martes, 18 de febrero de 2014

Andragogías

Siempre recuerdo a mi profesor de filosofía del Liceo, cuando nos hacía el símil de la abstracción con el pájaro que se deja caer en el agua y saca un pez... y a veces, esperando que hierva el agua para los tallarines chinos, miro como se forma la primera burbuja en el fondo, que asciende y revienta, luego dos, luego diez , luego miles y el agua está en ebullición, lista para cocinar lo que sea.  

A veces pienso que la primera burbuja es lo intelectual, lo puro, lo abstracto, la necesidad imperiosa de entender, la segunda los afectos, luego la solidaridad, luego la amistad, a veces el amor, la tenacidad, la tolerancia, el temor, la audacia, la tristeza, hasta el cansancio o el aburrimiento, que también sirven... y estamos instalados en la diversidad, en la que nada nos parece ajeno, en la que podemos cocinar lo que sea. 

Lástima que el agua nos hierva tan viejos, me hubiera gustado contar con todas esas herramientas no tan tarde en la vida, haber contado antes con tantos recursos, para no haberse equivocado tanto... o, por lo menos, para haberse dado cuenta de la vida, que ha pasado como un celaje y, en tres, dos uno... chan, chan ... llegamos a viejos.

martes, 11 de febrero de 2014

Del por qué estudié Derecho...

Oponente a un concurso de Jefaturas en mi Hospital Dr, Félix Bulnes, fui calificado en Lista Dos por mi jefe de Urgencia, el Dr. Sergio Cárcamo, oponente al mismo concurso, en una violación flagrante de la probidad administrativa que le permitió remontar mi puntaje. Apelé a la Contraloría General de la República y, para mi sorpresa, la apelación fue rechazada, sin fundamento alguno. Después de varias conversaciones con el Sr. Contralor de la República, éste me aconsejó reapelar, lo que naturalmente hice, y esta vez fue el propio Contralor,  Don Gustavo Schiolla Avendaño quien, personalmente, la rechazó. 

Esta es la nota abierta que le dirigí  y que releo, doce años después,  con cierta sorpresa... más discurre un hambriento que cien letrados...

Santiago, 2 de septiembre de 2002.
Sr. Gustavo Schiolla Avendaño.
P  R  E  S E N  T  E
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Le escribo esta nota con profunda desazón. Constatar que se impone la sinrazón y se institucionaliza el abuso de autoridad mediante una  interpretación de intenciones que no resiste  el menor  análisis y  una utilización poco rigurosa de conceptos, útiles como todos los conceptos, para el entendimiento entre las personas, produce una frustración que va más allá del hecho puntual de haber perdido una apelación con todas sus consecuencias económicas y morales, por más sensibles que éstas  puedan ser.

Pese a su dictamen Nº 33676 seguiré pensando que solicitar es activo y aceptar es pasivo, que quien acepta es la contraparte de quien solicita; que lo expreso y lo tácito son conceptos antónimos que ninguna interpretación, por más extensiva y analógica que pudiera ser, lograría  homologar nunca.

Acepto su dictamen solamente por el peso de su autoridad y por consideraciones de orden práctico, pero mi fuero de conciencia no es mi fuero gremial,  no puede ser violado y nunca entenderé que la suposición de una aceptación tácita y una solicitud expresa lleguen a ser lo mismo. El choque de conceptos impide su conciliación.

Aún aceptando que mis actitudes puedan ser interpretadas, violenta moralmente el que esa interpretación  tenga como efecto final,  única y exclusivamente un daño  en mi carrera profesional, sin que pueda demostrarse ningún efecto beneficioso para la Institución y sí un efecto favorable para quien la impone, oponente también al Concurso de Jefaturas 2000 que, por esa sola razón, respetando la Ley de Probidad Funcionaria, debió haberse inhibido de motu propio o haber sido inhabilitado por la autoridad.

No puedo entender que Ud. afirme que, a mi juicio, había falta de fundamentos de las bajas de calificaciones, porque, objetivamente, esos fundamentos no existían en mi Hoja de Vida. No hay tal juicio subjetivo sino una constatación objetiva.

Que esa carencia de fundamentos, que viola principios básicos de la administración, sea confundida, además, con mis expectativas de calificación, facilita la descalificación de mi conducta y más parece una sorites manipulada para confundir sujetos y predicados con una acuciosidad vana, puesto que ambas pueden ser rechazadas al ejercer el derecho del funcionario a no firmar para extender los plazos de reposición.

