado, tal vez los más viejos, que nuestras percepciones de la sociedad, nuestras historias de compromiso social, no importa si como estudiantes, militantes, trabajadores o dirigentes sociales, no tenían solamente un origen político, filosófico y emocional, sino también un correlato jurídico.
Que el Derecho no es la memorización de los Códigos, sino un proyecto de vida participativa, en el que las leyes deberían ser las herramientas de la justicia social y no de la explotación.
Un Derecho que debería interpretar la definición de ley de Don Andrés Bello en su sentido profundo, como una aspiración, como una utopía, en vez de entretenernos en atacarla o defenderla por cuestiones absolutamente secundarias. Que si una ley es injusta, insuficiente o causa daño, sin ser entes legislativos debemos instar a su perfeccionamiento.
Pero también hemos aprendido, con Boaventura, que el camino de los DDHH está tapizado de malas intenciones, que desde su creación, los DDHH han estado claramente al servicio de los intereses económicos y geopolíticos de los Estados capitalistas hegemónicos.
Nos recuerda De Sousa que el sello liberal occidental de los derechos humanos puede ser rastreado en la Declaración Universal de 1948,
• que fue preparada a espaldas de la mayoría de los pueblos del mundo;
• que las colonias fueron excluidas del derecho colectivo a la autodeterminación;
• que la prioridad dada a los derechos civiles o políticos sobre los derechos económicos, sociales y culturales ha fundamentado largamente las intervenciones político militares en la soberanía de los países, y que, finalmente,
• que el único derecho económico reconocido sea el derecho de propiedad, habla por sí sólo de la manipulación de la DDHH que este autor denuncia.
Y puesto que estamos en un espacio docente, me permito citar textualmente a Boaventura de Sousa dos Santos cuando señala que: “La tarea central de las políticas emancipadoras de nuestro tiempo, en este terreno, consiste en transformar la conceptualización y la práctica de los derechos humanos de un localismo globalizado a un proyecto cosmopolita”
Y esta tarea, en Chile, es urgente.
Los ejemplos aislados del Museo de la Memoria y los Memoriales de las víctimas de la dictadura, reconociendo sus aportes de enorme magnitud en la memoria, no hacen sino denunciar la total ausencia de políticas públicas en este ámbito de los DDHH, en Chile.
Pero además, por el carácter mismo de los museos, se corre el riesgo de estancar, en el pasado, un período aciago de nuestra historia, cuyas causas profundas siguen, sin embargo, absolutamente inalteradas.
La primera acepción de museo de la Real Academia Española es: “Edificio o lugar destinado al estudio de las ciencias, letras humanas y artes liberales”. Ojalá el Museo de la Memoria se transformase en un lugar de estudio de las causas y de los azares que nos llevaron a ese desastre social, y no se transforme en un lugar de asombro de los jóvenes y de tristeza e impotencia de los que vivimos esa parte de nuestra historia.
No intento sino aplicar la crítica constructiva que se enseña en esta Universidad.
Pero no sólo hemos avanzado en el conocimiento teórico, también hemos tenido oportunidad de conocer personas que, sin dar clases, dan ejemplos.
Se avanza también compartiendo con familiares de víctimas de la dictadura, que conocen en carne propia la violación de los DDHH, y con dirigentes poblacionales de excepción que “desde abajo” practican el cosmopolitismo antes de conocer a Boaventura de Sousa, como lo es, por ejemplo, uno de nuestros compañeros de estudio, Manuel Acosta (El Lito), de la Casa de Cultura Los de la T de Recoleta, cuyo antihegemonismo tiene cara de talleres, computadores, deporte, cultura y caras de niños felices.
Muchas gracias.
He recibido ciertamente con mucho agrado esta responsabilidad de representar, en este acto de cierre, al curso vespertino de DDHH, para expresar algunas ideas que espero estén a la altura de un tema tan sensible como éste y sobre todo, en presencia de personas que han sufrido en carne propia la violación de sus derechos humanos, como las que hoy nos acompañan.