Insistir en la obligación de firmar la segunda precalificación no resiste el menor análisis de cordura. Lo que, a todas luces, fue una actitud de inadvertencia mínima que a nadie dañaba, salvo al suscrito, podía y debía haber sido corregida oportunamente para evitar este gasto inútil de tiempo, papel y  paciencia que guarda una desproporción gigantesca con su origen y cuya justificación real, lo sabemos todos los actores y espectadores de este sainete es  otra: la de impedir el ejercicio de mi derecho a acceder a una Jefatura (1).

Por esa misma vía, debería obligarse al niño a quemarse la mano izquierda después que inadvertidamente puso la derecha al fuego; al conductor a no respetar el segundo Pare después de no advertir el primero; a tomar obligadamente el segundo trago de veneno al  que tomó el  primero por estar pajaroneando. No hay aquí ironía alguna, es sólo la ironía del  absurdo llevado  al extremo mediante el uso abusivo de la autoridad.

No puedo dejar de recordar que el rechazo de mi primera apelación fue fundamentada en no haber alegado mi condición de dirigente gremial durante el proceso calificatorio, en circunstancias que acompañé, en esa apelación, seis  documentos que exigen el respeto a ese fuero: dos a los jefes de servicio y unidad, dos a la junta calificadora y uno al director del SSMOCC. El sexto documento fue una comunicación de este último al director del hospital, señalando que no estaba afecto a calificación, nota no respetada por su subordinado, también oponente al mismo Concurso y por lo tanto faltando a la probidad por partida doble. ¿Qué pasó con esos documentos? Ni siquiera fueron rechazados, se hizo, llanamente, caso omiso de ellos con una actitud verdaderamente incalificable.

En fin, ni siquiera espero que llegue hasta estas líneas, porque todo lo dicho es sabido por Usted. Si lo hace, tal como se lo expresé en nuestra primera entrevista, en la que le manifesté que mi único interés era que Usted no  pensara que este desconocido era un cavernario, esta vez quiero que sepa que discrepo profundamente y con fundamento, de su dictamen, a tal punto, que no creo que haya sido redactado por Usted.

 No es suyo el lenguaje agresivo, descalificador que connota su redacción. No puedo entender  que Usted me acuse de  escudarme  en mi calidad de dirigente gremial o  que actúe arbitrariamente de acuerdo a mis intereses. Si Usted mismo me apoyó en esta reapelación, su dictamen es de una incongruencia absoluta, inentendible a la luz de su coherencia y de sus valores humanistas, que en algún momento pudimos compartir.

La situación que vivo me hace revalidar lecturas nietzscheanas referidas a la eterna dialéctica de lo individual y lo colectivo, en sus palabras: del rebaño y la singularidad. De la desconfianza hacia todo aquel que afirma su singularidad  y valida la diferencia de sus ideas ante los demás, del impar exponiéndose a la sospecha racional y al ostracismo moral de los pares, que fundamentan su lógica del rebaño en la certidumbre y la seguridad.

Ejemplo menor el mío. Vetado, vejado, insultado con tanta fluidez como impunidad, propia del rebaño nietzscheano, mi único pecado ha sido el de estudiar las leyes y reglamentos, hechos para normalizar la convivencia, para intentar normalizar la convivencia en mi hospital. Desgraciadamente, la aplicación del derecho administrativo respetando sus principios y sus normas, atenta contra el libre ejercicio del poder - que justamente  para eso fue hecho -  y genera la respuesta que todos conocemos.

Esta es una apelación moral. No apelaré a los tribunales, pero exigiré que la Junta Calificadora tome en consideración la Precalificación firmada y no tramitada  y no solamente la Precalificación  no firmada y tramitada. Además, que la sanción por negarse a firmar pierda su carácter extemporáneo y sea aplicada al período que corresponde, 2001  y no 2000.

Si esta vez se respeta la ley, la autoridad habrá ganado al lograr calificarme como siempre y yo habré ganado al mantener mi Lista Uno de siempre. En otras palabras, ese resultado ecuánime, injusto, absurdo y lógico es una buena rúbrica para tanta pérdida de tiempo que nos permite, al menos,  filosofar.
                                                

Dr. Hernán Lechuga Farías

(1). El proceso concursal duró más de dos años, en los cuales se modificaron las bases en tres ocasiones una vez abiertas las postulaciones, se homologó diplomado (Dr. Cárcamo)  con  Magister en Salud Pública (mío) se alteraron los criterios de Idoneidad y competencia, se aplicaron sanciones al suscrito en respuesta a las apelaciones, que bajaron aún más las calificaciones y se consideraron en los antecedentes concursales, a pesar de su extemporaneidad grosera. 

viernes, 31 de enero de 2014

Abortos terapéuticos y criminales...

El subsecretario de Salud de Bachelet y su discurso contra el aborto terapéutico. 

No hay nada peor que trenzarse en una discusión sin definir previamente los términos, en este caso los de aborto y de terapéutica, por lo muy menos. No cabe duda que el aborto es un atentado al derecho de la vida del ser humano, pero no es un valor absoluto, porque se puede matar sin sufrir castigo, como sucede cuando se hace en defensa propia. Si se usa, como lo hace el subsecretario, para finalizar su presentación, comete un error garrafal, porque siendo una verdad irrefutable, se usa para sustentar afirmaciones refutables, que escapan al universo de los abortos terapéuticos.

Si se va a discutir el aborto terapéutico, la discusión debe centrarse allí y no dispararse a cualquier lado. Cuando se opera un embarazo tubario, se está atentando contra la salud del huevo fecundado que crece normalmente, pero que ha cometido el único error de equivocar su domicilio, y su muerte permite la vida de la madre. Ese es el ejemplo más claro de aborto terapéutico que nadie, en su sano juicio, puede rechazar. 

Extenderlo a los derechos de decisión de la mujer es un tema ajeno, atendible, importante sin duda,  que requiere discusión, consenso y legislación, que duda cabe, pero eliminar una mola hidatidiforme, o un feto acráneo,  proyectos  frustrados  de vida humana  sin esperanza ninguna de vida, que solo atentan contra el derecho  a la vida de la madre, no merecen discusión alguna, que no sea bizantina o fundamentalista.

No menos importante es definir quien puede arrogarse la potestad de obligar a una niña de quince años a sobrellevar un embarazo producto de una violación, de por sí de alto riesgo y en el que se ha violado uno de los derechos más importantes de la mujer, la de elegir al padre de sus hijos, y que ha roto, sin duda alguna, su proyecto de vida. Bastante tiene ya con el castigo inferido por el violador como para seguir siendo castigada por imposiciones de la sociedad, que nunca se han caracterizado por su enfoque racional y que tan influenciada está por las irracionalidades del pensamiento mítico, de la religión, del pecado original, del autocastigo... y otras yerbas.

Y este derecho tiene implicaciones también biológicas, porque no están estudiados en profundidad los factores que llevan a este intercambio genético. Se sabe que las ratonas pueden evitar el contacto sexual con ratones afectos de taras genéticas, una de ellas, la diabetes y se sabe que descendemos de los ratones, Darwin dixit y no ha sido desmentido. Si la mujer es la responsable de la reproducción de la vida, no pueden ser las leyes, generalmente dictadas por hombres, las que la obliguen en aspectos tan cruciales, no solo para ella, sino para la especie humana.

De que valen los idola fori de Don Francis (Bacon), el peligro de las analogías advertido por Foucault, hasta las sombras de la caverna, si seguimos confundiendo, empecinadamente, ocho con ochenta.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

El Código Penal y una "cierta enciclopedia china"

En “Las palabras y las cosas”, Michel  Foucault  cita a Jorge Luis Borges cuando éste, a su vez, cita “cierta enciclopedia china”, donde está  escrito que:  los animales se dividen en a) pertenecientes al Emperador, b) amaestrados, c) embalsamados, d) lechones, e) sirenas, f) fabulosos, g) perros sueltos, h) incluidos en esta clasificación, i) que se agitan como locos, j) innumerables, k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, l) etcétera, m) que acaban de romper el jarrón, n) que de lejos parecen moscas.

Descontadas las contradicciones  irreductibles entre el  todo y la parte de los animales h), del carácter de innumerable de todos los animales si una clase de ellos lo es, de los j) y de los animales  etcétera de la l), que no aparecen al final sino en el lugar antepenúltimo, (un recurso estilístico de Borges que nos dice que la cosa no es tan fácil como parece),  se distinguen catorce criterios que “ordenan”  la clasificación.