Hemos aprendido, y hemos crecido en estos seis meses en esta Universidad.
Hemos constatado, tal vez los más viejos, que nuestras percepciones de la sociedad, nuestras historias de compromiso social, no importa si como estudiantes, militantes, trabajadores o dirigentes sociales, no tenían solamente un origen político, filosófico y emocional, sino también un correlato jurídico.
Que el Derecho no es la memorización de los Códigos, sino un proyecto de vida participativa, en el que las leyes deberían ser las herramientas de la justicia social y no de la explotación.
Un Derecho que debería interpretar la definición de ley de Don Andrés Bello en su sentido profundo, como una aspiración, como una utopía, en vez de entretenernos en atacarla o defenderla por cuestiones absolutamente secundarias. Que si una ley es injusta, insuficiente o causa daño, sin ser entes legislativos debemos instar a su perfeccionamiento.
Pero también hemos aprendido, con Boaventura, que el camino de los DDHH está tapizado de malas intenciones, que desde su creación, los DDHH han estado claramente al servicio de los intereses económicos y geopolíticos de los Estados capitalistas hegemónicos.
Nos recuerda De Sousa que el sello liberal occidental de los derechos humanos puede ser rastreado en la Declaración Universal de 1948,
• que fue preparada a espaldas de la mayoría de los pueblos del mundo;
• que las colonias fueron excluidas del derecho colectivo a la autodeterminación;
• que la prioridad dada a los derechos civiles o políticos sobre los derechos económicos, sociales y culturales ha fundamentado largamente las intervenciones político militares en la soberanía de los países, y que, finalmente,
• que el único derecho económico reconocido sea el derecho de propiedad, habla por sí sólo de la manipulación de la DDHH que este autor denuncia.
Y puesto que estamos en un espacio docente, me permito citar textualmente a Boaventura de Sousa dos Santos cuando señala que: “La tarea central de las políticas emancipadoras de nuestro tiempo, en este terreno, consiste en transformar la conceptualización y la práctica de los derechos humanos de un localismo globalizado a un proyecto cosmopolita”
Y esta tarea, en Chile, es urgente.
Los ejemplos aislados del Museo de la Memoria y los Memoriales de las víctimas de la dictadura, reconociendo sus aportes de enorme magnitud en la memoria, no hacen sino denunciar la total ausencia de políticas públicas en este ámbito de los DDHH, en Chile.
Pero además, por el carácter mismo de los museos, se corre el riesgo de estancar, en el pasado, un período aciago de nuestra historia, cuyas causas profundas siguen, sin embargo, absolutamente inalteradas.
La primera acepción de museo de la Real Academia Española es: “Edificio o lugar destinado al estudio de las ciencias, letras humanas y artes liberales”. Ojalá el Museo de la Memoria se transformase en un lugar de estudio de las causas y de los azares que nos llevaron a ese desastre social, y no se transforme en un lugar de asombro de los jóvenes y de tristeza e impotencia de los que vivimos esa parte de nuestra historia.
No intento sino aplicar la crítica constructiva que se enseña en esta Universidad.
Pero no sólo hemos avanzado en el conocimiento teórico, también hemos tenido oportunidad de conocer personas que, sin dar clases, dan ejemplos.
Se avanza también compartiendo con familiares de víctimas de la dictadura, que conocen en carne propia la violación de los DDHH, y con dirigentes poblacionales de excepción que “desde abajo” practican el cosmopolitismo antes de conocer a Boaventura de Sousa, como lo es, por ejemplo, uno de nuestros compañeros de estudio, Manuel Acosta (El Lito), de la Casa de Cultura Los de la T de Recoleta, cuyo antihegemonismo tiene cara de talleres, computadores, deporte, cultura y caras de niños felices.
Muchas gracias.
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