Inicio mi clase de Investigación Científica Criminal con este ejercicio de taxonomía, tan necesaria cuando nos vemos obligados a profundizar en la realidad  atravesando  la cáscara de las cosas que esconde su esencia, a trabajar con la eterna antinomia del  ser y del parecer, de la esencia  y del fenómeno, doblemente dificultada por nuestro adversario, el autor del delito que hace lo imposible por encubrirlo, por borrar las huellas, rastros e indicios que nos permitirían llegar a él. Pero, si  el cuatrero que amarra un rastrojo a la cola de su caballo cuando huye del  lugar de la fechoría, usa  un recurso tan bruto como la mentalidad del investigador que no logra cambiar las huellas de la herradura por las del rastrojo, nosotros debemos poder, porque esas huellas "alternativas" nos llevarán al mismo lugar. 

De eso se trata, de saber distinguir como hace Alfredo Zitarrosa, cuando asevera que "una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa", porque esa distinción es  la que nos orienta en la dirección correcta.

Después de la infaltable risa del auditorio ante esta desopilante clasificación, la misma que sacude a Foucault leyendo a Borges, entramos en materia. Con la certeza de saber que ninguno de  estos dos  pensadores  es lo que podría llamarse un payaso que hable tonterías de risa fácil, se hace necesario entender el verdadero mensaje. Y lo hacemos revisando los artículos del Código Penal que nos  permiten clasificar las lesiones en leves, de mediana  gravedad  y graves, los conocidísimos 397, 398, 399, 400, 401, 402, 403, 403 bis  y 494, sin olvidar que el objetivo del Código es, finalmente, la determinación de la pena.

La primera tarea es la identificación de los criterios, porque, al  decir de Foucault: “…no existe, ni aun para la más ingenua de las experiencias, ninguna semejanza, ninguna distinción que no sea resultado de una operación precisa y de la aplicación de un criterio previo”

Constatamos que los criterios son:  a) la demencia, b) la inutilidad para el trabajo, c) la impotencia, d) el impedimento de un miembro importante, e) la notoria deformidad, f) la evolución  de  treinta días,  g) la administración a sabiendas de sustancias nocivas,  h) el abuso de credibilidad, i) el abuso de flaqueza de espíritu, j) la víctima cónyuge, k) la víctima conviviente, l) la relación de parentesco por consanguinidad o afinidad, m) entre padres de un hijo común, n) la víctima menor  de edad, o) la víctima adulto mayor, p) la víctima discapacitada, q) la víctima dependiente,  r) el premio o recompensa remuneratoria, s) el uso de veneno, t) el ensañamiento, u) la víctima guardador,  v) la víctima sacerdote, w) la víctima maestro, x) la víctima constituida en autoridad o autoridad pública, y) en riña o pelea en que no conste el autor, z) el uso de armas en riña, aa) el envío de cartas o encomiendas explosivas, ab) la calidad de las personas, ac) las circunstancias del hecho, ad) el concepto del  tribunal.

Si quisiéramos  distribuir estos criterios en categorías, veríamos que corresponden: al daño producido; al trascurso del tiempo; a la calidad de la víctima; a la relación de parentesco; a circunstancia agravantes; al mecanismo de lesión; a las circunstancias del hecho.  

La comparación con la “cierta enciclopedia china”, tan propia del imaginario de Borges, permite constatar que ésta, con las excepciones  ya señaladas, utiliza criterios acotados, fácilmente reconocibles, lo que no sucede con nuestro código que, además de utilizar criterios dobles que aumentan el catálogo,  no señala, por ejemplo,  cuáles miembros son importantes y cuales no lo son, cuándo una deformidad es notoria y cuando no lo es, que se entiende  por calidad de las personas y circunstancias del hecho…

Concluye Foucault: “Este texto de Borges me ha hecho reír durante mucho tiempo, no sin un malestar cierto y difícil de vencer. Quizá  porque entre sus surcos nació la sospecha de que hay un desorden peor  que el de lo incongruente y el acercamiento de lo que no se conviene, sería el desorden que hace centellear los fragmentos de un gran número de posibles órdenes en la dimensión, sin ley ni geometría…”


viernes, 20 de diciembre de 2013

Unir lo disperso III

Escucho La historia del tango, de Piazolla, por el dúo KeMi, y la carga lenta de mi computador interrumpe una línea melódica del violín. En el silencio que sigue escucho una maquinaria que trabaja en la vecindad, una grúa probablemente, que rechina con las dos notas que faltan. El violinista, congelado en la pantalla, no lo puede creer y el corazón de Astor vuelve a latir en su tumba, unos segundos, es cierto, pero suficientes para sumarse... y unir lo disperso. 
 


miércoles, 18 de diciembre de 2013

Enfermedad en el foro

En un juicio referente a la gravedad de ciertas lesiones, la primera pregunta del abogado de la contraparte fue pedirme, insólitamente, una definición de enfermedad.

Siendo el trasfondo de su pregunta, que duda cabe,  mi impugnación como perito médicolegal, buscando una respuesta  que pudiese refutar (después de haber investigado seguramente la Wikipedia o buenastareaspuntocom), mi respuesta al tribunal fue que preguntas de ese carácter tan difuso, tan polifacético, controversial incluso, no resultaban adecuadas en sede judicial, que exige conceptos acotados, unívocos, que permitan que el derecho positivo se mantenga incólume ante la revisión valórica del derecho natural y ante el proceso de aceptación del realismo jurídico. (Lo que está en cursiva solamente lo pensé, es cierto)

Pero, en mi fuero interno agradecí  la pregunta porque, en  un flashback, volví a estar en la clase magistral de Metodologías de Investigación Científica del profesor don Arsenio Carmona, en el Magister de la OMS realizado en el Instituto de Desarrollo de la Salud, en La Habana, Cuba, hace ya más de treinta años, en el que nos preguntó acerca de nuestro estado de salud. La respuesta fue que, obviamente, estábamos sanos.

Se nos pidió entonces recordar la definición de salud de la Organización Mundial de la Salud, que repetimos mecánicamente, sin entender aún el sentido del ejercicio, el que luego nos resultó claro: éramos jóvenes, no tontos. Me pregunta por qué uso anteojos (espejuelos en cubano)… y entendí con mi propia respuesta: “Porque tengo  un vicio de refracción”. ¿Alguien tiene dolor de cabeza, así sea leve…? Un par de compañeros levantaron la mano. ¿Alguien es alérgico a algo? Otros tantos. ¿Alguno de Ustedes está tomando algún medicamento? Varios más. ¿Todo bien en casa, en su trabajo, en su país…? Caras de pregunta (debo advertir que era un Curso Internacional, con varios españoles, dos nicaragüenses, dos mexicanos, un cubano, un dominicano y un chileno. La  sola presencia nuestra  en ese curso develaba algún grado de disconformidad con los regímenes políticos imperantes en los respectivos  países.

Don Arsenio nos pide repetir, ahora reflexivamente, con lectura comprensiva, con unidades de lectura, palabras señal y control semántico, la definición de salud de la OMS: “La salud es un estado de perfecto (completo) bienestar físico, mental y social, y no sólo la ausencia de enfermedad”

La definición de  enfermedad de la OMS es: “La enfermedad es una alteración estructural o funcional que afecta negativamente al estado de bienestar”

Tres  palabras señal saltan a la vista: salud, enfermedad y bienestar. El control semántico de las dos primeras ya está hecho por la OMS, resta aplicarlo solamente al bienestar. La RAE viene en nuestra ayuda para informarnos que es el  “Estado de la persona humana, en el que se le hace sensible el buen funcionamiento de su actividad somática y psíquica”

Don Arsenio nos recuerda que  sensible es “aquello perceptible por los sentidos” y, acto seguido, no pide que,  con esa información básica, abramos el debate.

Lo que siguió fue casi el caos: el mexicano aludiendo al malestar social, descubre que “entonces estamos todos enfermos, wey...” a lo que el cubano responde “No, chico, no... que  pasa caballero… yo no estoy en esa…” Después de un corto debate en ese punto, se concluye que hay concausas que afectan el bienestar, que no son enfermedades y que estas concausas  estarían por lo tanto, en el ámbito social, lo que a mí me merece  dos conclusiones que sólo contribuyen a aumentar la confusión:

La primera, que la vida  moderna ha traído severos efectos sobre la salud en respuesta a las exigencias sociales, a la discriminación, al exceso de trabajo, a la competencia en terrenos en los que se requiere colaboración, etc. A modo ejemplar, las neurosis reactivas, el burnout de los trabajadores, el surmenage de los intelectuales, las conductas suicidas en respuesta al mobbing y al bullying, etc.

Y si de bienestar social se trata, entonces estarían enfermos los cesantes,  los feos, los solitarios, los estafados por las casas comerciales, entre otras categorías de malestar social.

La segunda, que si respetáramos las definiciones de base, no estarían enfermos los recién nacidos, los locos o dementes, los pacientes en estado vegetal, los que están durmiendo o bajo efectos de la anestesia o de drogas alucinatorias, etc., porque ninguno de ellos tiene conciencia de sí mismo y en consecuencia, tampoco del buen o mal funcionamiento de su organismo.

No hubo conclusiones, solamente una reflexión filosófica de don Arsenio Carmona: “Así como la salud es algo más que la  sola ausencia de enfermedad, la vida es mucho más que la mera intelectualidad con la que queremos aprisionarla, siempre se nos escapa. Es incansable como la ola de playa, por más obstáculos que le pongas, por alguna parte va a entrar…”

Muy buena pregunta señor abogado.

El profesor Mario Valcárcel , Representante OPS/OMS Ecuador,  inicia su discurso por el  Día Mundial de la Salud 2013 señalando: “Quisiera comenzar con el concepto de salud bajo un nuevo paradigma que integre todas las características del bienestar humano, que incluya además de las necesidades básicas (vivienda, alimentación, vestimenta, trabajo remunerado, atención médica), a otras aspiraciones enfocando a la salud como un derecho humano que contemple una vida digna con justicia social, con acceso a la Educación, al arte y la cultura, alcanzar también una vejez digna sin discapacidades y disfrutar la vida con calidad hasta el final. Entonces, el concepto va más allá de la Atención de la Enfermedad y busca políticas públicas saludables”

En el foro, hube de coincidir con el señor abogado de la contraparte, que enfermedad era la ausencia de salud, así de simple, mientras que los que realmente saben, se siguen quebrando la cabeza. Enfin.


lunes, 28 de octubre de 2013

Relaciones de pareja: Después de mí...qué...


Otro.
Sin importar la edad, sigues recibiendo golpes y no queda otra que seguir aprendiendo. Comprobamos, una vez más, que la equivocación es parte de la vida, que vivimos de las representaciones simbólicas que hacemos de la realidad, que  las sombras de la caverna de Platón y los ídola de Bacon siguen formando parte de nuestras realidades virtuales.

Sólo de tarde en tarde, después de la siesta adormilada de unos cuantos años, se caen los telones de utilería y vemos, por segundos, la descarnada realidad, la realidad existencial que carece de pasado y de futuro, quedamos funcionando con el hemisferio cerebral derecho, el de la realidad, el del aquí y ahora, bloqueando el izquierdo, el de las abstracciones, el de los recuerdos, muchas veces tergiversados, idealizados, con sus futuros, siempre utópicos, inexistentes, que no cumplen otra finalidad que la de ser un sedal lanzado hacia adelante, hacia lo desconocido, sólo que en vez de traer la presa hacia nosotros, la presa nos lleva a ella.

Como el viejo en el mar arrastrado por la ballena, porque sí, porque no queda otra, porque no sabemos hacer otra cosa, porque nuestra información genética nos marca un camino del que difícilmente se sale.

Y cuando salimos y nos vemos enfrentados a una realidad desconocida, a una realidad en la que deambulan zombies con una sonrisa pegada, cada uno en su burbuja, entrecruzando sus caminos sin darse cuenta, porque cada uno persigue algo diferente, no soportamos la otredad y volvemos, de apuro, a recuperar el hemisferio de los sueños y a soplar nuevamente nuestra burbuja, nuestro útero que nos protege de todo mal.

Volvemos a imaginar una nueva compañera de vida, a enamorarnos  de un ser ideal que de pronto, se corporiza, que es real, es cierto, pero a la que el enamoramiento despoja de todo aquello que nos molesta, y resume todo aquello que hemos deseado, que hemos fantaseado y ¡Oh… maravilla del interaccionismo simbólico…! , comprobamos que existía, que la perfección estaba a nuestro alcance.

Pero  sólo es cuestión de tiempo, el tiempo del nuevo ciclo, en el que ponemos todas nuestras ganas, toda nuestra experiencia, evitando las piedras que enseñan a vivir, porque sólo de tropezones se aprende, para  volar, en cada experiencia, cada vez más alto. Profundo error, porque la caída es cada vez peor, cada vez más cerca del desaliento.

Pero lo cíclico está en nuestra impronta, y cuando investigamos un poco el porqué de este fatalismo, nos enfrentamos a lo más básico, a nuestra biología, a nuestro desarrollo filogenético que nos emparenta con los cangrejos ermitaños, que migran a desovar en la costa, con cada luna llena, cada veintiocho días, los mismos veintiocho días que demoró nuestra madre para desovar la mitad de nuestra dotación genética.

Un solo huevito disputado por millones de espermios que, agitando sus colas, luchan por su vida, el primer struggle for life de nuestra vida, la primera  vez que la mujer pone las cosas en su lugar, la primera vez que simplemente espera al mejor, que no siempre lo es, porque pudo tener toda su fuerza concentrada en su colita, pero con escasa  dotación genética en su cabecita.

Y aquí parece haber una primera clave de los continuos, reiterados, sistemáticos y cíclicos fracasos de las relaciones de pareja: la mujer está destinada... (¿?); es responsable... (¿?), más simple..., cumple la función, no se sabe por qué, de reproducir la vida biológica. Es la flor, vistosa, colorida, perfumada, suculenta, que adorna con esos atributos sus órganos sexuales, para engañar (y recompensar) a la abeja y al colibrí, que sirven de transporte masivo del polen,  del aporte genético diversificado que permite la reproducción de la vida.

Así la mujer procrea a sus hijos varones, los cuida, se enamora de ellos, los protege mientras puede, porque sabe que serán utilizados y desechados por otras mujeres, así como ella desechó a sus propias parejas, porque tendrán que demostrar habilidades que no tienen, porque tendrán que estrujar el intelecto para luchar contra un enemigo desproporcionado, la finalidad de la mujer, que lo que menos tiene es debilidad emocional, tan propia de los hombres. Ocho de cada diez canciones románticas son lamentos de hombres desechados, que se dan vueltas y revueltas, intentando entender el camino recto, el paso pausado de la mujer que, con la vista puesta por encima del hombre, sigue su itinerario. Y nueve  de cada diez mujeres... tampoco saben por qué lo hacen.

Y no puede ser de otra forma. El Arca de Noé no es de Noé, es de Eva, que transporta el futuro en su cromosoma mitocondrial, el mismo que trajo la Eva negra, de la que descendemos todos los seres humanos actuales. Un cromosoma circular, no helicoidal, que sólo la mujer puede transmitir a su descendencia, lo que significa que si bien el hombre lo recibe y lo incorpora a su patrimonio genético, no puede trasmitirlo, muere con él, lo que no sucede con su hermana, que sí puede hacerlo.

Demasiada información que nos  va dejando, a los hombres,  en la calidad que biológicamente tenemos, la de una mutación genética de Eva. A quien le falta una costilla no es  Adán, es a Eva. Si hasta la Y de nuestra fórmula XY es una mutación de la XX, en la que una de las X ha perdido una patita, para transformarse en Y. Parece chiste si no fuera tan trascendente, y tan oprobioso para el sexo masculino. La mujer es mujer por donde la miren XX, el hombre es mitad mujer X, mitad hombre Y.  He aquí  el problema de fondo.

La investigación genética moderna ha demostrado que el cromosoma Y ha sufrido un deterioro progresivo y en la actualidad no transmite, aparte del sexo masculino, nada relevante: las capacidades de atrapar algo al vuelo y de lanzarlo, la manipulación de gadgets, son algunas de ellas, patéticas sin duda, a tal punto que la revista Science (puedo equivocarme, y no es momento de citas), lo considera el delincuente juvenil de la familia de los cromosomas: hace puras leseras, no sabe donde va y está destinado a desaparecer.

Lo más terrible de todo es que la mujer que me inspira estas reflexiones se va a aburrir desde el primer párrafo, no está para debilidades ni cavilaciones que a nada conducen, cuando hay tareas tan importantes que asumir.